Jugados 96 de los 104 partidos del Mundial (restan los partidos de cuartos de final en adelante) podemos explorar lo que nos dicen algunos resultados.
Inicialmente, el aumento de países participantes incrementó la presencia de federaciones asiáticas y de América del norte y el Caribe. No fue azar sino una tendencia. A Asia, África, Oceanía y América del Norte y Caribe les corresponden más presencias porcentuales, mientras decrecen las de Europa y Sudamérica.

Sin embargo, concluida la primera fase, los números muestran una contra-tendencia: «limpiar» los 16avos de caribeños, oceánicos y asiáticos.

Al avanzar hacia 8vos de final, el panorama se simplifica: 7 equipos europeos (44%), 4 sudamericanos (25%), 3 de América del Norte y Caribe –los 3 organizadores– (18%), y 2 de África (13%). La participación de Sudamérica ha crecido en cada fase (12%, 16% y 25%), al igual que la europea (31%, 40% y 44%). Y, llegados los 4tos de final, permanecen en carrera: 6 europeos, 1 africano y 1 sudamericano.
Al momento de escribir esta nota, jugados dos partidos de 4tos de final y eliminado Marruecos por Francia, el campeón no cambiará la histórica tendencia expresada en los últimos 14 mundiales: desde el de 1970 al de 2022, los finalistas han sido de Europa (68%) y Sudamérica (32%) exclusivamente. Y los campeones, 57% para Europa, 43% para Sudamérica.
La persistencia de la participación en los tramos finales de una región acotada (Sudamérica, aunque podría reducirse aún más, apenas a los países del Mercosur) es intrigante. Al menos, si tenemos en cuenta que allí sólo habita el 5,31% de la población mundial.
No es difícil atribuir a la pobreza y a la situación crítica del país la no clasificación de Haití a la segunda fase, pero la debacle asiática significa que han fracasado las selecciones nacionales de un continente en el que vive el 59% de la población mundial (mientras el 56% de las plazas representa sólo al 14,5% se corresponde a esa población: Europa y Sudamérica) y en concentración de riqueza tampoco se encuentran mal ubicados, luego de EEUU, con 912 milmillonarios, le siguen China con 450 e India con 205. En estos tres países se asientan más de la mitad de los milmillonarios del mundo1.
Y no es por falta de interés que esto sucede. Desde hace una década se puede leer, en el portal IberChina, lo siguiente:
Ya en su primera visita a Alemania en 2009 como Vicepresidente y posteriormente en otras visitas oficiales a países europeos, Xi Jinping ha reiterado como parte del gran sueño chino tres deseos: que el equipo nacional se clasifique para el campeonato mundial, llegar a organizar este campeonato mundial en China, y en tercer lugar que el equipo nacional llegue a ser campeón del mundo.2
China sólo ha jugado el mundial vecino del 2002, y en la última copa de Asia 2023, no pasó la fase de grupos, siendo superada por Palestina que llegó a octavos de final. Sin embargo, los países asiáticos han querido participar de torneos y lograr éxitos deportivos. La razón, más allá del vago bienestar general del éxito deportivo, es que la organización y las performances deportivas son demostraciones de capacidad de gestión burguesa, expresan lo que un país ofrece en materia de seguridad y potencia para las inversiones. Y el éxito deportivo señala lo que se puede realizar en proyección a largo plazo.
Hemos expuesto este asunto en nuestra nota mundialista anterior: «Un Mundial no se organiza para ganarlo». Nos interesa ahora abordar otro interrogante: ¿cómo se logra ingresar en un nuevo territorio del entretenimiento y el deporte?
Sobre crisoles y trofeos
En primer lugar, señalemos que es más simple incorporar un consumo pasivo que adoptar las satisfacciones de una práctica corporal. Si ya se dispone del tiempo y del hábito frente a una pantalla, modificar los contenidos que consume un espectador es más fácil que modificar las formas en que el cuerpo humano se ocupa socialmente lejos de la pantalla. En resumen, resulta más sencillo –aunque no se logra siempre– producir espectadores de fútbol que jugadores de fútbol.
Claro que la masividad de los espectadores se enlaza a cierta efervescencia de la práctica. Y lo que los seres humanos, los trabajadores que somos la mayoría de los seres humanos, hacemos con nuestro cuerpo no es tan fácil de modificar, guiar, moldear, conducir, como suele creerse en los círculos progresistas agobiados por la idea de que los medios y la publicidad son las bestias negras del capitalismo manipulador del consumo. La terquedad asiática –y su fracaso– con el fútbol de masas y el éxito deportivo, vale de ejemplo.
Una prueba de la seriedad de todo esto es que las notas que citamos como fuentes no fueron publicadas en Olé, sino en portales económicos y financieros relevantes como Bloomberg y The Economist. Por ejemplo, la irónicamente titulada «El siglo asiático del fútbol»:
A principios de los 2000, Sepp Blatter, entonces presidente del organismo rector del fútbol FIFA, habló sobre hacia dónde veía que se dirigía el deporte. «En Asia tienes más de la mitad de la población mundial», dijo. «El futuro del fútbol debe estar en Asia.»
Con un vínculo claro entre las finanzas y el éxito en el campo, era un sentimiento común para la región en crecimiento. Pero las actuaciones poco destacadas de los equipos asiáticos en el Mundial han planteado dudas sobre la capacidad de la región para convertirse en una fuerza dominante en el fútbol, con problemas como la falta de una cultura futbolística profunda.
Cómo hacerlo, cómo lograr ser potencia en una práctica puntual que es masiva a nivel mundial, es lo que intentó responder The Economist publicando «Cómo ganar la Copa del Mundo (Ser rico ayuda, pero estar abierto a la inmigración funciona mejor que nada)»:
Los factores más influyentes, descubrimos, fueron la riqueza, la población, la altura y la geografía. En conjunto, estos representan alrededor del 70% de la variación en las puntuaciones Elo. Sin embargo, ningún factor es decisivo.
Los países ricos gastan más en entrenamiento, instalaciones y desarrollo juvenil, pero no siempre se destacan. Estados Unidos es rico, pero la mayor parte del dinero en los deportes americanos se destina a otros deportes. Las monarquías del Golfo son asquerosamente ricas y obsesionadas con el fútbol, pero aun así rinden por debajo de lo esperado.
El tamaño también importa. Una población más grande ofrece un grupo de talento más profundo, pero como demuestran China e India, no garantiza la gloria. A pesar de sus más de mil millones de habitantes, ambos países solo se han clasificado para un Mundial entre sí.
El tamaño también cuenta más literalmente. Nuestro análisis sugiere que la altura óptima para jugadores que no sean el portero es de unos 181 cm. Cuanto más lejos se encuentra un hombre medio de esa cifra, peor tiende a salir adelante.
Sin embargo, la variable más poderosa es una que ningún gobierno puede influir: la geografía y la cultura deportiva que conlleva. Por ejemplo, los equipos sudamericanos promedian alrededor de 640 puntos Elo más que sus homólogos asiáticos, lo que significa que se espera que les ganen más del 90% de las veces. Incluso ajustando por diferencias de ingresos, población y físico, el abismo se reduce solo a 492 puntos. Los equipos europeos también disfrutan de una ventaja. Estas ventajas regionales reflejan diferencias sensibles en la profundidad del entrenamiento y la intensidad de la competición. Las ligas europeas son un imán para el talento global, audiencias e inversiones. […] Todo esto hace que el éxito futbolístico sea autoperpetuante.
Nuestro análisis sugiere que el mejor predictor de dónde se sitúa un país hoy es dónde se situaba hace décadas. Alrededor de cuatro quintas partes de los países en el cuarto superior de la tabla Elo en 1976 siguen allí. Pero por difícil que sea ponerse al día, no es imposible. Un puñado de países han logrado ascender en el ranking. Japón es uno de ellos. […]
En 1992, Japón renovó su liga amateur y lanzó una «Visión de los Cien Años» con el objetivo de formar 100 clubes profesionales para 2092. Desde entonces, ha ido ajustando continuamente este plan, estudiando tendencias tácticas globales y difundiéndolas en el país. Esto incluye prescripciones para clubes, que son obligatorios para gestionar academias juveniles, y para los tipos de jugadores que se les insta a formar. Antes celebrados principalmente por su disciplina y esfuerzo, los profesionales japoneses hoy deslumbran con su habilidad, a menudo en las grandes ligas europeas. De forma crítica, el enfoque de Japón es de abajo hacia arriba.
China, en cambio, ha abordado el fútbol de la misma manera que persigue la gloria olímpica: a través de un esfuerzo centralizado y generosamente financiado para fomentar el talento. […]
Para muchos países más pobres, existe una vía más rápida: importar talento. Por ejemplo, Senegal ha escalado posiciones no por desarrollar infraestructuras futbolísticas en casa, sino por contar con una diáspora formada en academias extranjeras. Alrededor de la mitad de la plantilla de los Leones de Teranga en el Mundial son hijos de migrantes senegaleses (principalmente en Francia). Esto es similar a financiar el desarrollo mediante remesas: Senegal está obteniendo recompensas de sus exportaciones de mano de obra. […] Desde 1994, la proporción de jugadores que compiten por un país distinto al de su nacimiento ha aumentado rápidamente, del 9% en 1994 al 24% actual.
Dejemos de lado la idea de circunscribir la cuestión al resultado mundialista, que es lo único que se puede resolver con jugadores que nacieron y viven en un país distinto de la liga que representan. Eso no es lo que se proponen los ricos países asiáticos. Lo que pretenden es que los resultados obtenidos cada 4 años reflejen su real crecimiento autónomo. Y ese crecimiento de la actividad es lo que aparece como refractario.
En otro artículo, «¿Por qué China es tan mala en fútbol?», The Economist sostiene:
En 2015 se implementó un plan de 50 puntos, que hizo todo lo que era necesario y abrió la puerta a la inversión futbolística, tanto para la liga nacional china como para una adquisición china de clubes europeos. Menos de dos años después, entrenadores de la Premier League inglesa, incluidos Arsène Wenger del Arsenal y Antonio Conte del Chelsea, empezaban a preocuparse públicamente por el poder financiero de la liga china y la amenaza que suponía para las ligas europeas. Entonces, ¿dónde salió todo mal?
Al estilo típicamente chino, la respuesta está menos en el exceso que en el control: escándalos de corrupción, interferencias políticas y una filosofía futbolística impuesta desde arriba en lugar de construida desde abajo. […]
En China, el deporte está firmemente dentro de la burocracia estatal, con la Asociación China de Fútbol respondiendo efectivamente ante el ministerio de deportes. Bajo el mando del señor Xi, el fútbol se convirtió en un proyecto político completo con objetivos, consignas y directrices oficiales. China puede producir en masa vehículos eléctricos de alta calidad. Eso es más difícil con los futbolistas. […]
…las culturas futbolísticas exitosas suelen ser caóticas, locales y orgánicas. Dependen de que los niños jueguen de manera informal, de que los clubes comunitarios arraiguen y del talento que surja gradualmente a través de una pirámide de ligas interconectadas. Así que, mientras que el instinto de gobierno de China es estandarizar, supervisar y escalar el éxito, el fútbol tiende a florecer precisamente donde la autoridad afloja su control, en comunidades que el sistema no tolera de forma natural. […]
En una intrigante subtrama, el interés enfriado de China por el Mundial ha alcanzado niveles tan bajos que, a un mes del inicio del torneo, no se había firmado ningún acuerdo de retransmisión entre China Media Group, la principal empresa estatal de medios, y la FIFA. Finalmente se acordó a mediados de mayo, pero, según se informa, la FIFA aceptó alrededor de 60 millones de dólares, apenas una quinta parte de lo que había solicitado inicialmente.
The Economist exagera tendenciosamente la importancia del régimen político en el tema. Quizás lo más importante sea que la vida cotidiana se construye históricamente, en biografías: individuales, sí, pero comunes. Esto es, que no son tan moldeables como muchos suponen o querrían. Podemos abordar el tema desde otro ángulo: una satisfacción corporal, sea «necesidad del estómago o la fantasía» (como la llama Marx apenas iniciado El Capital), es mucho más resistente y conservadora de lo que se quiere aceptar.
Sobre las mujeres en el fútbol
Hagamos una comparación. Los rankings FIFA de selecciones se establecen por un sistema de puntajes, de acuerdo con los resultados obtenidos, y se actualizan mes a mes. Si tomamos los publicados este mes nos encontramos, en primer lugar, con que en el tramo inferior de las 210 ligas masculinas y las 198 femeninas se encuentran territorios muy pequeños y aislados. El tamaño de la población y la cercanía geográfica son la variable de la mayor incidencia en términos generales.
Cabe recordar aquí que la FIFA no reúne países o Estados, sino asociaciones de fútbol. Los territorios ultramarinos de un Estado pueden no tener autonomía en muchas cuestiones. Así, por ejemplo, Curazao no se ocupa de la defensa y su pasaporte es europeo comunitario, pero es imposible para la isla tener una liga común con los Países Bajos, en la que cada semana se tenga que viajar 10 mil kilómetros o recibir a un equipo que ha recorrido el mismo trecho. Dado el peso de la cantidad de habitantes y el aislamiento, el tramo inferior de las clasificaciones lo ocupan estas asociaciones.
Conexiones y población son variables importantes, a juzgar por estas decenas de ligas marginales. Pero, entonces, ¿por qué a la lejana, desconectada y relativamente despoblada Sudamérica le va bien, mientras que a Asia, superpoblada y ligada por una misma masa continental, le va tan mal?
La respuesta más inmediata y nada superficial es: por la costumbre. Pero antes de entrar en este tema, veamos el siguiente cuadro.

La práctica del deporte por las mujeres, como actividad social, colectiva, ha estado prohibida llanamente, o mal vista y desaconsejada en el mejor de los casos, durante décadas y hasta el día de hoy en muchos países. De lo que podemos deducir que la llegada del fútbol a países sin esa tradición no se choca, para las mujeres, con otra costumbre, resistente y arraigada, de entretenimiento y sociabilidad. Al no encontrarse con ese obstáculo, la otra variable, el número, impone más generosamente su impronta.
El cuadro refleja a los 11 países más poblados. En casi todos, el ranking del equipo femenino supera, y mucho, al del equipo masculino. Y esto a pesar de ser, la mayoría de ellos, naciones de mayoría musulmana, poco proclives a la igualdad social entre los sexos. Las tres excepciones corresponden a países de amplia historia futbolística.
En el caso de EEUU, donde sí hay mayor igualdad que en los países de impronta islámica, las mujeres no practicaban masivamente los deportes que los hombres acostumbran (y que obturan la masividad y excelencia del futbol), como el béisbol y el fútbol americano.
Sobre el papel de la cultura
Ya eliminada del mundial organizado en su territorio, las preguntas de los estadounidenses sobre las flaquezas de su combinado se reiteran. Y algunas respuestas nos interesan, como la publicada en The Athletic, el suplemento deportivo de el New York Times:
¿Por qué Estados Unidos, la nación deportiva más rica y exitosa del planeta, nunca ha tenido una superestrella masculina del fútbol? Se reduce a una sola palabra. Cultura. «Este es un deporte impulsado por la cultura», dice Tom Byer, un gurú del desarrollo juvenil que ayudó a transformar el fútbol japonés. «Hasta que no adoptemos, como nación, una cultura futbolística más coherente», afirma John Hackworth, quien ha entrenado durante décadas en diversos niveles en EEUU, «siempre nos enfrentaremos a más desafíos que nuestros homólogos de todo el mundo».
Algunos creen que la adopción del fútbol está ocurriendo, aunque lentamente. Pero la tardía adopción del fútbol por parte de EEUU, décadas después de que se convirtiera en el deporte dominante en Europa y Latinoamérica, creó obstáculos que ninguna cantidad de dinero, instalaciones o formación de entrenadores puede eliminar por completo.
Y ante la ausencia de cultura, el capitalismo se afianzó. El sistema de fútbol juvenil estadounidense surgió en torno a la oportunidad económica y la competencia, no en torno a las necesidades o los deseos de los niños que, algún día, podrían convertirse en la primera superestrella.
La pregunta, ahora, podría ser: ¿qué costumbre, qué cultura, impide a los asiáticos jugar bien al fútbol?
Los chinos juegan al tenis de mesa y el bádminton, los deportes más extendidos. Entre los deportes de equipos, el básquet, practicado por el 18% de la población e introducido en China cerca de 1890 por misioneros cristianos, que habían arribado a las ciudades costeras del sur. Hay centenares de miles de canchas de básquet en las ciudades y en las aldeas, torneos regionales, decenas de millones de jugadores. Este deporte ha adquirido visibilidad a través de sus participaciones olímpicas por haber sido anfitrión en 2008 (en fútbol pudo participar pero no logró siquiera un empate). Yao Ming ha sido la frutilla del postre, la estrella incorporada a la NBA en 2002 que potenció el básquet en China. Además:
Desde la fundación de la República Popular en 1949, el Ejército Popular de Liberación (EPL) ha utilizado el baloncesto como herramienta para el acondicionamiento físico, la unidad y la formación ideológica lo utilizó el Ejercito Popular Chino.
La rápida urbanización de China ha transformado los espacios públicos y las prioridades recreativas. En ciudades densamente pobladas como Pekín, Shanghái y Shenzhen, la escasez de terrenos dificulta la existencia de campos de fútbol de tamaño reglamentario, pero abundan las medias canchas y los gimnasios multiusos. El baloncesto, al ocupar menos espacio y requerir un equipamiento mínimo (solo aros, balones y asfalto), ha permitido que escuelas y centros comunitarios incorporen canchas a los nuevos desarrollos urbanísticos sin dificultad.3
Más arraigada –y por eso más resistente– es la cultura, el hábito deportivo, que obstaculiza la adopción del fútbol en la India: el críquet.
Al igual que el béisbol, el críquet es un deporte de equipo que se juega con bate y pelota […] Originario de Inglaterra en el siglo XVI, el críquet es el segundo deporte más popular del mundo después del fútbol. Influenciado por el Imperio Británico, los principales países donde se practica el críquet hoy en día son miembros (o antiguos miembros) de la Commonwealth, entre ellos Australia, India, Pakistán e Inglaterra.
Los países que integraron las colonias británicas y el mundo anglosajón incorporaron el críquet, o el béisbol, mientras que los países en los que la influencia británica llegó por la vía del comercio se sumaron al universo del fútbol.
Otra diferencia relevante es el espacio de acumulación nacional independiente. Los países de Sudamérica se habían independizado a principios del siglo XIX y tras cruentas guerras civiles culminaron su organización nacional a fines del siglo XIX, estaban preparados para desplegar una intensa vida social autónoma, para desplegar su sociedad civil. Además, al no ser países beligerantes y no ser colonia de éstos, Sudamérica no se desangró en las guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX, de manera que no destruyó a millones de jóvenes en esa conflagración.
Detrás, pero lejos de Sudamérica y Europa, aparece el África occidental colonizada por países europeos futboleros, sobre todo Francia y Portugal. El áfrica central y oriental (mucho más influida por la cultura británica colonial e India) no se suma a esta carrera, por ahora.
Sobre los otros deportes
Una jugada competitiva de los otros deportes es la creación de sus propios mundiales, tras el que en 1930 organizara el fútbol. El hockey sobre patines tuvo su primer mundial en 1936; el vóley, en 1949; el básquet, en 1950; el de hockey sobre césped fue en 1971; el criquet, en 1975; el rugby, en 1987; el béisbol, en 2006, aunque con antecedentes amateurs desde 1938.
Con significativo retraso, los mundiales de estos deportes para las mujeres tardaron 61 años en el caso del fútbol, 56 en el vóley, 3 en el básquet, 3 en el hockey sobre césped, 4 en el de rugby. En los casos del béisbol y el criquet sucedió lo contrario: los mundiales femeninos se adelantaron 2 años a los masculinos.
No es casual que, salvo el cosmopolita fútbol y el hockey sobre patines de la década del 30, los eventos internacionales hayan quedado incluidos dentro de los Juegos Olímpicos postergando sus respectivos mundiales hasta la posguerra, que trajo desarrollos en el transporte y las comunicaciones. En un principio, los deportes colectivos no atravesaban las fronteras nacionales y, a veces, ni siquiera las regionales o locales. Fue con esas dos novedades técnicas, que preparaban el terreno para la globalización posterior, que el deporte profesional, sus sponsors, sus publicidades, la indumentaria deportiva, las bebidas que acompañan los partidos y –finalmente– las apuestas, se volvieron planetarios y los mundiales empezaron a ser una forma de competir en este terreno de la economía internacional. Vale recordar que la copa de campeones de Europa entre clubes de fútbol es de 1956 y la de básquet, de 1958 (y hablamos de un territorio comparativamente pequeño y densamente poblado de personas y de clubes).
Pero no todo es soplar y hacer botellas. La idea de uno de los rivales del fútbol (el criquet) de expandirse lleva tiempo, dinero y requiere astucia, y nos muestra que no es fácil:
Uno de los grandes equipos de la Indian Premier League de cricket afirma estar preparado para sufrir pérdidas «durante años» por sus acuerdos internacionales, defendiendo así su expansión en respuesta a las críticas de que los torneos Twenty20 están debilitando este deporte internacional. Los Rajasthan Royals, entre cuyos inversores se encuentra el consejero delegado de Fox Corporation, Lachlan Murdoch, el grupo estadounidense de capital riesgo RedBird Capital Partners y el inversor Manoj Badale, están entre los que se han embarcado en una serie de adquisiciones internacionales, comprando equipos en el Caribe y en la liga sudafricana.
Los equipos de la IPL poseen más de una docena de franquicias, desde los Emiratos Árabes Unidos hasta Estados Unidos. Pero los críticos creen que el peso global de los equipos de la IPL –algunos de ellos propiedad de grandes conglomerados indios– es demasiado dominante y está arruinando este deporte.4
También hay sorpresas de sentido opuesto, como le ha sucedido a Japón con el Sumo y el béisbol estadounidense:
En 2003, los medios de comunicación se preocupaban por cómo la patria estaba perdiendo el dominio de su deporte nacional: el sumo. A principios de ese año, el último gran campeón yokozuna nacido en Japón se había retirado, y los luchadores extranjeros comenzaban a tomar el relevo. Los grandes mongoles Asashoryu y Hakuho dominarían el deporte durante años, y pasarían otros 15 años antes de que surgiera el siguiente yokozuna nacido en Japón. En aquel entonces, pocos habrían predicho que la historia daría un giro inesperado, de tal manera que un jugador japonés dominaría el gran pasatiempo estadounidense. Y Ohtani es solo el más destacado de una generación de atletas japoneses que están superando todas las expectativas.5
La pregunta es siempre la misma: ¿Por qué los poderosos capitales no pueden imponer su capricho a las masas consumidoras y, por lo tanto, también al devenir de los negocios y la acumulación?
La respuesta es «Hay que competir», porque el organizador de la sociedad es la acumulación privada. Pero no se sabe quién va a ganar. Ni cómo hacerlo.
Sobre cómo entrar en el negocio
Lo que parece una buena idea para algunos es repudiada por otros. El tiempo (y su veredicto económico) resolverá quién es el ganador. Los competidores parecen distraídos, jugar en «otra liga», pero están allí. En simultáneo al Mundial de fútbol se están jugando Wimbledon y cuatro grandes premios de la Fórmula 1 (que suelen convocar entre 300 mil y medio millón de espectadores presenciales cada fin de semana de competencia, más la retrasmisión internacional: Barcelona, Austria, Gran Bretaña y Bélgica). Arjona realizó 20 shows en el Movistar Arena y Lali Espósito convocó en dos noches, en River, a 160 mil personas. Si los penamos desde el sentido, el contenido y las identidades, estos espectáculos no tienen nada que ver entre sí. Pero si los pensamos desde la reproducción de la fuerza de trabajo, desde el disfrute que enormes masas de trabajadores requieren, se encuentran en el mismo rubro: entretenimiento.
Esto es algo que los protagonistas entienden perfectamente. Lo vemos en los shows de entretiempo6, sí, pero también en las adecuaciones que los competidores fuerzan a adoptar. Es mas fácil entender esto a través de los movimientos de un deporte que prácticamente ignoramos:
La Indian Premier League (IPL) reinventó la liga de críquet del país al transformar un «deporte de caballeros» tedioso y repetitivo en un emocionante drama deportivo de tres horas protagonizado por estrellas de Bollywood. Creó un nuevo nicho de mercado conocido como «cricketetainment», donde el críquet se juega y se disfruta de una forma totalmente distinta a la de otros juegos de críquet. Esto generó una enorme demanda entre un público que anteriormente había ignorado o rechazado la forma tradicional del juego.7
Pero nos interrogaba el problema opuesto. No cómo hacer durar lo que ya es un consumo popular amenazado por la competencia, sino cómo se logra ingresar en un nuevo territorio del entretenimiento y el deporte.
Ya dijimos que es más simple modular un consumo pasivo que engendrar las satisfacciones de una práctica corporal. Sería absurdo afirmar que el éxito en un deporte complejo, colectivo y de amplio desarrollo profesional, depende de un solo factor. Están, de un lado, los factores económicos y sociales, la cantidad de dinero que se invierte en infraestructura, en formación y formadores, el nivel de los competidores, etc. De otro lado, los factores biológicos, poco relevantes para indicar ventajas deportivas permanentes.
Hay experiencias de academias deportivas muy exitosas en países no acostumbrados a destacarse en mundiales, como Croacia, Bélgica, Marruecos o Japón, que han conseguido éxitos posteriores en sus seleccionados. Pero a los países de cultura futbolística les ha ido mucho mejor en los últimos años que a Japón. Y la «producción de jugadores» mantiene el mismo sesgo autoperpetuante, el mismo automatismo del consumo cuyo peso es más determinante que las academias y la organización en el terreno de la destrezas corporales combinadas. Algo que se contabiliza en la exportación de jugadores.

Sobre el quid de la cuestión
¿Qué tiene que ver todo esto con el socialismo? Pensamos que, en vez de quejarnos porque el mundo no nos gusta, conviene entender por qué este mundo, tan vitalmente desagradable para algunos, tan pródigo en malestares, no provoca las rebeliones que sería –para nosotros– esperables. Y pensamos que Marx nos ayuda a comprender todo esto.
Claro que no hay en El Capital una verdad transhistórica, trascendental. Lo que hay es una hipótesis consistente para interpretar el funcionamiento de la vida social en el capitalismo. Una hipótesis que podemos contrastar con lo que encontramos en la realidad y verificar si se sostiene. Y si, al sostenerse, nos orienta en el camino a recorrer para la superación de este sistema social.
Marx afirma que este sistema se basa en el intercambio de mercancías con el objeto de acumular crecientemente capital, y que eso sucede mediante la competencia entre propietarios privados. Que eso rige la totalidad del sistema social, que no es lo mismo que decir que determina cada elemento del sistema social, sino que es el criterio organizador. Y desde el inicio de su obra mayor señala que:
La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema. Tampoco se trata aquí de cómo esa cosa satisface esa necesidad humana: de si lo hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, decir, como objeto de disfrute, o a través de un rodeo, como medio de producción.8
Estómago y fantasía se encuentran igualados, no opuestos, en la caracterización de las mercancías. La argumentación avanza definiendo la única mercancía que la clase obrera posee: su fuerza de trabajo. Y determina su valor como el de cualquier otra: los medios (valores) necesarios para producirla, que es lo mismo que los necesarios para reponerla:
La conservación y reproducción constantes de la clase obrera siguen siendo una condición constante para la reproducción del capital. El capitalista puede abandonar confiadamente el desempeño de esa tarea a los instintos de conservación y reproducción de los obreros. Sólo vela por que en lo posible el consumo individual de los mismos se reduzca a lo necesario. (p. 704)
El capitalista vela por no pagar de más (pues la clase obrera podría acumular y ya no estaría obligada a vender su fuerza de trabajo), pero también a no hacerlo de menos (porque no se reproducirían los obreros que necesita para mantener la acumulación a lo largo del tiempo). O sea que:
…el capitalista y su ideólogo, el economista, sólo consideran productiva la parte del consumo individual del obrero que se requiere para la perpetuación de la clase obrera, esto es, aquella parte que de hecho debe consumirse para que el capital consuma la fuerza de trabajo del obrero; lo demás, lo que éste consuma para su propio placer, es consumo improductivo. […] el consumo individual del obrero es improductivo para él mismo, puesto que únicamente reproduce al individuo lleno de necesidades; es productivo para el capitalista y el estado, puesto que es producción de la fuerza que produce la riqueza ajena. (p. 705)
El consumo individual es improductivo (no acumulativo) porque reproduce al individuo lleno de necesidades, sometido a la eterna cantilena del «pan para hoy y hambre para mañana» que deberá paliarse con el reinicio de la venta de su fuerza de trabajo. El texto observa: «La reproducción de la clase obrera implica, a la vez, que la destreza se transmita y acumule de una generación a otra» (p. 706). La reproducción no es la subsistencia orgánica del obrero, sino la reproducción social. Lo que al capitalista le interesa reproducir es el conjunto de destrezas del obrero:
Si el propietario de la fuerza de trabajo ha trabajado en el día de hoy, es necesario que mañana pueda repetir el mismo proceso bajo condiciones iguales de vigor y salud. La suma de los medios de subsistencia, pues, tiene que alcanzar para mantener al individuo laborioso en cuanto tal, en su condición normal de vida. Las necesidades naturales mismas –como alimentación, vestido, calefacción, vivienda, etc.– difieren según las peculiaridades climáticas y las demás condiciones naturales de un país. Por lo demás, hasta el volumen de las llamadas necesidades imprescindibles, así como la índole de su satisfacción, es un producto histórico y depende por tanto en gran parte del nivel cultural de un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres, y por tanto de sus hábitos y aspiraciones vitales. Por oposición a las demás mercancías, pues, la determinación del valor de la fuerza laboral encierra un elemento histórico y moral. Aun así, en un país determinado y en un período determinado, está dado el monto medio de los medios de subsistencia necesarios. […]
Para modificar la naturaleza humana general de manea que adquiera habilidad y destreza en un ramo laboral determinado, que se convierta en una fuerza de trabajo desarrollada y específica, se requiere determinada formación o educación, la que a su vez insume una: suma mayor o menor de equivalentes de mercancías. (pp. 208-9)
Ese «elemento histórico y moral» es clave. Se trata de un «piso» de comodidades y disfrutes en un lugar, un momento y una rama de la producción determinados. Cuando la burguesía determina las canastas de consumo, no sin atención a ese criterio marxista y a este «elemento moral». La reproducción vital exige satisfacer necesidades «del estómago o la fantasía», exige formación y destreza, exige reposición de las condiciones previas para volver a iniciar la entrega de la mercancía (fuerza de trabajo). Esas condiciones son un producto histórico y depende en gran parte de la formación cultural de un país. Y, en tanto producto histórico, no se puede moldear al antojo de nadie ni son predecibles sus cambios, sino que a duras penas obtenemos explicaciones sobre hechos consumados.
Sobre el propósito de este tipo de análisis
Sin atender a ese carácter histórico de los procesos, con sus rasgos culturales indómitos al voluntarismo, no se entiende por qué las empresas quiebran. Nada ejemplifica mejor esta incertidumbre congénita en el capitalismo que lo sucedido a IBM:
IBM no supo percibir la importancia que los ordenadores personales iban a tener en un futuro y, como consecuencia, no puso el énfasis necesario en liderar este mercado. Los directivos de la empresa apostaron porque los ordenadores personales nunca desafiarían el mercado de los grandes ordenadores.9
La empresa que lideró durante décadas (fue fundada en 1914) el manejo de la información compleja no percibió, no puso el énfasis, no apostó por aquello que el consumo de masas determinaría en el futuro. Algo que ahora, con el diario del lunes, nos parece que fue inevitable: las computadoras pequeñas y las redes que las integran.
En ejemplos como este –y en la explicación del funcionamiento que los concreta– se apoya nuestra insistencia: promover un cambio revolucionario mediante el cambio de los consumos nos condena a la marginalidad y el rechazo10.
Como vemos, ni IBM determina el consumo futuro del manejo de datos, ni Xi Jinping y el PC chino las diversiones futuras del pueblo chino. Además, lo que desata las crisis en el capitalismo no es la voluntad de cambiar consumos malos por consumos buenos, sino la imposibilidad de obtener los consumos habituales, esos que históricamente configuran los componentes «morales» de la reproducción. Es justamente la imposibilidad de reproducir la vida como hasta entonces –eso que en economía se llama crisis– la causa de las rebeliones.
Consideramos crucial comprender que el consumo, la reproducción moral de la fuerza de trabajo, se construye de manera material e histórica. Esta es la razón por la cual los intentos de enfrentar al sistema por el lado más estable e impermeable a la voluntad –contraviniendo el disfrute, y colocándose en la misma perspectiva que el capitalismo y sus crisis: la de la privación– son poco inteligentes. Es exactamente la privación, la imposibilidad de realizar esas mismas satisfacciones, lo que llamamos crisis, lo que permite movilizar fuerzas populares, masas obreras, que se sienten violentadas porque el sistema no les permite sus consumos habituales.
Querer imponer un sistema de consumos basado en preferencias personales y caprichos progresistas carece de perspectiva política. Y expresa una clara aspiración de superioridad moral individual.
Los propios estadounidenses reconocen que los consumos cambian de manera impredecible. A veces cambian lentamente (tan lentamente que es difícil discernir si realmente cambian), a veces de manera súbita, a veces cambia algún aspecto discreto y a veces todo se quiebra y reconfigura:
A los escépticos que dicen que la versión estadounidense de los cánticos y canciones de fútbol no es la auténtica, [Les] Back [sociólogo de Glasgow] les dijo que le dieran tiempo.
«Se necesitan dos o tres generaciones para crear una tradición. Pero las tradiciones se crean constantemente».11
No podemos aspirar a quebrar al sistema enredándonos en esta ciénaga, como lo hacen todos los progres que rechazan a la Selección porque no se pronuncia a favor de los burgueses que esos mismos progres adoran.
Tal como sucede con la degradación educativa y cognitiva12, nuestra tarea es señalarla, especificar sus causas y la imposibilidad de superarla en este sistema porque es una consecuencia de su lógica, un resultado apropiado a su existencia y perseverancia.
Por eso no hacemos clubes de lectura. Porque estas gigantescas variables sociales no se corrigen con la voluntad de los seres esclarecidos. Sino con el esclarecimiento de una voluntad que pueda cambiar la situación: la voluntad de los trabajadores organizados.
NOTAS:
1 Sylvia Lebrun, «Ranking Forbes 2025: cuáles son los países con más millonarios», nota publicada en Forbes el 4 de abril de 2025.
2 Jesús Castillo Abascal, «China, el fútbol y Xi Jinping», nota publicada en IberChina en 2016.
3 Administración PSB, «5 razones por las que el baloncesto chino es tan popular», nota publicada en Pro Skills Basketball el 2 de junio de 2024.
4 Benjamin Parkin, «La liga india de críquet se aferra a sus planes de crecimiento», nota publicada en 40 Expansión el 7 de octubre de 2022.
5 Gearoid Reidy, «Lo que dice el éxito de la estrella del béisbol Shohei Ohtani sobre Japón», nota publicada en Bloomberg el 10 de octubre de 2024.
6 Escribimos sobre esto en «El show de Bad Bunny».
7 Equipo de Blue Ocean, «Cómo la Indian Premier League reinventó la Liga de Cricket», nota publicada en The Blue Ocean Strategy.
8 Karl Marx, El Capital (Crítica de la economía política), trad. Pedro Scaron, México, Siglo XXI, Tomo I, 2008, p. 43. En adelante, el número de página entre paréntesis corresponde esta edición.
9 Juan Ignacio Martín Castilla, «IBM y el proceso de transformación a una empresa de servicios», Úniversidad Autónoma de Madrid, 2007.
10 Como prueba de nuestra insistencia: a) «El arte del trotskismo: ¿Cómo se supone que el arte sería un factor de cambio?»; b) «La solución y los imprescindibles (O por qué la cultura y el arte no son una vía factible para cambiar el mundo)»; c) «El dilema de Camus: desventuras del intelectual comprometido»; d) «La seducción literaria, 1: Clara Ramas y el tiempo perdido»; e) «La seducción literaria, 2: confundir satisfacciones culturales con tareas políticas»; f) «Cine: una de esas mercancías que nos resistimos a ver como mercancías»; g) «Cine II: la venganza de la IA»; h) «El Conde: una película chilena y una metáfora universal»; i) «Nadie se salva solo: un eslogan burgués para la unidad nacional»; j) «¿Pensar como Norman Bates o como Sarah Connor? (Presentación del libro Historia de los trabajadores del fútbol, de Ricardo Maldonado)»; k) «Como Marx y el Chiqui Tapia: Indio Solari, intelectual».
11 Patrick Iversen, «¿Cómo se originan los cánticos de fútbol? ¿Y funcionan en la cultura de los aficionados estadounidenses?», nota publicada en el suplemento deportivo del NYT el 6 de julio de 2026.
12 Véase: a) «Ludditas digitales, 1: Pantallas y degradación educativa»; b) «Ludditas digitales, 2: Pantallas y degradación social»; c) «La pobreza incalculada, 1: Fetichismo de la mercancía y degradación de las relaciones sociales»; d) «La pobreza incalculada, 2: Subsunción real y degradación cognitiva». e) «Puto el que lee: Haters y capitalismo».




