La vida humana, de conjunto, empeora y se encuentra amenazada. La mitad de los seres humanos está atrapada en la pobreza y el envilecimiento, que se expanden junto a una creciente y cada vez más concentrada riqueza. La otra mitad, desesperada por evitar caer en ese mundo desgraciado, entregando sus atributos y potencias vitales en la esperanza de zafar.
La construcción del socialismo, esa sociedad que creemos capaz de resolver estos problemas, no está, por ahora, a nuestro alcance. De hecho, en las últimas décadas parece alejarse cada vez más.
Frente a este paisaje, los que ansiamos ese cambio del capitalismo al socialismo nos vemos siempre en la urgencia de pensar qué es lo que no hemos podido captar del funcionamiento social, en qué lugar dirigimos mal o realizamos con impericia las intervenciones destinadas a buscar esa nueva sociedad. En otras palabras, si fracasamos en la solución ensayada, si el problema persiste, entonces la exploración de soluciones continúa siendo necesaria.
Habrá que apostar distinto, habrá que modificar los ensayos1.
Orientación clara
Lo que debemos preguntarnos es qué comprendimos correctamente y qué entendimos erróneamente acerca del funcionamiento social2. Y, de acuerdo a las respuestas que nos demos, avanzar en cómo necesitamos renovar nuestra militancia, nuestra manera de intervenir políticamente en la sociedad.
Porque la causa fundamental de los problemas del mundo puede ser atribuida a entidades muy diferentes: desde el demonio y el mal hasta la inmoralidad y la corrupción; desde la falta de patriotismo hasta la falta de espacio para la iniciativa individual; desde la crueldad hasta alguna idea de superioridad particular sobre los otros (como el racismo, el sexismo, o el colonialismo).
Frente a todas esas explicaciones, los socialistas nos caracterizamos por sostener que la causa es el organizador principal del sistema capitalista: la propiedad privada de los medios para producir y distribuir, la acumulación en particulares y la competencia entre ellos derivada de esa misma propiedad privada. Entre todas aquellas causas esgrimidas y esta otra, que asumimos como enemiga los socialistas, no hay continuidad conceptual, acuerdos morales, puentes bienintencionados ni territorio común alguno.
Nuestra impotencia al ver que las mayorías trabajadoras no luchan por superar esta sociedad organizada en función de minorías explotadoras pone, al menos, en tela de juicio nuestra hipótesis. Si el capitalismo es la causa de males innecesarios para la clase obrera, ¿por qué no luchan contra el capitalismo los demás trabajadores jodidos por el sistema?
Hallamos dos, o tres, explicaciones.
Ilustración oscura
La primera explicación es muy general: todos nacimos, hemos sido educados, aprendimos a vivir y a sobrevivir, rescatamos medios de vida y estrategias de supervivencia, en esta sociedad. La idea de que puede haber otra, organizada sobre bases antagónicas, capaz de crear condiciones de vida diametralmente opuestas a las experimentadas hasta ahora, es una audacia, incluso en el mero plano del pensamiento3.
La segunda es más acotada: la burguesía se ha encargado de hacernos saber, a todos, que esa aventura conduce al escarmiento. Que, como clase social, está dispuesta a hacerlo cuantas veces haga falta. Y, además, la burguesía trabaja tenazmente para confundir la idea de que el problema es el capitalismo con todas las otras versiones y causas que hemos mencionado.
Hay una tercera explicación, para qué negarla: la idea de socialismo, por experiencias frustradas propias, por tantos errores, paga un precio en la conciencia de los trabajadores.
Existe una forma brutal de aprovechar nuestras decepciones, que es la del actual gobierno y sus predecesores: «el comunismo es el problema», «el socialismo es el problema». Esta idea no es original de Milei. Basta recordar que la Alianza Anticomunista Argentina, la impune creación de Juan Domingo Perón, fue fruto de la doctrina «nac&pop» y ha tenido no pocos seguidores en los últimos 40 años4.
Pero si esa política burguesa afecta la posibilidad de una perspectiva socialista, también lo hace –y no en menor medida– el florecimiento de propuestas que seducen por su oscuridad. O más bien oscurantismo, ya que se convierte en correlato necesario de una sensibilidad preocupada por la marcha del mundo. Esto es un obstáculo importante por su renovada capacidad para reformular, reinventar y renombrar, la causa de los problemas que padecemos5.
Cada vez con mayor frecuencia se recurre a reformulaciones, no ya conceptuales, sino meramente semánticas. Abuso de sufijos y prefijos, paréntesis, guiones, uso impreciso de términos precisos, introducción caprichosa de conceptos ajenos a una red conceptual, acepción literal de las metáforas y metafórica de lo literal, etc.6
«¡Hagan lío!», dijo el Papa Francisco y los intelectuales burgueses se lo tomaron en serio: hacen lío con las palabras, desentendiéndose de la vida concreta, real.
Caras y caretas
En la última semana se presentó el libro Neoemperadores (El goce del poder), escrito por el peronista Jorge Alemán. Página/12 publicó una nota sobre la presentación, seguida de un reportaje al autor en el que conmueve su esfuerzo por oscurecerlo todo. Enemigo del concepto, tributario del pastiche y el collage, Alemán practica la conocida gimnasia progresista consistente en analizar lo ajeno y lejano para obviar lo propio y presente7.
La presentación se realizó en el teatro Caras y Caretas. No es ocioso conocer de dónde viene la hospitalidad en estos locales. Para ello haremos historia. Una historia que no es medieval pero es dinástica. No la tomaríamos tan en cuenta si no resultara sugestivo el contraste con el título del libro presentado allí. Es muy difícil no asociar la referencia a los «emperadores» con una característica que se expande en el peronismo: la heredad de los cargos políticos y gremiales, retenidos en el seno de algunas familias. La presidencia del PJ en la provincia de Buenos Aires, el sindicato de camioneros, unas cuantas intendencias, ni hablar de provincias enteras… La familia Menem, la familia Grabois, la familia Saadi, la familia Kirchner, en fin, las familias peronistas.
En este caso, se trata del dinástico apellido Santa María. Hablemos de los Santa María y el Grupo Octubre.
Cualquier resonancia soviética, revolucionaria, debe descartarse. «2 de octubre» es el nombre de la agrupación con la que el papá del actual secretario general del SUTERH, «Pepe» Santa María, obtuvo la victoria en las elecciones de normalización en 1985. De ahí el nombre del grupo. Retengamos la fecha: 2 de octubre de 1985.
Porque en los 40 años transcurridos desde ese día hasta hoy, el país tuvo 11 presidentes con filiación política a 4 partidos distintos (1 libertario, 1 PRO, 2 radicales y 7 peronistas). Únicamente el peronismo ha permanecido en el poder por ciclos de más de una década: con Menem 10 años y 5 meses; con Puerta, Rodríguez Saá, Duhalde, Kirchner y CFK, casi 15 años. En la mayor parte de los sindicatos peronistas, aun estas alternancias (dentro de un mismo partido) que la democracia burguesa permite son impensables.
La burocracia sindical peronista, a medida que se fue atornillando a los sillones y que las políticas económicas que ayudaba a sostener diezmaban la capacidad de lucha de la clase obrera, se fue alejando de sus representados, trenzándose en la urdimbre de negocios familiares y complicidades políticas con la propia clase burguesa que hoy está a la vista de todos. En esa trama poblada de personajes dignos de una película de Scorsese, los Santa María son un caso emblemático.
Originalmente surgidos del sindicalismo peronista, Pepe Santa María fue secretario gremial en la época en que las «62 Organizaciones» cazaban zurdos por las calles y en los lugares de trabajo8. Su hijo Víctor se diversificó: sindicalista, parlamentario del Mercosur, presidente del PJ, legislador, CEO, presidente de una fundación, dirigente deportivo en Sportivo Barracas y candidato en Boca Juniors. Las semanas de Víctor parecen tener 12 días. Y cada día, 48 horas.
Interludio (sin fines de lucro)
Hay mantras que hipnotizan al progresismo: «Nadie se salva solo», «La patria es el otro», «Nunca yuta», «Yo»… Aquí nos interesa este: «Sin fines de lucro». Con las mejores intenciones del mundo, hay quienes creen que cualquier personería jurídica que incluya esa fórmula de cuatro palabras en relación con sus objetivos se constituye, inmediatamente, en lo otro del capitalismo.
Pero hay, al menos, dos cosas que el bienintencionado progresista desconoce. Una, que para obtener mayores ganancias, a veces conviene ceder porciones de la actividad menos rentable y «tercerizar». La otra, que el lucro se multiplica al apoyarse en espacios «sin fines de lucro».
Veamos un ejemplo de lucro mejorado en virtud de la ausencia de fines de lucro.
Las aseguradoras de salud privada, surgidas a comienzos de los años 70, nacen del mismo trabajo de parto que el PAMI (creado en 1971). La obra social de los jubilados arrancaba de cuajo del mercado y solucionaba de manera genérica el mal negocio –para el negocio de la salud– que son los viejos y liberaba la atención sanitaria más rentable, que es la de los jóvenes. Sea por afiliación directa o por la subcontratación desde las obras sociales que recibían los aportes de los trabajadores en activo. Por eso no hay contradicción entre una obra social genérica para las personas mayores con mayor tasa de enfermedad y el hecho de que hayan surgido durante una dictadura miserable y represiva en función de mejorar el lucro del sector.
El caso de la tercerización se sostiene en que quien tiene un negocio muy rentable no quiere poner su cabeza ni su dinero en otros, de baja rentabilidad. Las grandes empresas, en lugar de integrarse cada vez más, desintegran porciones de sus cadenas, subcontratan la limpieza, la seguridad, el comedor, las partes secundarias de sus productos…
Hay una tercera vía de aprovechamiento de «lo sin fines de lucro». Víctor Santa María es un maestro de esta modalidad.
«Planes dentro de planes»
Santa María usufructúa todas las figuras jurídicas «sin fines de lucro» a las que tuvo acceso: clubes, sindicatos, fundaciones, instituciones educativas… todas le sirven a la acumulación. ¿Cómo? Primero, porque a partir de cierta envergadura de negocios, administrar fondos ya es una forma de obtener privilegios a través de los contactos, las retribuciones y el tráfico de influencias.
Segundo, porque esas organizaciones financian las carreras políticas, tanto por la utilización espuria de fondos como por dotar a los administradores (de instituciones formidables) de una visibilidad cuyo costo publicitario (si tuviera que ser financiado) es altísimo. Todos recordamos a Macri, por supuesto. Pero no olvidemos a Palito Ortega, a Carlos Reutemann y a Aldo Rico. En una sociedad compuesta por millones de seres humanos, obtener reconocimiento masivo, alcanzar una imagen pública conocida, es arduo y oneroso. Pero protagonizar una asonada militar, haber sido un cantante popular o conducido en Fórmula 1, estar al frente de una organización multitudinaria, como un club o un sindicato, son todos atajos que facilitan la carrera política.
Tercero, los fines de lucro pueden no tener sede en la personería institucional pero sí en la persona de sus gestores, funcionarios y administradores. Esto es lo que ha desplegado, de manera magistral, Víctor Santa María. Lo hizo en el sindicato, desde donde luego construyó una fundación en la que el mismo Santa María se puso al frente. Los clubes Boca y River también cuentan con sus respectivas fundaciones. Casi toda institución sin fines de lucro, un poco inexplicablemente, se ve tentada a crear, paralelamente, otras instituciones sin fines de lucro. Pero es apenas «un poco inexplicable»: una fundación cuenta con controles más laxos que una asociación civil para la democracia interna, así como una entidad sin fines de lucro es más laxa que una sociedad comercial en sus controles contables.
El Grupo Octubre SA no es, entonces, un homenaje a la revolución rusa. Es un conglomerado de medios integrado a la Fundación Octubre, propiedad del SUTERH, cuyo titular (del sindicato, la fundación y la sociedad anónima) es Víctor Santa María. Por su parte, la obra social, hasta fines del año pasado en que falleció, a los 91 años, estuvo en manos de «Pepe», el padre de Víctor.
«Multiplicar es la tarea», compuso Fito y cantó Alberto Fernández. En este caso, multiplicar las figuras jurídicas y hacerlas funcionar como mamushkas, unas anidadas en las otras. Y, cada institución, el mismo gestor puede asignarse un sueldo y unos honorarios generosos, ya que la etiqueta «sin fines de lucro» aplica para la organización, no para los emolumentos que paga.
La Fundación Octubre de Trabajadores de Edificios (creada en 1991 por el SUTERH) gestiona el Instituto Superior Octubre (de tecnicaturas superiores) y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), inaugurada en 2013 como la primera universidad de Latinoamérica bajo gestión de una organización sindical. La fundación administra, mediante el control del Grupo Octubre, un importante conjunto de medios de comunicación: Página/12, Diario Z, la revista Caras y Caretas, la revista El Planeta Urbano y la Editorial Octubre; las radios AM 750, Aspen 102.3, Mucha Radio 94.7 y Blackie FM; el canal de televisión abierta El Nueve y la señal informativa Argentina 12; una productora de cine y la editorial Octubre.
El Grupo Octubre, así, es una Sociedad Anónima respaldada por una fundación que controla al grupo.
Si estos vínculos son turbios y enrevesados, qué decir de la retórica de Jorge Alemán.
Enmascaradas máscaras
Volvamos al auditorio Caras y Caretas donde se presentó Neoemperadores, al medio que difundió con insistencia el evento (Página/12), y adviértase que al psicoanalista lacaniano, premiado poeta, ensayista irremediable y consejero cultural del peronismo Jorge Alemán no se le ocurrió asociar la idea de «neo emperadores» con el dueño del escenario, heredero del SUTERH y titular de un imperio mediático desprovisto de fines de lucro. Siempre, siempre, siempre el progresismo peronista tira la pelota lejos de la realidad que nos envuelve.
Lo mismo sucede con la retahíla de menciones a «la crueldad», mientras es albergado por alguien que fue presidente del Partido Justicialista. Claro, Alemán también fue funcionario de ese partido en el poder, entonces comparte con todos los militantes del Partido Justicialista la misma ficha de afiliación que aún posee Isabel Perón, habitan el mismo espacio político con la jefa política de la banda de asesinos llamada Triple A y llevan 40 años siendo cómplices de la impunidad de Isabelita9. Envuelto en semejante entorno, Alemán observa excentricidades como estas:
Se pensaba que el imperio, en la teoría de Negri, por ejemplo, era algo que se expandía transversalmente y sin centro. Ahora estamos viendo que se han recentrado, han aparecido los personajes del imperio, que son los que designo como neoemperadores, y que intentan separar al capitalismo de la democracia.
«Se han recentrado, han aparecido». Esta referencia a «ellos» se repite una y otra vez. Una característica fundamental de este tipo de exposiciones es que no explican, no conceptualizan, no demuestran, no convencen. Designan. Es un sermón para creyentes. Porque ese «ellos» se estructura en oposición a un «nosotros», «los que estamos acá».
Por eso la «designación» de neoemperadores no afecta, no se refiere, por dar ejemplos conocidos, a sus compañeros de partido Gildo Insfrán (30 años como gobernador de Formosa, tras 8 mandatos previos como vicegobernador) y Amadeo Genta (que luego de 41 años al frente del Sutecba, el año pasado volvió a ganar las elecciones en una fórmula junto a… su hijo). No, los neoemperadores de Jorge Alemán son derechistas autoritarios como Orban, quien después de 16 años al frente del gobierno húngaro, con crecientes recortes a las libertades, entregó el poder ejecutivo tras una derrota electoral.
Nadie en estos auditorios pregunta, duda o disiente. No se concurre a conocer, debatir o acordar. Se concurre a ratificar un «nosotros» para la auto asignación de superioridad moral. Una superioridad moral que la realidad, como vemos, desmiente: todos los que estaban allí se niegan a luchar por la democracia, comenzando por la sindical. Por eso las características del «neoemperador» no son verificables en la realidad, sino forzados términos arrancados del psicoanálisis10, como «economía de goce»:
La economía de goce es que el neoemperador goza del poder. Como dice el propio Trump cuando dice que su límite, el único que tiene, es la moral, en realidad está diciendo «Mi único límite es mi propio modo de gozar el ejercicio del poder». Es más, forma parte de la esencia del neoemperador gozar del poder. No puede haber un neoemperador que tenga inhibiciones neuróticas. No digo que tenga que estar loco, sino que en la estructura donde se dan las condiciones de poder para el neoemperador no vale alguien que tenga las barreras neuróticas, porque precisamente el neoemperador se mueve ya en un espacio post-ilustrado, donde las normas, la verdad, las contradicciones, lo que se dijo ayer o lo que se dijo hoy, ya no cuentan. […]
Es la diferencia ahora en Occidente. Por ejemplo, en China no hay una exhibición de ese goce, aunque sin embargo no lo pueda recibir a Trump. […] Algo muy importante en los neoemperadores es mostrar que son ajenos a la castración, que tienen un poder especial, que la castración en el sentido psicoanalítico no pasa por ellos, que son como los memes los muestran, como dotados de un poder especial, donde no los va a alcanzar lo que en psicoanálisis –tengamos esto en cuenta– se llama «castración».
¿Cuál es el medidor que permite saber cuánto goza cada político burgués en el poder? ¿Desde cuándo el psicoanálisis se dedica a lo visible, en lugar de tratar sobre el discurso desplegado en un dispositivo? Y además: ¿lo importante es la vivencia personal de cada político? ¿O a qué clase social sirve en su acción como funcionario?
En otro momento, Alemán afirma:
Al haberse destruido esos puntos de anclaje, la memoria empezó a tener una imposibilidad que la atraviesa, que no reconoce ya ningún legado ni ninguna herencia simbólica. Y se produce en distintos sectores de la población una deshistorización muy importante.
Pero la deshistorización es llevada adelante, en una porción crucial, por el presentador, los panelistas (Nora Veiras, Eduardo Aliverti) y el público de este evento: desde la ya mencionada cobertura de impunidad a la Triple A hasta la más reciente capa de olvido sobre la entrega del crematorio de la ESMA al club River Plate11. El peronismo de Jorge Alemán es la contraparte sutil y veleidosa de la deshistorización descarnada del actual gobierno.
Entonces, la gran pregunta política de la izquierda y de los movimientos nacionales y populares en la época de los neoemperadores es cómo se constituye una autoridad política, que no sea ni punitiva ni represiva, pero que sea una autoridad firme. […]
Para mí, la posibilidad de resistencia tiene que pasar actualmente por tres lugares. Primero, hacer una lectura internacional de dónde estamos situados. Segundo, transformar el proceso electoral en un proceso de confrontación con los poderes. Y tercero, vincular las tres cosas, la lectura internacional, el proceso electoral y los movimientos sociales.
Sin el anudamiento de estas tres cosas no me parece que una emergencia de la autoridad política sea posible.
«Tanto nadar para morir en la playa», dijo Valdano cuando tras grandes esfuerzos quedó afuera de la lista para el Mundial de 1990. La misma desazón producen los dichos de Alemán: tanto alardear de democracia para caer en la sumisión a una autoridad política.
La oscuridad burguesa
Reconocemos que, teniendo en cuenta los amigos encubiertos, los amigos nunca mencionados por el progresismo peronista, no era esperable que Alemán propusiera, como respuesta al autoritarismo, la expansión de la democracia. Se trata, al contrario, de mantener autoridades firmes… en las propias manos. El problema para Jorge Alemán no es la falta de democracia, sino que esos recortes a la actividad democrática de los trabajadores sean ejecutados por quienes no son amigos de Alemán.
Se comprende, entonces, la recurrencia a términos forzados y oscuros. La necesidad de aceptar las palabras de un gurú cuya sentencia oracular es tan incomprobable como, por eso mismo, incuestionable.
Por nuestra parte, pensamos que entre los problemas que revisten novedad es muy importante el que exponen los amigos que Alemán tiene en la burocracia sindical peronista: a su conocida brutalidad, a sus nunca bien disimuladas buchoneadas a la patronal, a su aprovechamiento personal de los fondos sindicales y de obras sociales, se le agrega de manera frecuente y sistemática, el atravesamiento de la frontera de clase. Una y otra vez vemos que los sindicalistas peronistas se sientan a la mesa de los negocios burgueses como burgueses.
Exponer algunos de estos hechos requiere otra nota. Una que publicaremos muy pronto.
NOTAS:
1 Casi todos nuestros editoriales trajinan este problema. Convidamos los últimos tres: a) «¿Cómo construir un partido socialista?»; b) «¿A quién le hablamos?»; c) «Sentido y practicidad».
2 El vínculo estrecho entre la comprensión de los cambios sociales y la necesidad de los cambios en la militancia fue tratado, por ejemplo, en estas tres notas: a) «El Rubicón de la mercancía»; b) «De amenaza fantasma a ubicuo espantapájaros»; c) «El campo de los sueños: por qué la unidad del “campo popular” es contraria a la unidad de la clase trabajadora».
3 Sobre el concepto de «sociedad» con el que pensamos la política puede escucharse esta charla que dimos como parte de un curso de formación socialista.
4 Al respecto hemos escrito bastante. Dejamos aquí algunos textos (otros puede hallarse más abajo, en las notas siguientes): a) «¿Eterno resplandor de una mente sin recuerdos?»; b) «¿Dónde está el peligro?»; c) «En sentido contrario a la burguesía…»; d) «“La tía de López”: Myriam Bregman y el misterio de las desapariciones en democracia sin responsables políticos cuando gobierna el peronismo».
5 El problema no es local: véase, por ejemplo, «La seducción literaria, 1: Clara Ramas y el tiempo perdido». Pero también es local, tal como hemos mostrado en «El PTS y su ilustración sensible, 3», en «La tentación irracionalista» y en «Amancia con Síntesis, 1: Del amor delbarquiano».
6 En «La seducción literaria, 2: confundir satisfacciones culturales con tareas políticas» hablamos de algunos de estos inconvenientes.
7 Hace poco vimos a Alejandro Bercovich haciendo calistenia: «El país que quieren los dueños: un conjunto de ensayos tan rotundo en su nacionalismo burgués como indeciso entre la ignorancia y la mala fe». Ya habíamos visto a Diego Sztulwark en una exhibición de su estilo: «El progresismo desastrado: idealismo progresista y materialismo burgués».
8 Sobre los vínculos entre la burocracia sindical, las fuerzas armadas regulares y los escuadrones asesinos paramilitares escribimos «¡Chau, efeméride!».
9 No hace falta repetir lo que ya dijimos en estas notas: a) «Fascismo, un tema pop de la izquierda»; b) «Memoria completa: Rodrigazo, Triple A y Plan Cóndor (50 años recordando al peronismo en el gobierno)»; c) «La Triple A: la original (e impune) creación asesina de Perón».
10 Sobre la incompatibilidad entre psicoanálisis y marxismo estamos realzando un ciclo de charlas, titulado «Lacan versus Marx», que ya puede escucharse aquí.
11 Sobre la entrega del crematorio de la ESMA, por parte del peronismo, a un club privado para que hiciera negocios, publicamos: a) «¡Abran los archivos!»; b) «La ESMA y el negacionismo peronista»; c) «Escuela de Mecánica de la Armada: NOS PARECE UNA INFAMIA».




