NOS PARECE UNA INFAMIA

Sí, nos pareció una infamia desde el primer momento. Ceder una parte de la ESMA a un club privado. Más precisamente, ceder la parte en la que se cremaban los cuerpos de los compañeros que habían sido masacrados antes de llegar al campo, o que habían muerto bajo tortura allí mismo. ¿Ceder para qué? Para el uso, diversión y esparcimiento de los socios del club River Plate.

Se trata de un amplio terreno adyacente a lo que todavía forma parte del museo. En ese lugar se realizaba una práctica siniestra que en la jerga macabra, provocadora e inhumana de los milicos se conocía como «los asaditos»: la cremación de cadáveres.

Probablemente por haber sumado nuestra voz a la denuncia y la indignación es que los compañeros nos mantienen informados. Aunque, quizás, mantengan informados a muchos otros que prefieren negar la realidad.

Han pasado casi 3 años desde que el gobierno peronista de Alberto y Cristina entregó ese terreno a una millonaria institución deportiva. Y no decimos «millonaria» como un juego de palabras con el apodo del club. Se trata de la caracterización precisa de una unidad económica cuya envergadura supera con creces a la mayor parte de los conglomerados urbanos del país. Sin embargo, a pesar del silencio compartido y cohesionado de actuales y pretéritos gobernantes, es decir de los actores (los peronistas) y los encubridores (los mileístas), la lucha de los compañeros se mantiene.

Con las obras ejecutadas sobre el terreno, obras por las que se removieron pruebas importantes, privando a las víctimas de la verdad y la justicia, emergió una paradoja. Los trabajos permitieron el descubrimiento de un automóvil enterrado en el lugar. Sucesivas presentaciones judiciales detalladas en el documento que adjuntamos (y que puede descargarse desde aquí) concluyeron en que se trataba del automóvil de un ex detenido desaparecido, robado por los milicos. Esto vuelve a probar que se trata de un terreno que era parte de los campos de tortura y exterminio. Y que la decisión del peronismo intenta borrar la memoria, ocultar la verdad e impedir la justicia.

Lamentablemente, la presentación judicial concluye abriendo una preocupante distinción entre quienes supuestamente «sólo» contribuyen a las posturas negacionistas y los negacionistas consumados, por llamarlos de alguna manera.

Eso es un error. El peronismo es negacionista, lo ha sido siempre y lo sigue siendo hoy. Desde las decenas de intendentes que le brindó a la dictadura militar hasta la candidatura a presidente en 1983 de quien ordenó el exterminio, siguiendo con el indulto y la entrega de la conducción de las FF.AA. a un desaparecedor de colimbas, mientras se respondía que los desaparecidos estaban tomando té con alguna tía, el peronismo ha sido y es negacionista.

Por esa razón, todo esto estaría más avanzado y más esclarecido si en alguno de los 28 años que los peronistas han gobernado, en alguno de los más de 10.000 días en que han sido gobierno, hubieran abierto los archivos de la dictadura.

Ante el negacionismo, únicamente nos queda el camino de la lucha en todos los frentes, en la calle y en los estrados judiciales. Como también en la lucha política. Embellecer a un protagonista del negacionismo para no hacerle el juego a otro debilita esta lucha.

Y, sobre todo, permite ensuciar la digna batalla por los derechos humanos y el esclarecimiento de la verdad, al presentarla como una disputa entre facciones burguesas, en las que unos serían malvados y crueles mientras los otros apenas estarían confundidos.

A continuación, la presentación judicial.

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