LA COPA SECA NUCA: Ese trofeo adecuado al capitalismo argentino

Esta crónica de un suceso del fútbol en Argentina no interesa únicamente a los futboleros (aunque a éstos les será más fácil entender los detalles). Interesa a los trabajadores en general, porque todos nos hallamos frente a un dilema de hierro: o bien buscar alternativas dentro del capitalismo, o bien luchar para superarlo. Por supuesto que lo segundo es más arduo y exigente. Pero lo primero se encarna en la AFA del Chiqui Tapia.

El Evangelio según Tapia (la copa de la Nueva Alianza)

Puerto Madero, oficinas de la Liga Profesional de Fútbol (LPF), jueves 20 de noviembre (“día de la soberanía nacional”), media mañana. Los representantes de los 30 clubes de la LPF trataban un temario limitado a los Playoffs y la diagramación del torneo de la próxima temporada. Agotado el temario, tomó la palabra el representante de Atlético Tucumán para levantar la sesión. En ese momento, Claudio “el Chiqui” Tapia se puso de pie para hacer dos anuncios. El primero: cumplía años Carolina Cristinziano, vicepresidenta de Rosario Central y esposa de Gonzalo Belloso, presidente del club y hombre de andar plomizo en la CONMEBOL. Súbitamente, una oportuna torta de cumpleaños apareció para festejar la fecha. El segundo anuncio fue el reconocimiento a Rosario Central por haber sido el club que lideró la tabla anual. Esta vez, lo que apareció súbitamente, tras la apertura de una puerta lateral, fueron el capitán Ángel Di María, el arquero Jorge “Fatura” Broun, el DT Ariel Holan y una copa que hasta entonces había estado en un rincón, cubierta por un paño[1].

El Chiqui Tapia inventó un trofeo para el equipo que había conseguido más puntos en la fase regular de dos torneos diferentes, ya disputados durante el año. Es decir, el trofeo no se obtenía sumando puntos en esos dos torneos, sino que una vez jugados, se dictaminó que eso era lo que había que hacer para salir “Campeón de Liga”.

Digamos que, si se trataba del cálculo aritmético de puntos, Argentinos Juniors estaba mejor dotado: 57 sumando las fases clasificatorias de los dos torneos de liga, 15 en la Copa Argentina, 3 en los Playoff del Torneo Apertura, más 3 del Clausura (que continúa jugando), suma un total de 78 puntos en todo el año. En cambio, Rosario Central acumuló, respectivamente, 66, 3, 3 y 0 puntos, esto es, 72 en total. ¿Se trata de otro caso de discalculia peronista[2]? No lo sabemos.

Lo cierto es que no hay ningún reglamento que sea tan, tan, tan malo e inadecuado como el que se aplica después del juego disputado. Se trata de un criterio básico de la ley: conocerla antes del hecho consumado para proceder de acuerdo con ella. Un criterio que no rige en el amplio “frente anti SAD” que constituyó la AFA.

La inmaculada concepción de los boletines de la AFA

Si la creación de la Copa Campeón de Liga fue tan mafiosa como ridícula, qué decir de una de sus consecuencias más sonoras: la orden para que los jugadores de Estudiantes de La Plata realizaran un “pasillo del campeón” al inicio del partido posterior a la entrega de aquella copa inesperada. Los jugadores de Estudiantes debían realizar una doble fila y aplaudir el ingreso de Rosario Central a la cancha. Lo hicieron, pero de espaldas. Esta picardía era innecesaria, ya que hace poco Independiente de Rivadavia ganó la Copa Argentina y los jugadores de Central Córdoba de Santiago del Estero se negaron a cumplir con el “pasillo”. Pero un repentino comunicado de la AFA “informó” que el ritual del pasillo era obligatorio. Como el club santiagueño no había sido sancionado, resultaba una banalidad hacerlo ahora o no. Sin embargo, otra súbita aparición puso en jaque a la sensatez: un boletín oficial de la AFA con fecha de febrero, cuyos metadatos prueban que fue creado en noviembre, nueve meses después. Inmaculada concepción[3].

Para completar esta pintura abigarrada de la sordidez capitalista, el sindicato de los trabajadores del fútbol (Futbolistas Argentinos Agremiados) comunicó oficialmente un reproche a la actitud de los jugadores de Estudiantes: “Actitudes como la sucedida no tienen nada que ver con la esencia del fútbol”.[4]

Así, en un encadenamiento sin fin de caprichos mafiosos, hay que reordenar retroactivamente las decisiones que no se tomaron. Si en las novelas de Kafka sentimos la angustia de la incertidumbre, las maniobras de Tapia provocan el escozor de la certeza: el Chiqui tiene el poder de modificar el valor del pasado.

La necesidad del capital tiene cara de hereje

Hubo quienes elogiaron la actitud de Estudiantes en la misma medida en que repudiaron la de Rosario Central. Aunque, hace pocos meses, el mismo Estudiantes fue criticado por encabezar el ingreso de las SAD.[5] Quienes se entusiasman, con relativa frecuencia y demasiada facilidad, por gestos y palabras, se asombran, indignan o desalientan (cuando no hacen caso omiso a la evidencia) cuando el capitalismo exhibe sin filtros de Instagram su funcionamiento normal.

En uno de sus últimos libros, el politólogo uruguayo Juan Pablo Luna relata la conversación que mantuvo, a mediados de 2022, con el exdirector de un banco internacional “con fuerte presencia en América Latina”.

El exdirector me contó que cuando adquirieron otro banco que estaba cerrando, en la cartera ingresó una cuenta que contaba con ingresos de unos 750.000 dólares mensuales, siendo que el propietario de la cuenta sólo podía justificar ingresos por 50 mil, a raíz de su actividad como uno de los dirigentes de la CONMEBOL. En función de aquella situación y ante la imposibilidad del cliente de justificar sus ingresos adicionales, mi interlocutor relató haber notificado la irregularidad a la entidad reguladora del sistema bancario y a la unidad antilavado del país.

Lo sorprendente del caso fue que las autoridades encargadas de investigar la situación, cerrar la cuenta y restringir la capacidad de operación del cliente, demoraron casi un año y medio en interponer medidas. Mientras tanto, el cliente recibió recursos suficientes en su cuenta para costear la construcción de dos torres de departamentos, las que luego vendió multiplicando su valor, en una de las principales ciudades del país. Más allá de la sorpresa ante la pasividad en la respuesta de las autoridades, el relato del exdirector contenía otra sorpresa. El banco en cuestión auspició durante un tiempo uno de los torneos futbolísticos más prestigiosos de la región. Por esta razón, los propietarios del banco viajaron en una oportunidad a Asunción para participar del lanzamiento del torneo. En dicha oportunidad, mi interlocutor tuvo que escuchar cómo algunos de los dirigentes de la CONMEBOL le solicitaban al propietario del banco que despidiese a quien estaba “hostigando” a uno de ellos.[6]

La lógica del capital, desprovista de valores morales, se provee de los mecanismos que mejor cumplan el propósito de valorizar valor. Algunos cuadran dentro del marco de la legalidad burguesa y otros, sencillamente, no. Pero nunca se trata de dos mundos delimitados con absoluta nitidez. El caso argentino es apenas un ejemplo de predominio mafioso en el fútbol. No es una excepción.

Lo que tiene de singular el fútbol en Argentina es el embellecimiento literario de cierto marco jurídico anacrónico. La mayor parte de los que se conmueven con la gratificación de gestos y palabras defienden que el fútbol argentino conserve un rasgo de superioridad moral con respecto al resto del mundo: los equipos que disputan campeonatos profesionales siguen siendo “asociaciones civiles” no Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

Pero alrededor de las poéticas, barriales, místicas y apasionantes asociaciones “sin fines de lucro”, burgueses y burócratas como el Chiqui Tapia y sus colegas dirigentes encuentran un sinnúmero de posibilidades de lucro. La única condición que cumplir para continuar con los negociados y desfalcos es conservar esas entrañables, románticas, populares y literarias entidades deportivas. Todo lo cual no reviste problema alguno para los dirigentes, ya que les permite llenarse de guita con la legitimación generalizada de los heroicos, fontanarrosistas, abnegados y pasionales, hinchas del fútbol argentino.

En el nombre de CEAMSE, la AFA y el espíritu Tapia

Presidente de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad de Estado (CEAMSE), un organismo público que se ocupa de la basura en el AMBA, el Chiqui Tapia reúne en su ser todas las virtudes progresistas y peronistas: es al mismo tiempo jefe de todos los clubes deportivos en manos de los socios y eterno funcionario destacado del “Estado presente”. Ratificado en su cargo por el gobernador peronista Axel Kicillof[7], el Chiqui selló su acuerdo con un blindaje extra para la AFA: después de 130 años en el mismo domicilio, la sede jurídica de la entidad fue trasladada desde CABA a Ezeiza, “escapando” así del control de la Inspección General de Justicia (IGJ) para quedar a disposición de la oficina de Personas Jurídicas (provincia de Buenos Aires).

Para legitimar estas acciones conviene tener alguna estrategia distractiva. La amenaza fantasma de las SAD[8] ofrece un relato tan eficaz como insostenible. Primero, porque los socios deberían convalidar el cambio de estatuto jurídico de cualesquiera de las entidades, sin importar qué modificaciones introdujere un gobierno, ya que esto no incumbe al Poder Ejecutivo ni al Legislativo. (Lo que sí incumbe a los gobiernos es mirar para otro lado cuando los clubes necesitan salvataje de los desastres que generan los dirigentes con la anuencia de los socios).

Segundo, ese requisito explica que no haya habido presentaciones formales que prosperaran en el sentido de las SAD y que, asimismo, los presidentes del país que han puenteado al Congreso para contraer deuda o gobernar en base a decretos, no han sido capaces de puentear el estatuto de los clubes.

Tercero, los clubes de barrio, los más de 3.500 clubes afiliados indirectamente a la AFA, siendo la enorme mayoría clubes pequeños, no son una oportunidad de negocios para la escala de una sociedad anónima. A decir verdad, casi ningún club de Argentina lo es. Esto se debe, en parte, a la modesta envergadura del mercado interno. Y, en parte, a que se trata del campeonato más delirante, imprevisible e inseguro que la sensatez burguesa puede imaginar. No nos referimos a la poética “dinámica de lo impensado” que Dante Panzeri describió como funcionamiento del juego dentro de la cancha, sino a la mucho más prosaica dinámica mafiosa de lo impensado peronista que consiste, como vimos al comienzo, en coronar un campeón retroactivamente.

Cuarto y último, los aportes de capitales privados en el fútbol argentino ya existen. Y no llegaron con “el gobierno de los CEOs” de Macri o “el gabinete de JP Morgan” de Milei. La histórica gira europea de Boca Juniors en 1925 (sí, hace cien años), fue posible gracias a la “iniciativa privada de tres empresarios españoles de apellidos Isasmendi, Zapater e Ibáñez”[9]. No es llamativo que haya burgueses metidos en este negocio. Lo llamativo es que a un producto decadente lo mordisqueen estas pirañas mientras los hinchas consideran que defenderlo y sostenerlo es la tarea que les toca asumir.

Bienaventurados los pobres de escrúpulos, porque de ellos es el reino del capital

Dos elementos colaboran con la eficacia del relato “Apocalipsis SAD”. Uno es el encomiable accionar publicitario. El otro es la fe del hincha en retroceder el tiempo invocando buena voluntad. Veamos un ejemplo de lo primero.

El Club José Hernández, fundado el 16 de agosto de 1927 en la ciudad de La Plata, es un emblema del deporte barrial y la contención social. A lo largo de su historia fue un espacio de integración para vecinos y vecinas, ofreciendo diversas actividades deportivas y culturales. Con alrededor de 1.100 socios y 800 activos que abonan su cuota de $1.000 en 2025 lograron sostenerse gracias a la colaboración de la comunidad y algunos aportes estatales. […]

El club cuenta con 20 actividades sociales, como fútbol infantil, vóley, básquet, taekwondo, folklore, entre otros. Su participación en la Liga Costera de Río de La Plata le dio visibilidad regional, pero también lo llevó a enfrentar grandes desafíos económicos. Pero, además de ser un centro deportivo, generó un fuerte impacto social en su comunidad. Sus convenios con la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de La Plata, el PAMI y el Plan FinEs permitieron la realización de actividades que benefician a diversos sectores de la población. Además, su biblioteca, con más de 16.000 ejemplares, es un espacio clave para la educación y la cultura.[10]

Ese pequeño club, en marzo de 2024, fue desafiliado por su liga. ¿Por qué? Porque una asamblea de socios aprobó la posibilidad de cambiar su estatuto en la medida en que permitiera la entrada de aportes económicos para solventar el déficit de club:

La controversia se originó cuando la dirigencia del club comenzó a explorar opciones de financiamiento para sostener su proyecto futbolístico. La posibilidad de recibir inversión privada generó revuelo en los medios y entre los socios, lo que llevó a su desafiliación de la Liga Costera. Desde el club aseguran que nunca se planteó la conversión en una SAD, sino que se buscaba una alternativa para solventar los costos operativos del equipo, que incluían traslados, arbitrajes y seguridad, llegando a un gasto mensual de tres millones de pesos.

La reacción fue inmediata: críticas desde sectores tradicionalistas del fútbol argentino y un fuerte debate sobre la gestión de los clubes de barrio. Para la AFA, las SAD son un modelo inviable en Argentina, ya que contradicen la identidad del fútbol social.

Vemos cómo el relato de “la identidad del fútbol social”, un ente literario, abstracto e inverificable, sirve de excusa para legitimar las arbitrariedades que orbitan alrededor de la nada ficticia, bien concreta y contable, tarasca. Con el caso del Club José Hernández, la AFA demuestra que puede escribir reglamentos para cambiar el valor del pasado, que puede sancionar intenciones de hechos futuros no consumados (como en la película Minority Report), que puede ser rigurosamente leal a las garantías del derecho (como veremos enseguida que sucede con el presidente de San Lorenzo, procesado por cobrar para su bolsillo la inclusión de un joven en las divisiones inferiores del club)… pero si un pequeño club intenta sobrevivir, entonces se aplican la desafiliación y el repudio por atentar contra “la identidad del fútbol social”. Tal vez algún socio del José Hernández haya recordado estas estrofas del Martín Fierro:

La ley es tela de araña;

en mi inorancia lo esplico:

no la tema el hombre rico,

nunca la tema el que mande,

pues la ruempe el bicho grande

y sólo enrieda a los chicos.

Es la ley como la lluvia:

nunca puede ser pareja;

el que la aguanta se queja,

pero el asunto es sencillo,

la ley es como el cuchillo:

no ofiende a quien lo maneja.

El presidente de San Lorenzo está procesado porque se descubrió que utilizaba el club, esa asociación civil sin fines de lucro, con fines de lucro. Lucro, además, personal. ¿Qué hacía? Cobraba por ingresar jóvenes en las inferiores del club como si fuera de su propiedad:

La investigación apunta a un presunto cobro de 25 mil dólares, bajo la figura de administración fraudulenta. El expediente judicial, que generó roces entre distintos fueros, se originó a partir de una cámara oculta difundida por el programa Telenueve Denuncia. El fiscal porteño Maximiliano Vence inició una causa de oficio y ordenó el allanamiento del domicilio de Moretti en Caballito, aunque en el operativo no se encontró su teléfono personal. […]

Uno de los testimonios clave fue el de María José Scottini, madre del juvenil supuestamente involucrado, quien reconoció la entrega de dinero y la existencia de la filmación, aunque intentó desestimar la acusación al afirmar que todo se trataba de una broma. No obstante, un informe oficial de la AFA confirmó que el hijo de Scottini fue registrado en la Sexta División del club, lo que contradice su versión y refuerza las sospechas sobre el accionar de Moretti en aquel entonces.[11]

El hecho de que el presidente de San Lorenzo haya realizado de manera visible lo que es un secreto a voces en el ámbito del fútbol expone cómo conviven, perfectamente, una asociación civil sin fines de lucro con dirigentes que la usan para lucrar. Moretti demuestra que la ilusión de que un formato jurídico (“asociación civil sin fines de lucro”) se imponga sobre una lógica social basada en la acumulación es, como mínimo, una ingenuidad.

Mientras la situación de San Lorenzo es callada, la de aquel ínfimo club platense, el José Hernández, sirvió para que el Chiqui Tapia se erigiera inmediatamente como defensor de las asociaciones civiles, la identidad del fútbol social y todo el sentimentalismo perfectamente adecuado para disfrutar Luna de Avellaneda, pero totalmente desaconsejable para pensar este problema. Porque, detrás del cruzado Chiqui Tapia, se encolumna una larga peregrinación de incautos y de pícaros. Una cruzada sin riesgo ni enemigos reales.

Alguien podría observar que el caso de Moretti es un ejemplo aislado. Que la mayoría de los dirigentes de clubes importantes no hacen ese tipo de cosas. Claro, la mayoría no recurre a maniobras tan burdas:

“Hay que hablar con el de Sur Finanzas”, lanzó el presidente de San Lorenzo, Marcelo Moretti, delante de varios integrantes de la comisión directiva. El club necesitaba dinero de manera urgente. El primer préstamo se concretó en septiembre de 2024. A partir de ese momento, las transferencias no pararon. En total, según documentos que obtuvo LA NACION, el club de Boedo recibió más de $1900 millones de Sur Finanzas. A cambio, la financiera de Ariel Vallejo, un hombre muy cercano al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, cobró más de $100 millones en concepto de intereses. El mecanismo se repitió en otros clubes. No era casualidad. […]

Por uno de esos préstamos, de $477 millones, Sur Finanzas obtuvo una ganancia de $22 millones en apenas 18 días. En total, siempre según documentos oficiales, los intereses por refinanciación de todos los acuerdos ascendieron a más de $117 millones.[12]

Como buena compañía burguesa, Sur Finanzas no reconoce delimitaciones literarias, épicas o morales, entre los declarados opositores a las SAD y sus más tenaces promotores. Por eso también hace negocios con los libertarios, abrochando –de paso– nuevos ingresos para el Chiqui Tapia:

La investigación por presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) incorporó nuevos elementos que refuerzan las sospechas sobre los principales implicados y que motivaron el allanamiento de Sur Finanzas, la firma del financista Maximiliano Ariel Vallejo, reconocido por su vínculo cercano con Claudio “Chiqui” Tapia y por su participación en diversos negocios del fútbol argentino.[13]

¿Cómo se vincula Sur Finanzas con el Chiqui, en particular, y con el negocio del fútbol argentino en general?

Según el informe oficial, Sur Finanzas habría recibido transferencias millonarias desde usuarios sin capacidad económica real para justificar esos montos, lo que indica un posible origen ilícito de los fondos. En total, los investigadores identificaron operaciones por $818.000 millones.

Además, el organismo tributario [la DGI] acusa a Ariel Vallejo de haber evadido más de $3.327 millones del Impuesto al Cheque entre 2022 y 2025, mediante un esquema que utilizaba estructuras financieras propias y de terceros para eludir la carga fiscal.

El rápido crecimiento de Sur Finanzas en los últimos años también llamó la atención del Ejecutivo. La firma nació en 2022 bajo el nombre Neblockchain SA, en un departamento de Adrogué, y en 2024 adoptó su actual denominación, Sur Finanzas PSP SA, con Graciela Beatriz Vallejo como presidenta y Maximiliano Ariel Vallejo —hijo del empresario— como vicepresidente.

En este período, Maximiliano Ariel Vallejo consolidó una influencia creciente en el fútbol argentino: Sur Finanzas se convirtió en sponsor de Racing, Barracas Central, Banfield, Platense, Atlanta y Deportivo Morón, otorgó préstamos a San Lorenzo y logró que la Liga Profesional llevara el nombre “Copa Sur Finanzas” durante 2023, 2024 y 2025.[14]

Nada de esto se vincula con las actividades sociales de los clubes, el deporte amateur, los convenios culturales y educativos, etc. Lo que mueve guita es el deporte profesional, donde hablamos de millones en gastos, sueldos, compensaciones y honorarios.

Por eso el requisito para presidir un club de fútbol profesional (no estamos hablando del modesto José Hernández de La Plata) no es tener la cuota al día ni conseguir el aval de los socios, sino tener capacidad de aportar mucho dinero. Es decir, hay que ser burgués o testaferro de burgueses. Luego, hay que saber gestionar los negocios de los aportantes para salir airoso del desastre de las gestiones precedentes, además de hacer los propios negocios (uno de los cuales consiste en obtener publicidad a bajo costo, como supo hacer Mauricio Macri para lanzar su carrera política).

Así, mientras el hincha cuervo sufre por su club, Moretti levantó 25 lucas verdes para meter un pibe en las inferiores, le hizo ganar 22 millones de pesos a su amigo de SUR Finanzas y… continúa como presidente de San Lorenzo.

Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un marco jurídico subordine la lógica del capital

A partir de la década del 90 esta oposición de formato jurídicos al interior del capitalismo tuvo dos fuerzas motrices que los colocaron en un lugar relevante. Por un lado, el hundimiento y fracaso del Estado de bienestar, en medio de las crisis de finales de los años 70 y comienzos de los 80, con las políticas del Banco Mundial que favorecieron estos espacios como mediadores privados de actividades sociales. Nos referimos al auge de las ONG. Ya en 1991, la relatoría del Banco Mundial proponía:

…la transferencia de prestaciones de funciones y servicios públicos a diversas organizaciones no gubernamentales (oenegés), como vehículos más eficaces de la promoción de la participación popular en el alivio de la pobreza. […]

Según datos del propio Banco, en América Latina se pasó de un 15% de proyectos en colaboración con oenegés en el período 1974-1989, al 50% en 1994. Y en cuanto a los montos manejados, las oenegés pasaron de controlar 9 millones de dólares para el desarrollo de países de la periferia a 6.400 millones de dólares en 1989. […]

Más que por la cantidad de oenegés incorporadas a la cooperación, el cambio se produjo al interior de ellas. En ese período se produce una fuerte competencia por obtener financiación y por conseguir espacios de actuación, lo que las lleva a una mayor institucionalización y profesionalización, de modo que “pasaron a ser cada vez más parecidas a las organizaciones internacionales empresariales y multilaterales en su lógica de funcionamiento, su estructura organizacional y su modo de operar”.[15]

La otra fuerza motriz, en el terreno específico del deporte, fue el desarrollo del mercado publicitario mundial y del espectáculo internacional, que permiten cada vez menos participantes en un terreno con volúmenes de dinero nunca manejados. Los deportes que intentaban mantener un “amateurismo marrón” tuvieron que aceptarlo plenamente. Otros, como el fútbol, se encontraron con que la casi totalidad de los viejos clubes deportivos, gestionados por directivos burgueses que no comprometían su patrimonio y eran elegidos periódicamente por los socios, estaban en bancarrota[16].

Así, en los años 90, la única opción para esos clubes virtualmente quebrados por la gestión “sin fines de lucro” consistió en sanear las finanzas o pasar a un régimen comercialmente controlable, si no querían perderse un negocio multimillonario y en ascenso. El Fair Play financiero, esto es, cierto control de los capitales negros fue un elemento importante de esta recomposición del negocio (recordemos la anécdota de Pablo Luna, que citamos arriba, sobre el dirigente de la CONMEBOL).

Todos los factores negativos que llevaron al negocio del deporte a esa recomposición, hace 30 o 40 años, se mantienen vigentes en la Argentina. Y ya que el capitalismo es lo que es y ningún voluntarismo resuelve sus contradicciones, evadir sus problemas sin salir del sistema no conduce ilusorios paraísos perdidos de libre asociación fraternal, sino a un cascarón infectado desde adentro por las mafias, con gordos gusanos hambrientos que cada tanto se dejan ver.

Estas mafias no son ignorantes ni estúpidas. Saben que su supervivencia depende de lo que puedan pagar para mantener amigables a políticos y jueces. Y que depende, también, de cierta legitimidad por parte de los consumidores del producto que venden. Por eso lo único condenado a ser “sin fines de lucro” es el club, no gerenciadores, intermediarios, jugadores, que cobran millones. Tampoco las empresas contratadas para remodelar estadios o las que alquilan espacios en los estadios. Ni hablar de sus estrategias de marketing y un largo etcétera.

Toda la mafia burguesa vive del estado de amenaza perpetua de algo que nunca ha amenazado el fútbol argentino: los inversores extranjeros. No son una amenaza real porque si Argentina es un entorno inestable para las inversiones, la AFA lo es muchísimo más. Creer que hay inversores salivando por comprar un club en Argentina para competir en un campeonato devaluado, caótico, cuyas condiciones pueden variar retroactivamente como en la ciencia ficción, en vez de invertir en entornos macroeconómicos estables y marcos deportivos más racionales, sólo es posible en el sueño narcisista del hincha de fútbol argentino.

Argentina tiene un sistema competitivo juvenil de los más desarrollados del planeta. Lo mismo sucede con la captación de incipientes talentos. Y punto. Le entrega al mercado mundial una cantidad de prospectos juveniles hábiles y competitivos, pero que ya no pueden demostrar en el país si están en condiciones de rendir en el profesionalismo, por ello ese acabado final se realiza en el exterior. Este lugar subsidiario podría ser reorientado. Pero si cada club está en función de los negocios de dirigentes que, además, le suman a su búsqueda de beneficios, el capricho y la eventualidad, es imposible.

El formato jurídico obtura la visión de la misma manera que el fetichismo de la mercancía nos hace ciegos al hecho de que toda la riqueza es producto del trabajo humano. El fetichismo de la asociación civil oculta que el deporte profesional y la función social de los clubes son dos cuestiones separadas. Y, en gran parte, antitéticas: bancar el deporte competitivo profesional despoja de posibilidades al resto de las actividades sociales de los clubes. Tómese en cuenta para esto los pocos y famélicos trabajadores sociales que hay en los clubes, contra los muchos y millonarios asesores en cuestiones futbolísticas.

Lo otro que se nos escapa es que no es el formato jurídico el que genera la pasión y el que ha sostenido el disfrute colectivo en esta actividad. Esa pasión está en la población trabajadora. Su potencia se revela en que intenta mantenerse surfeando esta cadena de infamias y trapisondas que los directivos de los clubes y su representación global, la AFA, nos ofrecen día a día.

Hay un tiempo para tirar piedras y un tiempo para reunirlas

Hay dos maneras de pensar la sociedad. Una es como si el capitalismo fuera un límite absoluto y solo nos quedara elegir entre diversos marcos jurídicos de actividad económica, diversos asentamientos geográficos de los capitales. Como si no hubiera más remedio que decidir entre opciones basadas en el tamaño de los capitales o en el tipo de actividad que realizan. Es decir, ser amanuenses del “tercer sector”, las pymes, el capital nacional, el capital industrial, e, incluso, recorrer el espinel de los explotadores, ora apoyando a unos, ora a otros. ¿El Chiqui Tapia o la Bruja Verón? ¿Macri o Riquelme?

La otra manera de pensar la sociedad parte de una certidumbre: el capitalismo atenta contra las necesidades de la mayor parte de la población. Por lo tanto, su existencia debe ser superada o nos conducirá a la barbarie, la destrucción o el desastre.

La opción entre formatos jurídicos es interior al capitalismo: mientras las SAD permiten la acumulación directa, las asociaciones civiles sin fines de lucro actúan mediando, favoreciendo y mejorando la acumulación. Directa o indirectamente, se trata de lo mismo: acumulación de ganancias, valorización del valor.

Los trabajadores tenemos limitadas energías para la lucha, porque son las que nos restan luego de gastar gran parte de ellas en reproducir nuestra vida. No podemos continuar dándonos el lujo de desperdiciarlas en intentos de recomposición de un sistema, el capitalismo, como si una versión beneficiosa para el conjunto de la población fuera posible.

La crítica zigzagueante, hoy a un dirigente, mañana a otro, hoy a una situación, mañana a la opuesta, no hace más que fortalecer el sistema. La habilidad y entereza deportiva de los jóvenes que juegan al fútbol, y la histórica pasión de los hinchas por el juego y sus colores, no necesitan de un formato jurídico u otro. Lo que necesitan es terminar con todos y cada uno de los burgueses y burócratas que, en su afán de lucro, los dañan, sin importar con cuál estatuto.


[1]  Adrián D’Amelio, “Bochornosa copa para Rosario Central: la trama secreta del título menos pensado”, nota publicada en El Día, el 21 de noviembre de 2025.

[2]  Escribimos una serie de cuatro notas sobre la discalculia peronista“El cálculo de las autopercepciones” (a propósito del Censo Nacional 2022); “El desprecio por la verdad” (acerca de la metodología empleada para el mismo censo); “Apalear chanchos para detener la lluvia” (sobre el oscurantismo explícito de los dirigentes peronistas); “La muralla y los censos” (sobre el histórico esfuerzo peronista por esconder la miseria que produce).

[3]  Redacción infocielo, “Del pasillogate al escándalo de los PDF: la cronología del increíble papelón de AFA con Estudiantes”, nota publicada en Cielo Sports el 25 de noviembre de 2025.

[4]  Mariano Quadrana, “Agremiados le da la espalda a Estudiantes con un bochornoso comunicado”, nota publicada en Cielo Sports el 25 de noviembre de 2025. Y el jueves 27/11, la AFA, por medio de su Tribunal de Disciplina, efectivizó sanciones económicas contra Estudiantes y suspensiones para su presidente y jugadores: Boletín del Tribunal de Disciplina 6797.

[5]  Augusto Dorado, “Grupo Inversor y Estudiantes: todo indica Foster Gillett es puro grupo”, nota publicad en La Izquierda Diario el 26 de febrero de 2025.

[6]  Juan Pablo Luna, ¿Democracia muerta? Chile, América Latina y un modelo estallado, Santiago de Chile, Ariel, 2024, pp. 205-6.

[7]  “Chiqui Tapia asume en la CEAMSE y Kicillof sella una alianza política”, nota publicada en Página/12 el 2 de enero de 2025.

[8]  Hemos escrito bastante sobre esto. Por ejemplo: a) “No pinto de rosa a Jürgen Klopp ni al Chiqui Tapia…”; b) “SAD, la amenaza fantasma”; c) “La segmentación programática del PTS”; d) “Gracias, Chiqui, por la sinceridad”.

[9]  Horacio Rosatti, actual miembro de la Corte Suprema de Justicia, en su libro Cien años de multitud. Historia de Boca Juniors, una pasión argentina (El período amateur 1905-1930), Buenos Aires, Galerna, 2009, p. 101.

[10]  Lautaro Cantamessa, “Club José Hernández: entre la identidad barrial y la polémica por la inversión privada en el fútbol”, nota publicada en Narrativa Política el 11 de febrero de 2025.

[11]  “Marcelo Moretti se negó a declarar en la causa por corrupción en San Lorenzo”, nota publicada en TyC Sports el 25 de noviembre de 2025.

[12]  Nicolás Pizzi e Ignacio Grimaldi, “La trama oculta de los préstamos millonarios a San Lorenzo a través de una financiera ligada a “Chiqui” Tapia”, nota publicada en La Nación el 22 de noviembre de 2025.

[13]  “ANDIS: investigan transferencias millonarias a una criptomoneda de un financista cercano a Chiqui Tapia”, nota publicada en Doce TV el 25 de noviembre de 2025.

[14]  “El Gobierno denunció por lavado a Sur Finanzas, la firma cercana a Chiqui Tapia, en la megacausa que salpica a la ANDIS”, nota publicada en Diario AR el 25 de noviembre de 2025.

[15]  Raúl Zibechi, Política y Miseria. La relación entre el modelo extractivo, los planes sociales y los gobiernos progresistas, Buenos Aires, La Vaca, 2011, pp. 28-9.

[16]  Escribimos un libro en el que profundizamos sobre todos estos problemas: Historia de los trabajadores del fútbol, que puede descargarse desde aquí.

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