¡DECÍ ALGO DE IZQUIERDA! Sobre el debate en TN entre un trotskista y un libertario

El canal de streaming de la Izquierda Diario reproduce un debate entre Luca Bonfante, integrante del PTS y candidato a legislador en las últimas elecciones en CABA, e Iñaki Gutiérrez, de La Libertad Avanza. El debate se realizó el 9 de julio en TN y fue anunciado como «La batalla cultural» entre un militante de izquierda y uno de LLA. Con la conducción de Marcelo Bonelli, el intercambio fue parte del programa A Dos Voces y tuvo una duración de 23 minutos.

Aún con el innegable desarrollo comunicacional que ha logrado el PTS, sigue siendo inconmensurable la distancia que hay entre «la llegada» de TN y la de los canales trotskistas. Por lo tanto, esta invitación ameritaba no la simple repetición de un discurso esquemático, predeterminado para toda ocasión, que tanto sirve para un barrido como para un fregado. Sino una intervención en un medio particular, para un público que no por amplio deja de tener determinaciones a las que hay que atender.

Sin embargo, el «Secretario del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras», tal como fue presentado, no se preparó para esto. Al contrario, repitió el esquema que conocemos y que hemos criticado largamente. Como dijimos en otras notas, la propaganda de la izquierda trotskista –en general, pero sobre todo la del PTS– exhibe dos ambientes estratégicos: un galpón para que se reúnan «los intelectuales», en el que se acumula una inmensa cantidad de ideas complejas, tortuosas y sutiles, pero sobre todo contradictorias; y una vidriera en la que se ofertan algunos planteos simples. Simples, pero tozudamente inútiles porque difícilmente se los pueda diferenciar del peronismo1.

Así, las primeras preguntas que alguien podría hacerse en una intervención como esta y ante una oportunidad como esta, son dos: para quiénes se va a hablar y qué se buscará transmitir frente a ese público. Preguntas que no parecen haber sido barajadas o, si lo fueron, quedó claro que obtuvieron una respuesta ridícula y contraproducente.

Cuando Iñaki Gutiérrez, cerca del final del debate, dijo que para Luca Bonfante el debate debería ser fácil porque: vos no tenés nada que perder, le dio lo que debería haber sido la clave del debate. Le dijo a quiénes le tendría que haber hablado: a los que se niegan a votar. E, incluso, a los trabajadores que votaron por descarte a LLA y se hacen preguntas. No disputar un público cautivado por el vaivén de las soluciones burguesas. Luca Bonfante no advirtió que está hablando con un representante del partido que mejor entendió los debates. Lo hizo en el debate Massa-Milei, en el que –como le gusta titular a LID– Massa destrozó a Milei, pero Milei ganó las voluntades electorales.

Analicemos la contienda.

Nunca un boletín sindical gana un debate político

Es lo primero que hay que saber. Como mucho, un boletín sindical consigue dar información de algunos conflictos y solicitar la solidaridad con ellos. Algo que defendemos. Pero no su falta de oportunidad e inteligencia. Porque si el eje de la intervención iba a ser una sistemática mención a conflictos gremiales, entonces resulta inentendible (e incluso contraproducente) que quien llevara adelante esa tarea fuera alguien ajeno a esos conflictos. Como si en el Garrahan, Georgalos, Secco, Astilleros Río Santiago, los conflictos mencionados reiteradamente por Luca Bonfante, no hubiera ningún militante del PTS que pudiera acudir a debatir.

Además, un conflicto gremial, lejos de la idealización abstracta y embellecedora de los estudiantes universitarios, es un universo complejo, pleno de matices e incidentes que hay que conocer para poder defenderlo. Los que «recorren» los conflictos se los pierden, los ignoran y mal pueden ser sus abogados. Por eso el estudiante de Filosofía desconoce, por ejemplo, que a las conciliaciones obligatorias las dictan los Ministerios de Trabajo (pertenecientes al Poder Ejecutivo, a Kicillof en este caso) y no la Justicia (que tampoco es una, porque hay justicias provinciales que se constituyen desde los poderes provinciales). En razón de ese desconocimiento, Bonfante sacó a relucir la intervención del Ministerio cuando quiso cuestionar a la Justicia.

Cuatro veces repitió la lista de cuatro conflictos sin percatarse de que, lo que en una primera instancia podía servir de recorte que simbolizara un número mayor de enfrentamientos, era en realidad el importante pero reducido número de enfrentamientos directos con el gobierno que se llevan adelante en este momento. Esa repetición invariante desmentía, por sí sola, el mantra trotskista del gobierno que se está cayendo…

Por eso el libertario pudo minimizarlo, explicándole que un dato no es una realidad. Que él también podría mencionar la suba de la producción de automóviles, pero era sólo un dato parcial. Algunos conflictos son un dato parcial en el terreno de la política nacional, no una relación de causalidad entre la existencia de algunos conflictos que lleve inevitablemente al fracaso del elenco gubernamental por inducción. Nadie cree en eso. Mucho menos el público de ese debate. Si el propósito de la estrategia trotskista fue intentar llevar al gobierno (que ha ganado una elección nacional hace 18 meses y, hasta donde se sabe, se apresta a ganar otra) al terreno del apoyo o el repudio como tema central de la discusión, no era posible salir airoso. A cada mención a lo mal que le va al gobierno y a la inminencia de su fracaso, el libertario respondía con los 15 millones de votos, las encuestas favorables y el eterno 4% de la izquierda (y, en este número, hasta se permitió ser generoso).

Construir un partido o una figura estelar

Todo el absurdo se entiende porque el PTS y el trotskismo en general se han propuesto la construcción de figuras públicas mediáticas en lugar de estructuras consolidadas en torno a un programa coherente. Apuestan al desarrollo de las técnicas de marketing más que a la consistencia de las ideas. El NuevoMAS, con Manuela Castañeira, tributa esta táctica con fanatismo indisimulado, pero el PTS ha elevado esto al rango de estrategia. Como lo importante es generar figuras públicas, entonces es preferible un aspirante a famoso que un protagonista de las luchas. Y, consecuentemente, es preferible un fracaso estrepitoso a una acertada intervención para la vanguardia. Que hablen mal o bien de mí, pero que hablen…

Poco parece importarle al PTS que el público de TN sea miles de veces más amplio que el que suele escucharlo. Y que, además, esté conformado en gran parte por trabajadores hartos del peronismo. Las intervenciones de Bonfante se mantuvieron en el estrecho desfiladero de ser como el peronismo, pero con más honestidad, más consecuencia y más lucha. A tal punto, que insistió en que las cámaras tomaran los 3 puntos de sutura en su cabeza para exhibir las consecuencias que es capaz de asumir por cortar la Panamericana en solidaridad con los despedidos de Georgalos.

Lo que pudimos ver en el debate es lo que sucede cuando se vive en un micro-mundo y no se quiere salir de él. Luca Bonfante parecía desconocer cuestiones indispensables para salir ganancioso de ese debate. En primer lugar, que hay una gran abstención, una crisis de representación reconocida por analistas y académicos. En segundo lugar, que esa abstención es producto de un desencanto con la política que incluye a la izquierda. Quien no vota porque está asqueado de «la casta», no ve que la izquierda sea algo distinto. ¿Por qué? Porque es una izquierda siempre dispuesta a sumar un cargo para los peronistas en una comisión2 o a defender a algún delincuente peronista3. Y en tercer lugar, entre quienes sí votan, el 98% lo hace por este sistema, difieren –y a veces muy profundamente– pero no sobre la defensa del capitalismo, sino sobre el modo gestionarlo.

Por lo tanto, si en la discusión el estudiante de Filosofía no puede formular «verdades últimas» (el sistema capitalista y su única alternativa: el socialismo) es por haberse plantado en debatir la coyuntura. Y en ese terreno, con la realidad de uno y otro de los contendientes, el trotskista sólo puede cumplir el papel de sparring del libertario.

El PTS se ubica donde les conviene a La Libertad Avanza y al peronismo

Iñaki Gutiérrez sabe que habla para gente que prefiere la circulación en las rutas en vez su corte. Sabe también que no tiene tiempo para hacer el recorrido militante por todos los conflictos. De manera que su lenguaje y su texto estaban bien armados para la pelea que libró: retener y aumentar los votos de ese auditorio. Sabe que pugna por adueñarse de los votos del PRO y del repudio al peronismo. Y lo hizo bien.

Luca Bonfante también sabe a quién le habla: a casi nadie, porque el público que le interesa es el mínimo indispensable para mantener la hegemonía del PTS dentro de la izquierda clasista. Sabe que, para eso, lo único que hacía falta era sostener con estoicismo unas banderas que en ese canal no le interesan a nadie.

Al libertario le convenía tratar al trotskista como un peronista. Y el trotskista no deseaba otra cosa. En base a este acuerdo tácito, el debate transcurrió amablemente. Hubo tres momentos en que esto quedó claro:

Primero, cuando intercambiaron sobre quién había gobernado los últimos años y conducido a este desastre. Fue el momento más sustancial del debate. Sabemos que hay tres lecturas básicas de este proceso. Dos son torsiones de la realidad. La libertaria dice que todos los gobiernos previos al suyo han sido más o menos populistas, estatistas enemigos de la libertad, hasta la llegada de Milei. La segunda dice que los gobiernos previos al de Milei se dividen en progresistas y neoliberales, que los neoliberales han predominado y llevaron al país a esta situación. Se trata de la lectura peronista y también trotskista, que requiere consideraciones retorcidas para explicar los gobiernos peronistas de 1989-99 y de 2019-23 (y otro tanto para explicar por qué, tras el segundo mandato de Cristina, los trabajadores votaron a Macri). Cuando Gutiérrez y Bonfante se trenzaron en esta discusión, el acuerdo tácito era que no participara una tercera lectura: la marxista. O sea, la lectura según la cual el grado de intervención del Estado es una variable de la necesidad de acumulación y que ésta es lo permanente, que el capitalismo es lo permanente, lo determinante, el causante de nuestra situación actual. Esa lectura, socialista, quedó afuera del debate. Allí Bonfante operó, prácticamente, como un peronista que le permitió lucirse al libertario.

El segundo momento en el que el peronismo fue señalado como algo distinto (y mejor) dentro del capitalismo sucedió cuando, para criticar a Kicillof por un conflicto en su territorio con la intervención de su Ministerio, Luca Bonfante aclaró que lo iba a decir «con un asterisco». Ese asterisco es el que introducen todos los peronistas en cada ocasión en que no pueden ocultar los parentescos y parecidos entre la fuerza política que gobierna hoy el país y la que ellos defienden. Equivale al conocido voto peronista «con la nariz tapada». Pero, al igual que los goles, ese voto culposo vale lo mismo que el entusiasta.

Y el tercer momento de peronismo explícito (y este no se la podemos achacar al joven estudiante de izquierda) aconteció cuando Iñaki Gutiérrez observó enfáticamente que se abrazan con burgueses delincuentes, como se abrazaron con Cristina. Luca Bonfante intentó la defensa del sí pero no, fuimos a su casa y al local del PJ pero no abrazamos a nadie, el eje no es el choreo sino la proscripción, etc. Pero el hecho concreto, tan innegable como innecesario, es la visita de Myriam Bregman a Cristina, en su casa, para «ponerse a disposición».

¡D´alema, di algo!

En una escena de la película Abril (1998), su director y protagonista Nanni Moretti está viendo por tv un debate presidencial en Italia, se inquieta y molesta reclamando al candidato de izquierda D´alema que, por favor, diga algo de izquierda.

Al ver este debate nos agitó la misma insatisfacción e inquietud que a Moretti. Aunque menos genérica, más precisa: la urgencia de que el joven estudiante dijera la palabra socialismo y, luego, la defendiera, alejándola del peronismo. Pero no. Funcionó como el mejor peronista que un libertario podía encontrar: uno que defiende todo el actuar peronista, o lo cuestiona lateralmente –con un asterisco–, y que carece de peso electoral. El punching-ball perfecto. No porque sea el único lugar posible para la izquierda, sino porque es el lugar que la izquierda trotskista busca construir y ocupar: una izquierda peronista más luchadora («los tres puntos de sutura»), más consecuente («en todos los conflictos»), más honesta («no nos cambiamos el nombre»).

En otras palabras, la cuestión es qué responde cuando es interrogado con la palabra «ustedes». ¿Quiénes son esos ustedes, quiénes somos nosotros? Los libertarios tienen un esquema que les ha permitido ganar las elecciones, porque sitúan un responsable y un enemigo: el Estado. Y, en consecuencia, todos los que defienden crecientes funciones para el Estado burgués. Nuestra respuesta, que no es la del PTS, es que nosotros somos los enemigos del sistema que defienden las cuatro fuerzas burguesas relevantes: libertarios, peronistas, macristas y radicales. Somos socialistas. No lo que Milei dice que es el socialismo (mayor estatismo burgués) sino socialistas, enemigos de la explotación y la anarquía capitalista. Lo decimos hoy. Y no hay mejor momento en que esto sea más necesario que hoy. Hoy, justamente, porque la realidad nos coloca en un lugar de aislamiento, es necesario defender nuestro programa.

Al final del debate, Marcelo Bonelli festejó que hubieran podido debatir de manera civilizada y ambos jóvenes se vieron empujados a montar un paso de comedia, una escena de Un guapo del 900 en la que Luca Bonfante tampoco quedó muy bien parado. Pero esto es anecdótico. No tiene relevancia que un militante de izquierda sea un guapo teatral.

Lo importante es tener la valentía de sostener las ideas socialistas. De explicar su radical diferencia con todas las corrientes burguesas. De intentar concitar la atención de algunos trabajadores, de entre los millones de desencantados con todas esas corrientes, para hacer otra cosa. No lo mismo pero, esta vez, mejor. Sino algo mejor, porque será absolutamente diferente.

NOTAS:

1 Algunas de las notas en las que nos referimos a esto: a) «El orgullo de la marcha 1F»; b) «Otra oportunidad perdida: el trotskismo, ese Pierre Nodoyuna de la izquierda»; c) «El campo de los sueños: por qué la unidad del “campo popular” es contraria a la unidad de la clase trabajadora»; d) «Elecciones en Santa Fe: qué indican sobre el gobierno, el peronismo y la izquierda»; e) «La ciudadela de los intelectuales»; f) «Nadie se salva solo: un eslogan burgués para la unidad nacional»; g) «Elecciones: después del éxito de El Eternauta, todo sigue para atrás»; h) «Argumentos de la izquierda en defensa de CFK (Por Rolando Astarita)»; i) «PTS, fase superior del programa trotskista»; j) «Régimen y programa en la política trotskista».

2 Analizamos el caso acá: «Rey Lear: el drama del trotskismo y la esperada herencia peronista»;

3 Un panorama de la defensa trotskista de Cristina Fernández de Kirchner puede verse acá: «CFK condenada: sus tropas menguantes soñando con un 17 de octubre y el trotskismo con participar en él»

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *