EL SHOW DE BAD BUNNY: Si queremos derrotar a la burguesía tendremos que pensar los fenómenos con su misma seriedad

A mediados de 2001, es decir hace ya un cuarto de siglo, Rodrigo Fresán recibió de esta manera el por entonces nuevo disco de Manu Chao:

…ya sabía quién era Manu Chao: algo así como un millonario que la juega de pobre para feliz e ingenuo consumo de la clase media bien pensante, siempre dispuesta a besar en la boca y abrirse de piernas a todo aquel que sepa escribir la palabra utopía. Ahí va y ahí viene Manu: ex pie negro royal con ganas de ser sudaca cinco estrellas, confeccionador astuto de collages sónicos folk (cosa que Roger “Pink Floyd” Waters viene haciendo hace siglos) más cercanos a la porro-music y feliz evangelista de la pachanga con canciones como “Me gustas tú” que muy otra sería la historia si vinieran firmadas por Palito “Chevecha” Ortega. Aquí, en esta canción, me parece, es donde mejor se revela –a su pesar– la estrategia de Manu Chao: un single pegadizo cuya letra se preocupa por incluir a todo y a todos, para que todos y todo se queden conformes, mencionados, parte del viaje. […]

Mientras tanto, Manu Chao da entrevistas tamizadas de consignas revolucionarias (“no tengo teléfono móvil”) y se rodea de su “pandillita”. Grietas en el paraíso: los periodistas que se sorprendieron de que las copias de Próxima estación: Esperanza estuvieran retocadas con subidas y bajadas de sonido para evitar la piratería (teniendo en cuenta que Manu es un paladín de la música en libertad), o de que Chao le mandara a un miembro de su pandillita –según consta en entrevista publicada por el suplemento Tentaciones del diario El País– un abogado amenazante para impedir la salida de un libro escrito a deux. […] Y la cada vez más enorme pandillita aplaude, porque no hay nada más lindo que te paguen por viajar, por ser extranjero.[1]

“No hay nada más lindo que te paguen por ser extranjero”, podría decir por estos días Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny. Al igual que ocurrió con la serie El Eternauta (“golpe simbólico objetivo contra el gobierno de Milei”, llegó a escribirse)[2], el show de Bad Bunny en el medio tiempo del Súper Tazón fue interpretado por el arco progresista y la izquierda hegemonizada por el trotskismo como una “fisura en el relato represivo”[3], un “síntoma de cómo la cultura latina ya no puede ser ignorada, blanqueada ni domesticada por la industria cultural estadounidense”[4] y un ejemplo del carácter “de clase” que poseen ciertos “ritmos” (como el reguetón), capaces de manifestar líricamente “ideas que los poderosos preferirían que estén muertas, como el orgullo nacional y la pelea anticolonial”[5].

A contramano de esos aplausos y ayuno de todo temor ante la supuesta inminencia de una revolución latina y plebeya, el New York Times, principal diario de los EE. UU., celebró la visión de negocios de la National Football League:

Una decisión fácil se convirtió en un golpe maestro de la NFL

La selección de Bad Bunny por parte de la NFL como cabeza de cartel del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX fue una de las decisiones comerciales más sencillas en la historia del capitalismo. En 2025, el cantante y rapero puertorriqueño fue el artista con más reproducciones del mundo por cuarta vez. Que la liga deportiva más popular de Estados Unidos contratara a uno de los músicos más populares del país para su evento estrella no es, en términos puramente comerciales, tan interesante. Claro que estos dos se encontrarían. La NFL ve a Bad Bunny como el futuro.

Pero como los dioses del dinero siempre le sonríen a la NFL, su elección de Bad Bunny ha resultado incluso mejor de lo que la liga probablemente había planeado. Lo que sin duda era una simple transacción común y corriente ahora parece una auténtica genialidad de marketing. Y no solo porque Bad Bunny ganó el Álbum del Año, entre otros honores, en los Premios Grammy el fin de semana pasado. Retrocedamos.

En septiembre, la noticia de la selección de Bad Bunny generó una importante reacción conservadora. El programa Turning Point USA de Erika Kirk anunció que contraprogramaría su espectáculo de medio tiempo, que finalmente encabezaría Kid Rock. Al ser preguntada sobre la NFL y Bad Bunny, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, le dijo a un podcaster de derecha : “Son horribles, y ganaremos”. La secretaria aseguró a los oyentes que los ejecutivos de la NFL “no podrán dormir por las noches”. El presidente Donald Trump ha alternado entre calificar a Bad Bunny de “absolutamente ridícula” y decir que nunca había oído hablar de él.

La NFL se sintió cómoda soportando la “polémica”, en la medida en que llegó a serlo. El lenguaje de la NFL es económico. A nivel mundial, Bad Bunny es más popular que la propia NFL, y ficharlo fue un golpe de marketing, sobre todo porque la liga ha priorizado el crecimiento de su afición latina .

En resumen: La NFL da la impresión de haber estado al tanto del público estadounidense desde el principio, sin hacer nada más difícil que escuchar la recomendación de Jay-Z de hacer la elección más obvia imaginable. Roger Goodell tiene el trabajo más fácil del mundo.[6]

Como toda actividad social, el arte y la cultura deben servir al organizador social predominante. No son actividades transhistóricas y perennes. En una sociedad centrada en la valorización del valor, el arte y la cultura deben servir a alguna de las tres tareas dirigidas al conjunto de la vida social:

a) Valorizar valor, acumular ganancias, es decir, ser una mercancía.

b) Reproducir fuerza de trabajo al menor costo posible, ser insumo indispensable, “elemento histórico y moral” de dicha reproducción.

c) Para no entorpecer (a), funcionar en los intersticios e insidiosamente, un “No lo saben, pero lo hacen” que ratifica, en acto, el modo histórico de organización social vigente.

En suma, no importa el contenido de los productos culturales sino su forma mercantil: cómo se produce, cómo se consume[7]. Porque los productos del arte y la cultura pueblan el lugar de la satisfacción corporal. Una satisfacción que en el capitalismo se colma mediante mercancías[8].

Nuestra tarea como militantes socialistas no es decirles a otros trabajadores qué música escuchar, cómo deben bailar o divertirse ni qué películas o series ver. Dejemos de confundir las satisfacciones del cuerpo con los medios de lucha: la necesidad de bailar puede ser motor de una lucha puntual, pero el perreo no es un medio de lucha en ningún caso. Los medios de lucha pasan por la organización de voluntades, la acción directa por reivindicaciones mínimas, el debate en torno a un programa político, la elaboración de una estrategia de poder.[9]

La demanda de interpretación propia, por parte del progresismo y la izquierda trotskista, omite la polisemia estructural de los productos culturales. Esta polisemia dificulta y aun atenta contra las acciones colectivas rupturistas, sostenidas y conscientes[10]. Las rupturas en las líneas de continuidad culturales (que le den un Grammy a un disco en español o un Oscar a una película en coreano[11]) solo expresan continuidades en las líneas de funcionamiento mercantiles (la incorporación de un público nuevo al mercado).

La fascinación por las formas nuevas esconde –y hace más potente– la continuidad del viejo fondo: la acumulación como ordenador social y sus consecuencias lógicas e inevitables bajo esa lógica social.


[1] Rodrigo Fresán, “Los extranjeros”, nota publicada en el suplemento Radar de Página/12, el 1 de junio de 2001.

[2] Ver al respecto “Nadie se salva solo: un slogan burgués para la unidad nacional” y su nota asociada, “ELECCIONES: después del éxito de El Eternauta, todo sigue para atrás”.

[3] Mariela Pozzi, “¿Un show puede fortalecer la organización contra el ICE?”, nota publicada en La Izquierda Diario el 9 de febrero de 2026. Ver también “El show latino de Bad Bunny en el Super Bowl y la furia del deportador Trump”, nota firmada por Nazareno Souzzi y publicada en Prensa Obrera el 9 de febrero de 2026.

[4] Antonio Paez, “Bad Bunny, cultura latina y contradicción del imperio”, nota publicada en La Izquierda Diario el 9 de febrero de 2026.

[5] La cita proviene de esta columna radiofónica de Celeste Murillo, en el programa El Círculo Rojo, del PTS.

[6] Alex Kirshner y Matt Piper, “Bad Bunny significa mucho dinero…”, nota publicada en The New York Times el 8 de febrero de 2026.

[7] Aquí recomendamos leer “La solución y los imprescindibles (Por qué la cultura y el arte no son una vía factible para cambiar el mundo)”; “El agua y la mercancía: cómo el progresismo sustituye la verdad por lo agradable”.

[8] Véase, por ejemplo, “CINE: una de esas mercancías que nos resistimos a ver como mercancías”.

[9] Desplegamos estos problemas en varias charlas que puede ser escuchadas en YouTube: “Poesía y política: la exageración como consuelo de los desesperados”; “Cultura y socialismo: la deriva de la izquierda en política cultural”.

[10] Sobre este problema, “El dilema de Camus: desventuras del intelectual comprometido” y El Conde: una película chilena y una metáfora universal”.

[11] Escribimos sobre Parásitos (2019), dirigida por Bong Joon Ho, que en 2020 se convirtió en la primera película de habla no inglesa en ganar el Oscar a Mejor película, en “Los contrastes de una obra que contrasta ferozmente nuestras expectativas”. Sobre la huelga de actores y guionistas de Hollywood, sus reivindicaciones y el avance de la lógica mercantil en terrenos que se consideraban “sagrados” (como el arte), las dos partes de “El gremialista Aquiles y el socialista Ulises”.

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