En 1923, desde la cúspide del partido de la vanguardia obrera que dirigía la URSS, Trotsky cuestionaba «Los proyectos extravagantes, tendientes a la creación de laboratorios destinados a elaborar una “cultura proletaria”». Su consideración al respecto era rotunda:
Esta búsqueda de la piedra filosofal resulta de la desesperación ante nuestro atraso, al mismo tiempo que de la creencia en los milagros que, ya de por sí, es un índice de atraso.1
Escrito cinco años después de la revolución de Octubre, no en el éxtasis por una encuesta sobre la popularidad de una figura «de izquierda» ni con la expectativa electoral de retener algunas bancas en el Parlamento2, Problemas de la vida cotidiana ofrece algunas lecciones que el trotskismo rechaza en su práctica militante y que a nosotros, que no somos trotskistas, nos parece que conservan cierta utilidad como guía.
La estrategia transicional, que analizamos en «Nuestro mayor problema, 1: TRANSICIÓN», se articula con la prefiguración resolviéndose, como veremos, en divisionismo. Pensamos que la prefiguración política se fortalece, «en la desesperación ante nuestro atraso», cuanto más grande es la distancia entre la conciencia de las masas y la hipótesis socialista3.
Las dos cuestiones de la prefiguración
Prefigurar es adelantar cierto rasgo de una sociedad por venir, deseada y –presuntamente– posible: una actividad, un tipo de vínculo interpersonal, un valor estético o moral, algún consumo cultural, en fin, algo que se pueda hacer aquí y ahora como anticipo del mañana. La prefiguración supone que la sociedad futura por la que bregamos, el socialismo, anida en el presente, de manera discreta, germinal, embrionaria. Si la metáfora preferida por la transición es el puente, la de la prefiguración es la semilla.
La militancia prefigurativa comprende dos cuestiones. Una, relativa al saber: la creencia en que se puede prever, en detalle, cómo será el futuro. La otra, relativa a las potencias: ya existiría hoy, disperso en los márgenes de la sociedad, lo que se podrá construir universalmente en el futuro. Desde la idea de Hombre Nuevo hasta la práctica de una «Economía Popular», gran parte del progresismo y de las organizaciones de izquierda socialista abraza la prefiguración.
Pensamos que tanto la cuestión del saber como la de las potencias son imposturas. Intentaremos mostrar que son, además, reformistas y reaccionarias.
Las «propuestas concretas»
La cuestión del saber, o de la prefiguración literaria, es una especulación acerca de cómo debiera ser la vida en el futuro. Suele sostenerse en la creencia de que a la clase obrera le faltan «propuestas concretas» a las que brindarles apoyo. Pero esto oculta, niega o no ve, que la marginalidad del socialismo se debe, en buena medida, a lo contrario: el concreto parentesco con la dictadura soviética, la concreta glorificación del experimento cubano, el concreto apoyo a Nicolás Maduro, la concreta defensa de Cristina Fernández.
Decenas de miles de venezolanos vinieron al país, expulsados por un régimen supuestamente socialista, sin que la izquierda vernácula los acogiera con solidaridad, explicitando la delimitación entre el populismo burgués y el socialismo4. De la misma manera, visitar a Cristina Fernández en su domicilio para brindarle apoyo y denunciar la persecución de «la derecha» ató el destino del FITU al del peronismo, dándoles a los trabajadores una imagen política mucho más nítida que el bronceado semblante de los viajeros de la flotilla Smud5.
En pocas palabras, lo que nos afecta no es tanto la falta de un programa preciso para mañana, sino –fundamentalmente– la falta de un posicionamiento estratégico, claro y tajante, para hoy.
La prescripción reaccionaria
Sin embargo, ahí están las «propuestas concretas». Precisos anticipos del mundo a construir para la vida futura que coinciden, curiosamente, con los gustos del prefigurador de turno: «la creación de un Servicio Agrario», para que la población urbana «se familiarice con la ecodependencia de manera práctica»; «un ingreso mínimo y un ingreso máximo», establecidos «por medio de una consulta popular»; la abolición del turismo y de las guías de pesca (consideradas «delito de destrucción masiva de peces» y «vulneración del placer de los pescadores»); «el abandono casi total de los productos descartables»; «alguna forma de existencialismo ateo» para reemplazar las religiones. Estas son algunas de las ideas presentadas en Ecomunismo, del compañero Ariel Petruccelli, editado por el PTS en 2025. Un libro sobre el que conversamos con el propio autor, tanto para elogiar lo que más nos interesó del texto (su brillante mapa de los debates sobre ecología y capitalismo), como para expresar nuestras diferencias, no sólo con las propuestas puntuales sino especialmente con la perspectiva que las habilita. Por caso, este pasaje:
Un socialismo genuino debe reivindicar un tipo de vida distinto: no un automóvil para cada persona, sino un transporte público eficiente y sustentable; menos objetos descartables y más bienes duraderos; reducir el hincapié en los artículos superfluos y ampliar las posibilidades de conocimiento; menos publicidad (incluso ninguna) y más literatura; desincentivar los viajes programados con sentido mercantil (aquellos que proporciona la industria del turismo) e incentivar la exploración geográfica y cultural en profundidad y el autoconocimiento.6
O este otro:
Hay por delante una larga batalla contra la alienación. Algunas de las actividades hoy tenidas por la cima de la gratificación son resultado de la alienación publicitaria. La industria del turismo es un claro ejemplo. El turismo opera hoy como una droga que permite a la gente escapar fugazmente de una realidad atroz. (p. 167)
Dejemos claro que se trata del aspecto menos perjudicial de la prefiguración: su dimensión literaria. No objetamos –y aun nos simpatiza– la descripción de mundos agradables e inexistentes. El problema, a nuestro juicio, es el supuesto de que los disfrutes de millones de obreros sean falsos; de que la gratificación obtenida por ciertas actividades sea, en verdad, «resultado de la alienación publicitaria». Es un problema porque se enlaza con la inclinación a prescribir moralmente los disfrutes:
Hay, pues, una dimensión ética en la crítica al capitalismo que es fundamental. El Che Guevara lo sabía muy bien, y así lo dijo alguna vez: «El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación». (p. 132)
Prefigurar implica asumir un estado general de «alienación»7 –del que el prefigurador estaría exento–, que impediría a las masas darse de cuenta de lo execrables que son sus placeres adquiridos y de lo maravilloso que sería adoptar «un tipo de vida distinto». Así, el ejemplo por antonomasia en Ecomunismo es el filósofo español Manuel Sacristán, quien «no se privaba de extraer las consecuencias políticas incluso en el plano personal, en la propia vida privada»:
esto conlleva un corolario para el militante de izquierda en general, obrero en particular, comunista más en particular: el ponerse a tejer, por así decirlo, el tener telar en casa: no se puede seguir hablando contra la contaminación y contaminando intensamente. (p. 141)
Si ya es arduo encontrar obreros comunistas, es decir, trabajadores decididos a combatir el capitalismo y luchar por el socialismo, el requisito de que cada uno se confeccione su propia ropa, ¿no resta militantes a la causa? ¿Dónde pone el telar un compañero que vive hacinado? Además, mientras Sacristán y Petruccelli proponen esa forma de integridad ética, otros compañeros o grupos bien podrían aportar sus propios «corolarios para el militante de izquierda en general»: lavar la ropa a mano, hacer una huerta en la terraza, jugar al fútbol con enganche, comer cinco piezas de fruta al día o escuchar free jazz. Cada una de estas actividades –que, bajo la coincidencia de la pasión y el gusto personal, pueden ser tan placenteras como saludables–, elevada a requisito programático, resulta fatal para el objetivo de construir una sociedad socialista.
Las prefiguraciones prescriptivas son reaccionarias porque son divisionistas. Cada particularidad que pasa de ser una pasión de algunos a ser el camino recomendado para todos fractura la gran unidad necesaria (la de los que no tenemos otro medio para la reproducción vital que vender nuestra fuerza de trabajo) en infinitos grupos parciales que pueden o quieren desplegar tal o cual actividad predilecta.
Se nos podría responder que no son requisitos programáticos. Entonces no deberían mencionarse en propuestas programáticas.
La superioridad moral del «no alienado»
Esa articulación entre «ética» y «alienación» es crucial para el prefigurador literario. Por eso la idea de «alienación» como conciencia controlada y manipulada por «el auge de la sociedad de consumo» (p. 81) y las falsas «necesidades» (p. 63) recorre todo Ecomunismo. El que avisa no traiciona: el libro explicita desde el comienzo las coordenadas morales de la autorreferencia.
Hace cinco años que vivo en una pequeña, austera y rural cabaña de madera, que en parte construí con mis manos. Bombeo manualmente el agua que consumo, viajo en el transporte público junto a mapuches y paisanos, camino mucho, corto la leña con la que cocino y me calefacciono, produzco una parte de mis alimentos. No vivo del campo, desde luego. Vivo de mi salario de docente e investigador universitario. Pero vivo en el campo, teniendo como único lujo acceso a internet. No está mal, creo, para un comunista ecológico.
Sin embargo, no romantizo esta vida libremente elegida, y no se me escapa que una revolución, incluso una revolución ecológica, tendrá como epicentro las grandes ciudades: allí se decidirá nuestro destino. Será así incluso cuando luego debamos gradualmente desurbanizar nuestro modo de vida. Pero quienes vivimos en la ruralidad cumpliremos nuestro deber y jugaremos nuestras cartas. Y ofreceremos a la sociedad revolucionada, a nuestros camaradas proletarios de las grandes urbes, formas alternativas de vivir, menos alienadas… (p. 14, resaltamos.)
Atribuir caracteres socialistas, revolucionarios o afines, a actividades satisfactorias que se pueden realizar en el capitalismo nos parece un despropósito. La vocación de reagrupar a la militancia socialista desde la atribución de superioridad moral a quienes gustan de lo que al prefigurador le gusta resulta sectario y divisionista.
Además, la idea de «alienación» presupone que existe una «verdadera esencia humana» latente, inactual, en potencia, amordazada por la manipulación publicitaria de las necesidades y el control algorítmico de los consumos. Es una idea que considera falso lo que es y verdadero lo que debería ser. Anida una tentación utopista en la prefiguración: querer el socialismo más por sus alcances deseados, imaginarios, que por los límites efectivos y la degradación calculable del sistema capitalista. Nosotros lo pensamos al revés.
Pensamos que el capitalismo no puede proveer la satisfacción de necesidades para el conjunto de la humanidad y por eso es necesario el socialismo. No por capricho idealista o izquierdismo identitario. Sino por la desesperación que nace de una vida cotidiana cada vez más degradada y envilecida. Nuestra crítica socialista tiene como punto de partida la vida cotidiana de los trabajadores. No la promesa utópica, el gueto rural, la excepcionalidad heroica o lo que la vida «debería ser». Desde este análisis materialista se puede explicar por qué duraron miles de años los imperios esclavistas y los regímenes serviles, o por qué el capitalismo lleva siglos de persistencia: además de atender a la explotación de una clase por otra, es decisivo pensar la reproducción cotidiana del proletariado, sus modos de adquisición de ideas y costumbres. Y elaborar una teoría de las crisis8.
Por supuesto que atendemos a la lucha y la rebeldía. Pero no extraviamos la forma aceptada de la reproducción: la forma aceptada de las satisfacciones estéticas y sensuales, conocidas y requeridas; la forma aceptada de los lazos intersubjetivos posibles y practicados. De ahí nuestra reivindicación del Trotsky que investigaba la vida cotidiana desde una revolución triunfante y un Estado obrero:
El estado obrero no es ni una orden religiosa ni un monasterio. Tomamos a los hombres tal como los ha creado la naturaleza y como la antigua sociedad los ha educado en parte, y en parte estropeado.9
No hay otros seres humanos que los existentes, un poco educados y un poco estropeados. No estamos alienados de una esencia genéricamente humana impedida de desarrollo. No vivimos vidas inauténticas, impropias, «caídas», que contrastarían con otras auténticas, propias, «salvadas»10. Transcurrimos –histórica y biográficamente– construyéndonos la única vida que hay: la que vivimos.
Lo poco que sabemos acerca de las potencias humanas es lo que nos ha mostrado el devenir histórico en sus avances y retrocesos. De ahí que a nosotros nos parezca viable llegar a hacer masivo y común lo que ya se plasmó en el mundo, de manera extendida pero parcial, durante los 30 gloriosos años de posguerra. Pero… ¿será ese el camino plausible en unas condiciones que no se han presentado? ¿Serán esas las potencias que una población cansada de su presente construya como su futuro?
Aquí todas las presunciones democráticas se derrumban. ¿Es el socialismo una sociedad que será construida por las masas autogobernadas? ¿Una sociedad que se impondrá desde abajo? ¿Qué genio puede prescribir y adelantar los caminos que estas masas elegirán para llevar adelante la tarea? ¿Qué atajos, qué caminos secundarios, qué retrocesos serán necesarios, o serán elegidos por esas masas trabajadores empoderadas? Y, sobre todo, ¿a qué realidad, a qué problemas se estará respondiendo en ese hipotético momento futuro?
Ventajas del reformismo
Otra razón para no dedicarnos a precisar el mundo por venir es el desconocimiento del conjunto de pasos previos que nos conducirán a la revolución. Sería necesario dar por supuesto que el mundo permanecerá estático mientras nos acercamos a nuestro objetivo. Nada en la historia permite pensar así. ¿Cómo podemos saber, hoy, qué habrá de hacerse con el turismo, el tipo de cambio, los libros de papel y la energía atómica, si desconocemos todos los pasos que conectarían el presente con el futuro? Empezando por nuestra tarea más urgente: cómo haremos para que la causa socialista se pueble de militantes. Sumar compañeros y ponernos de acuerdo es mucho más imperioso, hoy, que vaticinar el destino de las religiones, de la pesca con línea o de los productos descartables.
Hay quienes piensan que los comités de apoyo a Myriam Bregman son el camino. Nosotros pensamos que no. La estrategia transicional es estéril para la lucha por el socialismo. ¿Por qué? Porque es reformista. La corriente trotskista es un lastre para la formación militante. La interpretación del mundo a partir del capital monopólico, su fase imperialista y la corriente de la dependencia11; su reemplazo de las categorías de clase por un mundo dividido entre «la derecha» y «el campo popular»12; su divisionismo sectario en el plano gremial y su frentismo electoralista en el plano político13; su negación de las mujeres y la ciencia14; la confusión permanente de los medios de satisfacción con los medios de lucha15; su defensa reaccionaria de los particularismos identitarios… en fin, se trata de un programa y una estrategia, en el mejor caso, inútiles para la militancia socialista; en el peor, contrarios al socialismo.
El sistema capitalista no impide nada en particular. Impide en general. Impide que las necesidades del conjunto desplacen, como ordenador social, a la acumulación privada y la competencia. Mientras esto no se toque, las prácticas culturales y el ejercicio de las libertades burguesas colaboran con la expansión diversificada y hasta disidente en el capitalismo. Por eso el reformista puede, sin grandes obstáculos, sentarse a diseñar el anticipo de un mundo mejor16. Pero este diseño ni es el mundo real ni es el que queremos los socialistas: un mundo sin explotación ni anarquía económica derivada de la competencia y la acumulación privada.
Claro que existen, en el capitalismo, algunos afortunados que pueden elegir cómo mejorar la calidad de su propia vida. Pero la abrumadora mayoría de la población mundial, no. Decir, junto a Myriam Bregman, «Nadie se salva solo» es fingir demencia: por supuesto que existen personas en este sistema que se salvan solas17. Este hecho es la mejor publicidad para los esquemas piramidales18.
Las adhesiones políticas, al igual que el resto de las decisiones que toma la mayoría de los seres humanos, se basan en un binario mucho más elemental e inmediato que el examen minucioso de los «planes concretos»: apoyo o rechazo. Por eso es crucial atender con seriedad a los usos distintos, pero articulados entre sí, de la propaganda para la vanguardia y la agitación para las masas. La propaganda ofrece muchas ideas a pocas personas: explica el funcionamiento del capitalismo y la necesidad del socialismo a los compañeros que se hacen preguntas sobre el proyecto de sociedad, más allá de las reivindicaciones mínimas. La agitación ofrece pocas ideas a muchas personas: expresa consignas para movilizar. Sin una base de propaganda, la agitación deviene en luchismo. En nuestras condiciones actuales, la tarea principal es la propaganda. Y su herramienta indispensable es la prensa.
Mientras la propaganda es la construcción de hipótesis en base a probabilidades futuras y trayectorias pasadas; la agitación debe transformar esa perspectiva en respuestas para lo inmediato que mantengan la relación de no oponerse a lo mediato y al futuro.
La prefiguración embrionaria
La cuestión de las potencias, la prefiguración práctica, es más perniciosa que la dimensión literaria porque suele atribuirle posibilidades de futuro a instancias marginales, residuales y desgraciadas de la sociedad. Se trata de aquello que el capitalismo permite, aunque sea una actividad que declare abiertamente la perspectiva de desarrollarse hasta desplazar al sistema e instalar otra lógica social. La prefiguración embrionaria confunde, así, experiencias desesperadas por sobrevivir o, en otros casos, lo que no es (todavía) una atractiva oportunidad de acumulación, con alternativas «no mercantiles» de proyecto social. En su Manifiesto por una revolución ecosocialista (2025), la corriente social y política Marabunta enumera:
Los comités de huelga, los centros de salud comunitarios, las tomas de empresas, las ocupaciones de tierras, los espacios de vida autogestionados, los talleres de reparación, los comedores, las bibliotecas de semillas, etc., permiten experimentar una organización social libre del capitalismo.
«En cierto sentido», afirma por su parte el doctor en filosofía Facundo Nahuel Martín, «las sociedades “precapitalistas” son un modelo parcial del socialismo, porque no están mediadas por la lógica automática de la valorización». En su libro Ilustración sensible, publicado por el PTS, leemos también:
Las formas comunitarias de organización que existen por doquier en la vida popular de la modernidad y, en especial, en las periferias, pueden apropiarse inmediatamente de los resultados técnicos y sociales del capital para producir un futuro postcapitalista. Las comunidades plebeyas no son rémoras feudales a ser liquidadas por el progreso histórico. Se trata, en cambio, de semillas de futuro, en una dialéctica temporal compleja, pero no lineal.19
Estas prefiguraciones no se apoyan sólo en el atraso de «sociedades precapitalistas» y «periferias plebeyas», sino también en los adelantos de las nuevas tecnologías. Por este camino, germen de futuro emancipatorio sería esta «escuelita de formación tecnopolítica» a cargo de Fakistán (del Polo Técnico de Izquierda), Fauno (de la cooperativa tecnológica Sutty) y Gahén (del Partido Interdimensional Pirata):
La misma línea nos presentó La Izquierda Diario al promocionar su ChatPTS:
La creatividad y el trabajo colectivo de quienes se niegan a aceptar el dominio de las grandes corporaciones tecnológicas son semillas de un futuro alternativo. Mediante la organización y articulación de estas iniciativas «desde abajo», podemos contribuir a la lucha directa contra el capital y a la perspectiva de construir una tecnología al servicio de las necesidades y aspiraciones de la clase trabajadora y las comunidades oprimidas.20
El under artístico es otro ejemplo transparente. Al capital que invierte en el mundo del espectáculo le importa un bledo que un número ultra minoritario de personas se reúna a disfrutar de actuaciones realizadas bajo condiciones miserables y con estéticas excéntricas. Si algo de eso perdurare, se integrará al negocio general del entretenimiento. Si no, continuará en el margen sin incomodar las leyes de acumulación capitalista. El destino del under es binario: o bien prospera como negocio, o bien se ahoga en la insignificancia.
Podríamos multiplicar los ejemplos: cátedras alternativas, bachilleratos populares, empresas recuperadas, clubes de trueque, grupos de lectura, mateadas en un parque, sesiones de biodanza, radios comunitarias, ollas populares, huertas orgánicas, murgas barriales… Este tipo de experiencias, presentadas como alternativas emancipatorias que actualizan «virtuales» del mañana, constituyen una reivindicación de la miseria que aleja a los trabajadores de la idea de socialismo. Si el socialismo fuera eso, nadie –empezando por nosotros– lo elegiría.
Estas propuestas se caracterizan, además, por la deshonestidad de una parte considerable de sus entusiastas promotores: acomodados progresistas de la prefiguración que no envían a sus hijos a bachilleratos populares, sino a los mejores colegios a su alcance. Que no los mandan a estudiar «tecnopolítica» en una escuelita, sino a las carreras de Ciencias de la Computación o Ingeniería en Informática de la UBA. Que no tratan de conseguirles laburo en alguna Pyme negrera, sino en empresas que se encuentren en la cúspide de los negocios, o en emprendimientos individuales con perspectiva de desarrollo. Sus hijos no estudian música en una murga, sino en un conservatorio o con un profesor particular (formado en un conservatorio).
Nada de esto que decimos supone estar en contra de las tomas, las cooperativas, los grupos de autoformación u otras construcciones colectivas de recursos alternativos. Decimos que es necesario explicitar, de manera clara y contundente, que las soluciones extremas y las medidas de lucha no son la prefiguración de aquello a lo que aspiramos. Son apenas tramos, a duras penas avatares, durísimas circunstancias que nos toca atravesar en el camino de la lucha. Pero la lucha es para llegar a otra cosa, a otra sociedad.
Las empresas recuperadas
El ejemplo privilegiado de la prefiguración embrionaria es la empresa tomada por sus trabajadores ante la debacle. Pero el cierre de una empresa nunca se debe a la maldad congénita y la codicia insaciable de los burgueses, que «se roban todo y se fugan», como si fueran saqueadores al mando de Atila. Una empresa quiebra porque se ha vuelto inviable por la competencia entre capitales.
FaSinPat, la fábrica de cerámicas Zanón en Neuquén, expone con crudeza los límites de este tipo de experiencias y el empeño del PTS en ocultar la realidad. Mientras La Izquierda Diario habla de un «emblema de gestión obrera que recorrió el mundo»21 y, a más de 20 años de experiencia, no hace un solo balance de los objetivos cumplidos y pendientes22; mientras Myriam Bregman le dedica un capítulo de su libro Zurda a la gestión obrera de la fábrica sin brindar un solo dato económico pero, eso sí, ofrece el listado completo de bandas de rock que tocaron en festivales solidarios23; mientras el principal partido trotskista del FITU pinta de epopeya y faro proletario la experiencia, tenemos que recurrir a la prensa burguesa para saber qué está pasando en Zanón:
Para el 2014 FaSinPat ya acumulaba importantes deudas y solo producía al 20 por ciento de su capacidad instalada. La situación se agravó en el 2016, cuando en un contexto inflacionario, el Gobierno de Mauricio Macri eliminó gran parte de los subsidios a la energía, generando importantes deudas a los ceramistas que ya no podían afrontar esos costos. […]
El auge de Vaca Muerta transformó al parque industrial de Neuquén en una zona altamente codiciada desde el punto de vista inmobiliario. Cada una de sus 39 hectáreas supera el millón de dólares en el mercado. En este contexto, distintas áreas de FaSinPat ya han sido alquiladas a empresas privadas, y en plataformas como MercadoLibre se ofrece a la venta una parcela de 14.255 metros cuadrados por 1,5 millones de dólares. La tierra, más que la cerámica, se ha convertido en el activo más valioso.24
En el 25° aniversario de la toma de la fábrica por parte de sus trabajadores, la situación es crítica:
Hoy, con una deuda que supera los 2.070 millones de pesos con el Ente Provincial de Energía del Neuquén (EPEN), la cooperativa busca alternativas para evitar el colapso definitivo. Entre las opciones en análisis aparece la posible venta de terrenos industriales ubicados en una zona estratégica del Parque Industrial de Neuquén, cerca de la conexión entre la Ruta 7 y la Autovía Norte, un punto clave para la logística hacia Vaca Muerta. La eventual operación permitiría cancelar compromisos urgentes y abrir la puerta a una reconversión del predio.
Mientras tanto, la realidad cotidiana refleja el deterioro: quedan apenas 73 trabajadores que subsisten con la venta de remanentes, chatarra y algunos servicios menores.25
Zanón es apenas un ejemplo entre muchos. En general, cuando los trabajadores se hacen cargo de una empresa para evitar la desocupación y esforzarse por mantener su fuente de ingresos, desde el inicio están en desventaja competitiva: carecen de recursos financieros, de sinergia con otras ramas, de conocimientos técnicos y financieros, de colaboración de la cámara patronal, del Estado burgués, de los medios publicitarios… Algunas cooperativas formadas en esa situación han prosperado. Casi sin excepción, lo consiguieron según la lógica capitalista y no lo objetamos: lo celebramos a favor de esos trabajadores que pudieron continuar reproduciendo sus vidas. Pero a menudo tienen que apoyarse en centros culturales y otros emprendimientos. O la venta de activos, como en Zanón.
Además, no es raro que, en el propio proceso de la toma y la lucha por poner la empresa en funcionamiento, una parte de los trabajadores se desaliente y se marche, concretando así el recorte de personal necesario desde el punto de vista de la rentabilidad burguesa. De manera que las empresas recuperadas sufren los mismos problemas y deben recurrir a las mismas soluciones que cualquier unidad económica que se desenvuelve en el mercado. Una cooperativa sigue siendo una unidad privada e independiente que vende en el mercado. Por eso está sometida a la competencia. No es apenas un problema de mala gestión: es, fundamentalmente, la forma social que impera en este mundo.
Las empresas recuperadas no son ejemplos de superioridad socialista, sino de la imposibilidad del reformismo. No son el socialismo en pequeña escala, sino la desesperación colectiva a upa de la solidaridad circundante.
La comunidad
La comunidad educativa, la comunidad vecinal, la comunidad del arte y la cultura, las comunidades originarias, la comunidad científica… Apelar a la comunidad es una de las formulaciones transicionales y prefigurativas más cotidianas. Su sola mención le brinda al pensamiento burgués un biombo: detrás de «lo común» siempre se esconde un desgarramiento de clase. No hay tal «común», excepto para la defensa de los privilegios de la fracción más débil y rastrera de la clase explotadora.
En la comunidad universitaria hay rectores y decanos, agentes del Estado burgués, administradores de la destrucción edilicia, gestores de la miseria salarial. Enemigos de clase. Son elegidos en uno de los regímenes más antidemocráticos que existen y se esmeran en que esto no cambie. ¿Qué hay en común para hacer comunidad con ellos? Con ellos se marcha para que administren lo que todos recaman. ¿Lo administran bien, por el bien común, lo administran en beneficio de los estudiantes y los trabajadores? No, por eso cuando los trabajadores se sustraen a la comunidad, luchan dentro de ella y contra ella: así lo prueban los paros de docentes y no docentes.
La comunidad artística y cultural es del mismo tipo: gestores de subsidios, emprendedores reclamando ventajas fiscales, marchan en andas de trabajadores que, al día siguiente, serán «comunitariamente» negreados.
Esta prefiguración comunitaria es también un ejemplo de la estrategia transicional: si comenzamos marchando con los burgueses, estos defeccionarán y seguiremos hasta el final sólo los buenos. Pero eso no sucede nunca. En la comunidad, al aceptarla ya se ha cedido la conducción y todos se encuentran dentro de ella. Por eso la comunidad no es una escuela de política, sino de desahucio y desánimo.
La moral socialista
Que no prefiguremos el futuro no significa que no debamos movernos moralmente. Pero esta moral tiene su fundamento en el presente. No se es socialista sin contribuir a sumar voluntades a la causa. Esto es elemental. Tampoco se puede tender a una sociedad mejor para vivir colectivamente sin consentir con la voluntad de vivir mejor colectivamente en la medida de lo posible. Pero esto no significa someternos a la moral del futuro inexistente y desconocido, sino jamás estar por debajo de la moral media del presente.
Como dijimos con Trotsky: no hay otros seres humanos que los existentes, un poco educados y un poco estropeados. A este material que somos no le podemos exigir una superioridad moral absoluta, en todos los aspectos de la vida, a menos que hayamos decidido crear una secta autosatisfecha. ¿Hay que expulsar a un compañero que no separa los residuos reciclables de los orgánicos? ¿Y al que se compra un auto usado, más contaminante que los nuevos? ¿Y al que opina que no es el momento de lanzar una huelga?
Entonces, ¿qué decimos nosotros? Lo mismo que decimos a propósito de las demás ideas que integran nuestras propuestas: educarnos mutuamente y aceptar que es un largo trabajo mejorarnos. Que esa mejora no nace de las prescripciones moralistas, sino del entendimiento de la coexistencia y la jerarquía entre las distintas acciones humanas y nuestra causa. Que es la confianza y no el catecismo lo que construye la atmósfera moral de la lucha por el socialismo.
Sobre todo, porque los catecismos suelen delinear la exacta figura de sus autores.
NOTAS:
1 León Trotsky, El nuevo curso / Problemas de la vida cotidiana, trad. María Teresa Poyrazán y Mónica Visoro, Córdoba, Ediciones Pasado y Presente, 1971, p. 169. Hay edición en PDF desde este link.
2 Con respecto al éxtasis de izquierda por una encuesta: a) «Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen»; b) «La organización y las ideas»; c) «Romper una lanza por los militantes y la organización»; d) «Ya que arrancaron tan temprano a juntar votos».
3 Ver al respecto: a) «“Tenemos una hipótesis entre unos colegas” (Acerca del FITU y las PASO)»; b) «La hipótesis programática (Un debate ausente en la izquierda socialista)»; c) «4 respuestas tentativas a 4 preguntas tajantes»; d) «¿Cómo construir un partido socialista?»; e) «30 ideas para una acción socialista».
4 Sobre Venezuela escribimos «Para quienes no son venezolanos» y «Venezuela: ¿Alguien piensa en los trabajadores?».
5 El caso de la Asamblea de Intelectuales Socialistas es paradigmático al respecto: «Comunistas del futuro, no en el presente».
6 Ariel Petruccelli, Ecomunismo (Defender la vida: destruir el sistema), CABA, Ediciones IPS, 2025, p. 113. En adelante, ponemos entre paréntesis el número de página correspondiente a esta edición.
7 El término «alienación» (o «enajenación») porta una larga y densa historia teórica, desde Hegel hasta Baudrillard, pasando por Marx, Lukács y Debord. Aun así, hay dos sentidos generales que compendian los debates: como «esencia humana impedida de desarrollo» y como «poder ajeno que nos domina». El primer sentido es metafísico, el segundo es descriptivo. Una esencia humana oprimida es inverificable. Una institución social creada por seres humanos y objetivada como si fuera ajena a esa creación es un fenómeno verificable. La izquierda, en general, cuando no mezcla esos dos sentidos, privilegia el primero. (De hecho, suele anular el segundo sentido a fuerza de luchismo, voluntarismo y personalismo). Por eso nos concentramos en la crítica a ese primer sentido. Una de nuestras principales referencias al respecto es el ensayo Usos y abusos del concepto de alienación, del filósofo venezolano Federico Riu.
8 Rolando Astarita nos brindó esta charla al respecto: «Teorías de las crisis capitalistas».
9 León Trotsky, El nuevo curso / Problemas de la vida cotidiana, edición citada, p. 186.
10 Esta concepción religiosa de la militancia se ve nítidamente en la propuesta del PTS para la intervención de los socialistas en el campo de la atención psicológica: una clínica que diagnostica una caída (la desesperanza inoculada por el poder) y promete una redención (despertar, recuperar las pasiones alegres). Analizamos esto en «Psicología y política: Rechazar la estafa que propone el PTS».
11 Al respecto, «Cine III: Cuando acecha el monopolio (O cómo explicar el capitalismo a partir de la maldad». También este curso de formación socialista, a cargo de Rolando Astarita, en el que le dedicamos un encuentro a cada una de las críticas: monopolio, imperialismo, dependencia.
12 Véase «El campo de los sueños: Por qué la unidad del “campo popular” es contraria a la unidad de la clase trabajadora» y «La estructura de clase: ¿Por qué el trotskismo denomina “clase media” a un enorme sector de la clase media».
13 Escribimos varias notas al respecto, como por ejemplo «Divergencia gremial con unidad política: La fórmula trotskista de la impotencia estratégica». También hay varias charlas en nuestro canal de YouTube, como La actividad sindical de los socialistas hoy.
14 Desarrollamos este problema en muchas notas, algunas de las cuales son: a) «Un nuevo 8 de marzo (Y un problema no tan nuevo»; b) «La deriva queer del trotskismo»; c) «Patriarcado, 1: Los pueblos fantasma»; d) «La biología no es “transfobia” (El delirio queer contra las mujeres y la ciencia)».
15 Una de nuestras obsesiones: a) «La solución y los imprescindibles (O por qué la cultura y el arte no son una vía factible para cambiar el mundo»; b) «La incoherencia metódica,2: Cultura, conciencia y teoría de las crisis»; c) «La seducción literaria, 1: Clara Ramas y el tiempo perdido»; a) «Resistiendo con aguante (El ocaso de la inteligencia)».
16 Ver, por ejemplo, «Izquierda peronista: Cómo ser feliz viviendo para la mierda».
17 Véase «Nadie se salva solo: Un eslogan burgués para la unidad nacional».
18 Acerca de los esquemas piramidales escribimos: a) «Cristiano Ronaldo y las revendedoras de AVON»; b) «Redes y prostitución: De posar desnuda a la “economía social”»; c) «“Me escaneé el ojo y le puse todo al rojo” (Apuestas online y degradación educativa)»; d) «Only Fans: ¿Qué tienen en común los narcos, el porno y el sistema prostituyente?»; e) «El proletariado del fútbol (Y el condenatorio reformismo de Anfibia)»; f) «Un campeón mundial por cada millón de pibes desechados».
19 Facundo N. Martín, Ilustración sensible (Hacia un giro materialista en la teoría crítica), CABA, IPS, 2023, p. 162. Escribimos una extensa reseña crítica acerca de este libro, en tres movimientos: i) «La ciudadela de los intelectuales»; ii) «El materialismo de la ilustración sensible»; iii) «PTS, fase superior del programa trotskista».
20 Martín Shapiro y Gerónimo Pelli, «ChatPTS: tecnología, capitalismo y socialismo», nota publicada en Armas de la crítica el 29 de septiembre de 2024.
21 «Aniversario. Zanon: 25 años de gestión obrera y ejemplo contra la barbarie capitalista», nota publicada en LID el 1 de octubre de 2026.
22 «En los peores momentos, cuando la desocupación golpeaba a la región, Zanon llegó a emplear a más de 400 personas, demostrando que los capitalistas son prescindibles y que la clase trabajadora puede gestionar la producción», nos cuenta el ChatPTS en esta nota del año pasado, en La Izquierda Diario. Pero en ningún lado nos dice que hoy quedan 73 trabajadores y que la producción está paralizada, según describe este posteo en FB.
23 El capítulo se titula «¿Quiénes mueven el mundo?». Reseñamos el libro completo, capítulo por capítulo, en «La estrategia del ocaso».
24 Emiliano Sapag, «El ocaso de Cerámica Neuquén y Zanón: sin patrones, pero sin fábrica», nota publicada en LM Neuquén el 7 de abril de 2025.
25 «La ex Zanon: de símbolo de lucha a ejemplo de fracaso», nota publicada en Diariamente Neuquén el 25 de marzo de 2026.




