Algunas encuestas señalan que en la persona de Myriam Bregman se concentraría el 11,4% de la intención de voto. Apoyado en este dato parcial (interesante pero parcial), el arco de lo que supo ser la Asamblea de Intelectuales Socialistas del FITU se ha pronunciado. En crisis desde la visita de Myriam Bregman a Cristina Fernández, ante la que no fueron capaces de responder como asamblea (ni como grupo en disidencia), los firmantes y adherentes de esta Carta al FITU vuelven a la carga con la misma política.
La intención de voto a Myriam Bregman no se puede separar de la intención de voto a quien toma mate con Cristina. Porque Cristina es una de las principales dirigentes burguesas del país y es, recordémoslo, quien durante más tiempo ejerció el poder en este país que se cae a pedazos. Sin embargo, ese 11,4% de intención de voto generó un debate (que nos parece raro, por lo abstracto y un poco psicoanalítico) alrededor de la pregunta «¿Quiere la izquierda gobernar?» Un debate situado fuera de los partidos del FITU sobre lo que pretenden los partidos del FITU. Es decir, un debate sobre intenciones ajenas. Y un debate sobre propuestas para mejorar esas intenciones ajenas.
En esta curiosa polémica, la izquierda imagina la política como si fuera un LEGO, esto es, como un juego de piezas abiertas a diversas posibilidades de encastre, ladrillos ensamblables a gusto. Como si ese porcentaje de intención de voto concentrado en la persona de Myriam Bregman (no concentrado en el socialismo, que nunca es mencionado por el FITU) fuese una entidad flotante de la vida política. Una entidad no emparentada con una trayectoria de real y constante simpatía por el peronismo. Por eso, con el fin de ocultar al FITU realmente existente, se ensayan algunas tortuosas operaciones.

Una de ellas consiste en decir que el peronismo está fragmentado. Pero en la misma encuesta citada, con mucha ventaja sobre Myriam Bregman, se encuentra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que va consolidando su lugar como candidato a medida que las elecciones se acercan (y a medida que las simpatías por Bregman aumentan). Es verdad que la amiga de Myriam, desde la calle San José, acciona contra el gobernador. Pero se trata del peronismo: al final, todos le juntan los tacos al candidato del verticalismo indudable. Así ocurrió con Daniel Scioli en 2015 (hoy integra el gabinete de Milei). Así también con Alberto, puesto a dedo por Cristina a través de su habitual órgano de prensa: Twitter.
Si el gran problema del peronismo fuera su unidad, lo estaría resolviendo. Pero su principal escollo no es ése, sino el rechazo que recibe por parte del electorado. Vistas así las cosas, la pregunta no es si Myriam Bregman puede construir una fuerte candidatura presidencial capaz de convocar a toda la izquierda. La pregunta es si esa candidatura presidencial puede no ser una colectora para «el compañero Axel», como lo llamó la propia Myriam.
Es llamativo que, habiendo construido Bregman su imagen pública, es decir su atractivo electoral, en base a un programa nacionalista y de coqueteo incesante con el peronismo mejor posicionado para las elecciones, los firmantes y adherentes de la Carta al FITU crean poseer una propuesta superadora. Esta propuesta consistiría en hacer de Bregman la dirigente que ellos desearían que fuera pero que no es, desplegando el programa que los firmantes consideran correcto pero que tampoco es el del FITU, e insuflando energía a actividades de base que tampoco son las que viene proponiendo y organizando el PTS.
De esta manera, estudiosos marxistas adoptan el marco teórico de Ernesto Laclau: Bregman sería un «significante vacío» susceptible de ser colmado con un contenido clasista y socialista por una intervención como la de esta Asamblea de Intelectuales epistolarmente rediviva. Pero los firmantes y adherentes, todos (o casi todos) profesores universitarios, parecen desconocer que es precisamente la falta de ese contenido, de esa vocación y de esa construcción, lo que se expresa en aquel porcentaje de intención de voto a Bregman, hoy.
No es extraño que los profesores tengan semejante idea de la vida política y social: los militantes políticos serían tan ingenuos, tan poco inteligentes o tan poco versados en la obra de Marx, que no se habrían dado cuenta de que existen las brillantes ideas que traen los «intelectuales» bajo el brazo. Por eso los militantes han construido la organización equivocada con el programa incorrecto. De manera que no tendrían necesidad de entrar en crisis para romper con ese programa y esa organización. Sólo haría falta que sus dirigentes cambiaran de rumbo y estrategia. Entonces, así, sencillamente, el grueso de la militancia aceptaría el volantazo sin más.
En esa concepción, los trabajadores serían todavía más volubles y faltos de luces: porque, aunque simpatizaran con una persona (en este caso, Bregman) por sus actitudes y trayectoria, no se darían cuenta si esa persona cambiara sensiblemente de actitudes y trayectoria (como proponen los profesores). Seguirían apoyándola, ciegos al cambio y la incongruencia.
Examinemos cómo termina la carta, porque allí se declara qué condiciones reclaman los firmantes y adherentes, y qué disponibilidad ofrecen:
a condición de que las fuerzas del FITU se decidan a mostrarse como una alternativa tan clara y decididamente disruptiva (revolucionaria) como dispuesta a gobernar. Sin dudas: estamos frente a una oportunidad y un desafío extraordinarios. Quedamos a vuestra disposición para lo que juzguen conveniente. ¡Saludos revolucionarios!
Según leemos ahí, el FITU no tiene que transformarse en una alternativa «decididamente disruptiva (revolucionaria) y dispuesta a gobernar». Sólo tiene que mostrarse como tal.
No queda claro, por lo tanto, si el FITU «es» una fuerza revolucionaria (en cuyo caso, no entenderíamos por qué los firmantes y adherentes de la carta no militan en esa fuerza), que esconde su verdadera identidad y su verdadera voluntad de poder, o si, por el contrario, el FITU «no es» una fuerza revolucionaria (en cuyo caso, no entenderíamos por qué los firmantes y adherentes la orbitan todo el tiempo) y esta carta abierta apenas solicita que el frente electoral se vista y maquille para la ocasión. En ambos casos, la experiencia nos indica que, aunque es cierto que «estamos frente a una oportunidad y un desafío extraordinarios», el FITU no es la organización capaz de aprovecharlos.
¿Por qué?
Porque, en más de una década, el FITU no ha podido ni siquiera resolver la interna inagotable y la diáspora trotskista. No ha podido construir un frente sindical único (tampoco quiere hacerlo). Y le ha costado horrores realizar alguna vez un acto unitario. No ha elaborado una política de rechazo unificado a los partidos burgueses (de hecho, Izquierda Socialista votó abiertamente al peronismo sin que el frente trotskista colapsara).
Porque, al mismo tiempo en que se publica la «Carta al FITU», el FITU exhibe su incapacidad para organizar un gran acto unitario de toda la izquierda por el 1° de Mayo. Y esto a pocas semanas de haber realizado, tras 20 años reticencia, una marcha unitaria con el peronismo asesino de compañeros el 24 de marzo.
Al parecer, los resplandores del sufragio han encandilado a los profesores y por eso no ven los constantes guiños del FITU hacia el peronismo. De hecho, cuando finalizan la carta diciendo que están «a disposición de esta organización para lo que [ellos, los dirigentes del FITU] juzguen conveniente», vacían todos los planteos previos de esa misma carta al expresar semejante voluntad de subordinación: «Quedamos a vuestra disposición para lo que juzguen conveniente» no es lo mismo que, por ejemplo, «Quedamos a disposición para discutir y desarrollar esta propuesta que acabamos de presentar».
Pensamos que lo más probable es que el FITU juzgue conveniente hacer lo que hace siempre: organizar una instancia paralela, dependiente, llamada «Asamblea de Intelectuales», en la que un grupo de personas con estudios superiores (o con un hobby artístico) pueda manifestar su apoyo al FITU sin definir una adscripción partidaria ni realizar tareas de militancia. De este modo, se podrá vehiculizar la simpatía por la Myriam Bregman imaginaria y utópica hacia el voto por la Myriam Bregman realmente existente. Votos que, en el ballotage, se deslizarán hacia el peronismo.
Proponemos otra cosa. A quienes están convencidos de que es necesaria una alternativa socialista les proponemos, desde Vida y Socialismo, agruparnos. No para suplicarle a una gran organización que cambie su política. Sino para construir la organización que tenga esa política que consideramos correcta.




