Vamos a comentar algunas notas cuya lectura completa nos brinda información precisa e importante para comprender con mayor profundidad de qué se trata la reforma laboral en debate. También vamos a comentar algunas convocatorias a enfrentarla, por parte de diversos grupos del hegemónico trotskismo, enfrentamiento que por supuesto consideramos necesario.
Pero también vamos a subrayar, en relación con esas notas y convocatorias, que no habrá posibilidad de éxito si no abordamos dos cuestiones indispensables: la lucha contra las direcciones políticas burguesas y la construcción consistente de unidad entre los militantes socialistas. En otras palabras, consideramos esenciales y no anecdóticas estas dos tareas impostergables: enfrentar al peronismo y buscar la unidad de la vanguardia de la clase trabajadora.
Historizar nuestras derrotas
Como se ha explicado en varios artículos (nuestros y ajenos), una parte sustancial de la reforma ya fue concretada de hecho, por el nivel de precarización, la cantidad de contratados que el propio Estado burgués mantiene en su staff durante años, las innumerables trampas y volteretas que también el Estado realiza con la liquidación de sueldos, la aparición de las aplicaciones y los emprendedores como forma aún más precaria de trabajo, etc. Todo esto significa que lo que el peronismo avanzó en liquidar durante la década del 90, continuando la tarea de la dictadura en los 70 (a su vez iniciada por el peronismo con el Rodrigazo y la Triple A), hoy tiene gran parte del camino realizado.
Es cierto y no es poco (lo señalan algunas de las notas que mencionamos abajo) que el pasaje de lo factual a lo legal es un gran retroceso, un escalón más, pero mayúsculo, en la caída de las condiciones de vida de la clase trabajadora, que lleva medio siglo de espiral descendente. Sin embargo, consideramos que ni el luchismo divisionista ni la postergación de la denuncia de la fuerza que conduce y hunde a la clase trabajadora desde hace décadas son el camino que nuestra clase debe tomar.
En el copete de “La reforma laboral: reforzando la esclavitud asalariada” aparece un interrogante clave: ¿Qué transformaciones estructurales busca consolidar la administración de Milei? Y, aunque en apariencia insinúa cuánto han avanzado ya los distintos gobiernos burgueses en derribar conquistas obreras durante las últimas décadas, resulta que el interrogante no toca al peronismo:
este proyecto no es un hecho aislado, sino el tercer eslabón en una estrategia persistente de desregulación del mercado de trabajo, constituye la tercera gran ofensiva del Gobierno Nacional para transformar profundamente la legislación laboral argentina.
Un texto así, necesario por la información técnica que presenta, se posiciona de manera parcial recortando al gobierno de Milei de los gobiernos anteriores. Coincidimos con la perspectiva estratégica que describe:
¿Cuál es el eje articulador que vincula la totalidad o la mayoría de sus artículos? El objetivo principal consiste en incrementar la subordinación del trabajo al capital, para que las empresas puedan organizar, con la mayor libertad posible, el proceso de trabajo, de acuerdo con sus intereses y las fluctuantes exigencias del mercado. Las patronales aspiran a disponer de la mano de obra a su entera voluntad, pretenden establecer las condiciones de trabajo sin obstáculos de ninguna índole o con mínimas restricciones. (…) Lo que el proyecto de “Modernización Laboral” busca es acentuar la soberanía patronal sobre el espacio y el tiempo de la producción.
Pero no podemos aceptar que esa perspectiva se recorte a los últimos 26 meses. El texto, firmado por el compañero Alejandro Belkin[1], prosigue de esta manera:
¿qué son las conquistas obreras? Precisamente, con ese término nos referimos a los límites impuestos por la clase trabajadora a la libre utilización de la mano de obra por parte del capital. (…) De esta manera, la burguesía fue obligada, por la fuerza organizada del proletariado, a tener en cuenta los intereses vitales de la clase trabajadora, restringiendo así sus márgenes de acción.
Y precisa, más adelante:
la clase obrera ha luchado también por el libre funcionamiento de sus organizaciones, para contar con las herramientas necesarias que le permitan resguardar las conquistas obtenidas. Sin organización no hay conquistas. Conocedora de este vínculo, entre conquistas y organización, la burguesía pretende debilitar el poder de los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados y, más en general, obstaculizar toda forma de organización obrera. Por diversas vías, la ley de reforma laboral entorpece y/o penaliza la acción sindical (art. 133, 134 y 143). De esta forma, se pretende maniatar a la clase trabajadora, para imponer la reforma laboral, pero más aún, que no se pueda rebelar en el futuro, cristalizando una nueva correlación de fuerzas entre burguesía y proletariado. De aprobarse esta nueva reglamentación, la clase trabajadora perdería todo derecho a organizarse y protestar libremente. Al atacar la cuota sindical, limitar el derecho a huelga (servicios esenciales) y fomentar la figura del “colaborador” independiente, el proyecto busca que no haya un “nosotros” que pueda decir que no. Si no hay organización colectiva, el abuso individual se vuelve la norma y, con el tiempo, se naturaliza.
El estruendo de la omisión ensordece. El mismo artículo observa que la burguesía integra el 3% de la población. ¿Cómo es posible que esa ínfima minoría someta a la inmensa mayoría trabajadora? Al formular el problema de esta manera, la responsabilidad recae en la propia clase obrera, que vota mal. Ya que lo omitido es, nada más y nada menos, que el peronismo: el gran flexibilizador de los 90, el perseguidor de activistas y cazador de zurdos de los 70, el perpetrador de masacres y asesino de compañeros, el incesante precarizador de este siglo.
Junto con el peronismo desaparece un protagonista inocultable en esa posibilidad de sometimiento y su realidad consumada: la burocracia sindical peronista. Es cierto que el texto de la nota que comentamos reconoce el marco desfavorable de la disputa:
Más que una ruptura, la reforma laboral institucionaliza y profundiza tendencias preexistentes, dándoles un marco legal definitivo a la inestabilidad del trabajador. En la actualidad, cerca de la mitad de los trabajadores ocupados (47,2%) son asalariados registrados, la otra mitad son cuentapropistas (25,4%) y asalariados no registrados (27,4%). Es decir, desde hace años avanza una reforma laboral de hecho (con la complicidad de los gobiernos de turno y los jerarcas sindicales), la administración de Milei quiere profundizar aún más este proceso.
Sin embargo, la nota no dice nada acerca del partido que ha gobernado el país en 28 de los últimos 37 años. En todo el texto hay únicamente dos nombres propios: Milei y Sturzenegger. Pero Milei (con 2 años y 2 meses en el gobierno) intenta consolidar una tarea en la que se ha avanzado, y mucho, previamente.
¿A qué se debe ese recorte de la historia reciente?
Combatir al peronismo
En el mismo portal de noticias, ANRED, hay otras dos notas sobre la reforma laboral. Una, titulada “La Reforma Laboral que prepara el gobierno de Milei: salarios ‘dinámicos’, más bajos que nunca” y firmada por Indymedia Trabajadores/as, sólo se refiere a los dichos y propuestas del “secretario de Trabajo Julio Cordero, hombre del Grupo Techint”. Como en el caso anterior, tampoco menciona a la burocracia ni al peronismo. Apenas sugiere, elípticamente, que existen una “oposición” y unas “estadísticas”, es decir un pasado, pero no se detallan los años ni los gobiernos:
los diputados opositores criticaron la gestión gubernamental y señalaron las estadísticas de cierre de empresas, el incremento de la informalidad laboral, la pérdida de puestos de trabajo en el sector privado en general y el industrial en particular
En la tercera nota, “La reforma laboral: una ofensiva contra la clase trabajadora”, firmada por Julia Soul, se acentúa la tendencia que combina la abstracciones sutiles del marco teórico con una asombrosa evasión de la situación concreta. Por ejemplo, esta esclarecedora mención a la estructura de clases:
Los avances del gobierno para aprobar e implementar una “reforma laboral” no son un rayo en una noche serena. De hecho, el proyecto de (contra)reforma laboral es parte de una batería de prácticas, políticas, anuncios y tendencias que le dan forma a lo que podemos caracterizar como una ofensiva de la clase dominante sobre el conjunto de la clase trabajadora.
Por ejemplo, esta correcta indicación de la dinámica general del capital:
Las razones profundas de esta ofensiva no deben buscarse en un gobierno, ni siquiera en elencos políticos particulares o en supuestos “proyectos de país”, sino en los problemas que enfrentan periódicamente los capitalistas para realizar sus ganancias y acumular capital de forma más o menos estable y duradera.
Por ejemplo, esta necesaria ubicación del problema en el plano, más general y necesario, de la economía internacional:
Varios países de América Latina (como Brasil) ya atravesaron reformas laborales regresivas en esta etapa, la propia burguesía argentina viene insistiendo con esta necesidad desde hace por lo menos diez años (con el gobierno de Macri).
Pero el único nombre relevante de los últimos diez años parece ser Macri. Y, luego, se llega a la misma conclusión, abstraída de toda posibilidad de concreción:
Estos cambios, por un lado, desorganizan a la clase: la fuerza de ciertas reivindicaciones y la eficacia de algunas tácticas de organización se pierden. Pero, por otro lado, se producen nuevas “posiciones estratégicas” que abonan a la reorganización. La tarea de identificar y comprender estas tendencias y sus consecuencias es fundamental para una intervención político-sindical que permita recomponer fuerzas y reconstruir poder colectivo de los trabajadores sobre los procesos productivos. La organización en este terreno –y la productividad política que supone– es un aspecto fundamental en la construcción de una estrategia que avance en la superación del capitalismo como modo de organizar la producción y la reproducción de la sociedad.
¿Y el peronismo? ¿Y la burocracia sindical peronista? ¿No juegan ningún papel en “la organización en este terreno –y la productividad política que supone–”?
Generalizar la desconfianza
En las últimas elecciones, el gobierno obtuvo 9.437.860 votos, es decir 25,8%, de un padrón de 36.471.355: 1 de cada 4 adultos. El peronismo, Fuerza Patria, obtuvo 7.533.459 votos, o sea el 20,6% del padrón: 1 adulto de cada 5. No obstante, la importancia del peronismo en las organizaciones obreras es mucho mayor. En gran parte porque allí, bajo el control dictatorial del peronismo, no hay democracia.
El hecho de que la burocracia sindical peronista no sólo actúe a favor de la burguesía, sino que muchos de sus representantes sean parte de esa misma clase explotadora, es una de las cartas triunfales que posee el proyecto de reforma laboral. Si este proyecto avanza es porque, por un lado, grandes sectores de la clase trabajadora no tienen ninguna cobertura sindical, y, por otro lado, porque quienes sí la tienen son cada vez más conscientes de que la conducción peronista dirige únicamente hacia la derrota.
Si respetamos esa placa de hormigón, esa gigantesca lápida del peronismo y la burocracia sindical, si encima la convocamos a hacer lo que no hace ni quiere hacer, nos posicionamos en contra de la creciente desconfianza de los propios trabajadores en su histórica conducción burguesa.
Y para nosotros, militantes socialistas, son positivos el incremento de esa desconfianza y la profundización de esa ruptura. Una de nuestras tareas es, precisamente, promover la desconfianza generalizada en las conducciones burguesas[2].
Pulir las preguntas en sentido socialista
Además de la reforma laboral, hay otra disputa entre las dos perspectivas que dibujamos hasta acá: a quién se le adjudica la responsabilidad por este avance de la burguesía sobre los trabajadores. ¿A la falta de inteligencia de la propia clase obrera, a su incapacidad para comprender el significado de esta reforma? ¿O a su desconfianza (efecto de una larga y previa confianza defraudada) en la burocracia sindical, en su autoritarismo y en su partido de referencia, el partido peronista?
En otras palabras, ¿el problema es que los trabajadores ignoran la situación actual? ¿O el problema es que desconfían precisamente porque conocen cuál es la situación? ¿Nuestra clase cree que la reforma va a crear trabajo? ¿O descree que la burocracia pueda hacer algo serio en contra de la reforma?
Es muy necesario contribuir a que la intuición correcta sobre la reforma (una reforma que es contraria a los intereses de la clase trabajadora) sea cada vez más aguda, más profunda y esté mejor argumentada. Por eso difundimos las tres notas del comienzo.
Pero no sería productivo, nos parece, si no acompañáramos esas notas con la misma actitud de afilar y argumentar la urgente necesidad de romper con la burguesía de conjunto. Esto es, repudiar al socio menor, al policía “bueno” de la saga: el peronismo y “su” burocracia sindical.
No seguir el programa transicional
Mientras tanto, en la federación trotskista, el MST, a través del comunicado de ANCLA, anuncia:
La izquierda y los sectores combativos tenemos la responsabilidad de lograr una potente convocatoria unitaria, diversa y amplia contra el paquete reaccionario, combativa y con continuidad. Que no solo reclame el necesario paro general activo, sino que organice desde cada lugar de trabajo, barrio y lugar de estudio la mayor unidad para movilizar.
La grandilocuencia de lo pequeño no llama a la lucha sino a la risa. Hoy “la izquierda y los sectores combativos” no podemos tener “la responsabilidad”, es decir, la obligación y la capacidad, de “lograr una potente convocatoria unitaria”, que organice “en cada lugar de trabajo” (o, al menos, en algún lugar) “la mayor unidad para movilizar”. Mucho menos estamos en condiciones de garantizar la continuidad de semejante convocatoria en un “paro general activo” que únicamente la CGT podría organizar (y no sólo no está dispuesta a hacerlo, sino que ni siquiera es seguro que pudiere concretarlo).
No se trata de un desliz semántico o una exageración involuntaria. Se trata de una torsión política propia de las organizaciones preponderantes en la izquierda: las trotskistas. Estas organizaciones prefieren hablar de una “responsabilidad” imposible como si fuera el ejercicio de un conjuro para evitar (o, al menos, contener) el divisionismo permanente en el que vive el espacio de “la izquierda y los sectores combativos”. Así, inmediatamente después de ese llamado a lo que no se quiere y no se puede, el MST declara y denuncia:
Desde el Cabildo Abierto en el Hospital Garrahan junto a organizaciones y sectores de la salud, discapacidad, universidades y otros vamos a reunirnos el jueves 4 a las 16 hs en el Hospital para organizar una convocatoria abierta y una fuerte columna para marchar al Congreso. Reunión que está convocada desde hace varias semanas por muchos de los sectores que venimos apoyando el conflicto, donde sus trabajadores siguen peleando por la nulidad de los sumarios contra los dirigentes y activistas de esta lucha que logró torcerle el brazo al gobierno y arrancar un importante aumento salarial. Y por la aplicación de las leyes que se consiguieron y Milei ningunea.
Nuestra corriente sindical ANCLA, a la par que trabaja para lograr una reunión potente y diversa junto a los organizadores del Cabildo del 4F, para empujar la mayor movilización contra la reforma, ha venido planteando la necesidad de la mayor confluencia para pelear por el paro, la movilización y el plan de lucha. Lamentablemente, cuando llevamos ese debate a la mesa del Frente de Izquierda y de los Trabajadores- Unidad, el Partido Obrero con la anuencia de Izquierda Socialista, como tantas otras veces se negaron a que sea el FIT-U, referencia fundamental de la izquierda en el país, quien articule una mayor unidad, planteando que esa convocatoria debía limitarse a un perfil sindical. Y, sobre todo, pretendiendo que la izquierda y todas las demás organizaciones y colectivos que están luchando contra Milei se subordinen a un esquema encabezado por las banderas del SUTNA y de los ferroviarios de Haedo, como lo hicieron el día 18 de diciembre en ocasión de la columna independiente que marchó a Plaza de Mayo y terminó alejada de los trabajadores que ocupaban la Plaza y en total marginalidad.
Esta política muy equivocada se repite sistemáticamente cada vez que se necesita articular un polo convocante multisectorial, ya que el PO e IS pretenden encabezar siempre a través de estos dos sectores sindicales donde actúan, subordinando al resto. Cuando tanto el SUTNA en su realidad actual como la UF Haedo, no referencian al conjunto ni tampoco contienen a todas las corrientes y sectores, varias incluso integrando la oposición interna combativa en esos sindicatos, por lo tanto, distan de ser “hegemónicos”. Por ello esta propuesta de subordinación a como dé lugar, es divisionista y atenta contra el desarrollo de una coordinación genuina. Para poder lograr un reagrupamiento que se plantee articular y movilizar debe haber unidad en la diversidad y se tiene que reflejar y contener a todos los sectores tanto en los aspectos políticos como organizativos.
Esta misma política equivocada, de limitar la convocatoria a un perfil social y subordinar a la izquierda y a los demás colectivos (ambientales, de salud, derechos humanos, cultura, etc.) que vienen luchando contra el paquetazo de Milei, es ese esquema de falso hegemonismo alejado de la realidad, que fue sostenido en la Mesa del PSC (Plenario del Sindicalismo Combativo) por estas dos corrientes, con el agravante que lanzaron una convocatoria para una reunión en Pque. Lezama el día 2 F, sin el consenso de la Mesa. Sin que se traslade este debate a los diferentes sectores y cuando expresamente nuestra corriente se manifestó en desacuerdo por el carácter de la “autoconvocatoria” y por imponer una fecha muy próxima al Cabildo Abierto del Garrahan. Así no solo no se ayuda a la unidad y coordinación, sino que se ponen en riesgo los espacios ya existentes al imponer un método burocrático de funcionamiento.
Tras afirmar, con una retórica de epopeya trascendental, “la responsabilidad de lograr una potente convocatoria unitaria”, pasamos sin solución de continuidad a la vida real, en la que se multiplican los kioscos de convocatorias sectoriales, la exhibición de cada grupo con su listado de dirigentes y los pases de factura entre organizaciones que responden a un mismo programa, una misma tradición y distintos aparatos.
Esto es consecuente con lo que ya hemos mencionado en otras notas y charlas: quienes se proponen electoralmente para conducir el país (aunque, en realidad, sólo esperan obtener diputados), entre elección y elección no pueden ponerse de acuerdo ni siquiera en elegir la misma plaza para hacer una reunión[3].
Veamos otra convocatoria. El Partido Obrero la titula, con inocultable orgullo (o autocomplacencia), “Lunes 2/2 a las 17: gran autoconvocatoria independiente en Parque Lezama para preparar la movilización el día que se trate la reforma laboral”:
Gran iniciativa por paro activo nacional para que no pase la reforma esclavista. Habrá otras reuniones similares en distintas provincias.
La mesa de este plenario combativo resolvió por acuerdo mayoritario impulsar una reunión abierta el próximo 2 de febrero por la tarde en el Parque Lezama para el AMBA, al tiempo que se realizarán encuentros de diverso orden en muchas provincias. Mediante una declaración con título “Abajo la reforma laboral esclavista. Impulsemos paro activo nacional el 11 y plan de lucha para derrotarla”, el Plenario llama a “una gran autoconvocatoria independiente (…) junto a otras organizaciones sindicales, sociales y de jubilados, de derechos humanos, del movimiento de las mujeres y diversidades, de la cultura y la intelectualidad, estudiantes que compartan este programa”. El propósito de poner en marcha un gran reagrupamiento contrasta con la total ausencia de iniciativas por parte de la burocracia sindical. Es muy significativo que no exista ninguna convocatoria por parte de la CGT a pocos días del tratamiento de una contrarreforma que busca reventar conquistas históricas de nuestra clase obrera, para abrir paso a un reforzamiento del despotismo y la superexplotación patronal. La CGT no convoca siquiera “para disimular”; no es por “debilidad”, sino por su colaboracionismo, primero integrando el Consejo de Mayo y ahora rogando ser llamada a “dialogar” sobre una reforma que no admite otra cosa que el rechazo de plano. Barrionuevo, el repugnante jerarca de gastronómicos, tiene como única virtud la franqueza: en un reciente programa televisivo manifestó claramente la deliberada y completa colaboración de la CGT con el gobierno, mediante las paritarias a la baja y, ahora, con la reforma. A la vez, muchas alas sindicales que coquetearon con promover alguna acción “a pesar de la CGT” no pasaron de las palabras. La reunión convocada por Abel Furlán de la UOM, que incluyó entre otros a Daniel Yofra de Aceiteros, no planteó acción alguna, y reivindicó en un comunicado “el respaldo total a las gestiones de los cosecretarios generales de la CGT”. Las CTA tampoco están convocando a acción alguna, totalmente a la rastra de la orientación de la CGT y el PJ, que dará “testimonio” con un proyecto alternativo a sabiendas de que pierde. Cumplen, de este modo, la función de contener una respuesta popular a la guerra que nos declararon.
La clase trabajadora no puede dar testimonio: necesitamos una acción histórica, con los métodos que corresponden para enfrentar tamaño ataque. Ahí está el valor de la iniciativa del Plenario, que también destaca en su declaración que “impulsamos asambleas y plenarios de delegados” para discutir el paro y el plan de lucha hasta derrotar todo el plan de Milei.
Como se desprende en forma evidente del texto acordado, no estamos frente a una iniciativa de autoproclamación: por eso, la deliberada referencia a poner en pie una “autoconvocatoria”. Desde este primer paso, queremos dar impulso a una gran campaña para sumar más y más organizaciones, más y más compañeros y compañeras, al primer objetivo de desbordar las calles el día que se trate en el Senado (tal vez el 10), y rodear el Congreso para rechazar cualquier tratamiento. A la vez, no se hace en el vacío, ya que sin un programa propio estaríamos sujetos a maniobras de todo tipo. Frente a la entrega histórica de la burocracia sindical, el sindicalismo combativo tiene que tomar la iniciativa. Así lo destacaron en las reuniones de mesa muchos de los principales dirigentes de AGD-UBA, Unión Ferroviaria Seccional Oeste, Ademys, Sutna, Uepc Córdoba, Adosac, Aten Plottier, ATE Garrahan, Apuba Sociales, movimiento piquetero y jubilados en lucha, con el Polo y el PTJ a la cabeza. Las reuniones también sirvieron para “abrazar” a las principales luchas del momento, como Doctor Ahorro y Lustramax, que participaron con sendas delegaciones. Estuvo invitado también el Sitrarrepa. Aten Neuquén fue parte de la reunión y reivindicó su pertenencia, aunque fijó una posición contraria a la puesta en pie de columnas independientes. Será un debate que continuará, como otros que se desarrollaron. Pero, ahora, el principal objetivo de este plenario debe ser interesar a la mayor cantidad de organizaciones posibles para confluir en una campaña y una acción que enfrente de verdad a la reforma de Milei y las patronales. Manos a la obra.
La estrategia es tan elemental como infértil. Cada grupo trotskista sabe que, muy probablemente, no habrá en el corto plazo una gran lucha gremial contra la reforma, es decir, una acción como la que está agitando. Y no la habrá porque, por un lado, la CGT no la va a convocar porque está negociando –como de costumbre– la modificación de algunos artículos que le interesan; por otro lado, el movimiento obrero desconfía del peronismo como conducción política, se halla además sindicalmente fragmentado a causa del pacto de las centrales con la burguesía.
A todo eso, la izquierda le suma su propia negativa a (tal vez su imposibilidad de) realizar un acuerdo básico para unificar la convocatoria: una misma plaza, a la misma hora. A falta de número y potencia, un acto así pondría al menos de manifiesto la unidad. Pero, en cambio, lo que hace el trotskismo es utilizar la tragedia que se nos viene encima para exponer el luchismo sectario como método de construcción política.
De esta manera, lo que el trotskismo deja ver es que sus direcciones son plenamente conscientes de que no sucederá nada de lo que están agitando. Cada grupo reúne a los suyos para poder decirles: “La culpa es de los otros”.
En medio de este lamentable espectáculo, aparece una tercera convocatoria. La del PTS:
Milei busca imponer una contra-reforma laboral esclavista, que elimina de un plumazo derechos y conquistas conseguidas por el movimiento obrero a lo largo de más de un siglo. No es modernización sino esclavitud laboral. (…)
El gobierno está comprando a los gobernadores y políticos patronales para conseguir aprobarla, y muchos medios empresarios dan por hecho que conseguirán los votos para su sanción.
Es la clase trabajadora en su conjunto la que debe ganar las calles, yendo al paro nacional el día que se trate, con movilización en todo el país, y con continuidad en un plan de acciones coordinadas y crecientes, único modo de ponerle un freno a este ataque contra derechos fundamentales. Un sector de dirigentes de la CGT está negociando hasta con las cámaras empresarias, y ninguna de las centrales han convocado aún a medidas para enfrentar este ataque.
Si las y los trabajadores detenemos la producción el mundo no funciona, si quieren avanzar sobre nuestras condiciones de vida podemos enfrentarlos. Sin laburantes no hay colectivos, ni recolección de basura, ni se limpian las casas de los patrones o los senadores y diputados, no se mueven los barcos, porque todo funciona con nuestro trabajo.
La CGT y las CTAs deben convocar a un paro nacional y movilización el día que se trate la reforma en el Congreso, y un plan de lucha hasta que caiga el conjunto del plan esclavista. Y para eso hay que impulsarlo y construirlo por abajo, en las luchas, en los espacios de reagrupamiento y en cada asamblea, plenario o instancia en que sea posible plantearlo. Deben irrumpir las bases ampliamente, como sucedió otras veces ante amenazas semejantes.
Los Aceiteros ya resolvieron ir a la huelga el día que se trate la ley, algo que podemos y debemos plantearnos muchas otras organizaciones obreras. También otros sectores vienen planteando que se debe ir a la huelga. Si las cúpulas de los sindicatos no convocan al paro para ese día, hay que pujar para que la bronca se exprese del modo que sea necesario.
En primer lugar, el texto confunde: los gobernadores no son “comprados”, sino parte de la clase que se beneficiará con la reforma; las diferencias que eventualmente tienen entre sí son circunstanciales. Segundo, plantea deberes abstractos e inciertos: la CGT y la CTA deben… Tercero, reconoce que es improbable que suceda (si las cúpulas de los sindicatos no convocan…) y, en todo caso, para que suceda es necesario algo que no hay en este momento (impulso desde abajo).
De ese modo, planteando una cosa y la contraria, el PTS concluye en la apertura de un kiosco. No en el hall del Garrahan ni en el Parque Lezama, sino en Tortuguitas, a las puertas de Lustramax:
Llamamos al conjunto de la clase trabajadora de la zona norte, a organizaciones, dirigentes y espacios, a impulsar la más amplia unidad de acción para ganar las calles contra la reforma laboral, uniendo y coordinando los esfuerzos con quienes compartan estos objetivos; así como también a que puedan replicarse estas convocatorias en el resto del país.
Convocamos a reunirnos esté sábado 31/1 desde las 16 horas en las puertas de Lustramax, (Estados Unidos 4546, Tortuguitas) para rodear de solidaridad a esta lucha testigo y resolver un plan de acción frente al pronto tratamiento de la reforma laboral en el Senado.
Dejemos de lado la impostura de agitar como actividad unitaria lo que es, en los hechos, una actividad particular de un sector de la interna del FITU. Dejemos de lado, también, que el recurso a la “enumeración de conflictos” no disimula ni un poco el hecho de que existen convocatorias opuestas que dicen ser unitarias[4]. Vayamos a un último elemento en común de estos llamamientos trotskistas.
De párrafo en párrafo pasan, de la propaganda que explica la situación, a la arenga que intenta convencer de que se puede, aunque no existan muchas señales de eso, para terminar en la admonición moral que nos recuerda lo que debemos hacer[5]. Todo esto en un esquema que, abarrotado de transicionalidad, supone que se pasa de un conflicto de empresa o el pronunciamiento de un sindicato a la huelga general activa y el plan de lucha sostenido, de manera “natural”, sin que eso requiera un salto en la lucha de la clase obrera por desplazar a la burocracia de esas mismas cúpulas mencionadas[6].
Pensar lo nuevo, empezar de nuevo
Nuestra presunción es que la clase obrera no es estúpida. Puede no conocer la manera exacta en que esta reforma la perjudica. Pero sabe que no le va a entregar nada favorable.
Está muy bien detallar de qué manera la reforma confirmará esa sospecha. También es necesario reconocer y utilizar lo que el resto de nuestra clase conoce, aprendió y entiende cada vez mejor: que el peronismo ha garantizado, y lo sigue haciendo, el declive del nivel de vida de los trabajadores; que el trotskismo no lo combate por burgués sino por “tibio” y poco luchador (renovando, así, la confianza en el partido del orden burgués); y que el trotskismo no les propone otra cosa a los demás trabajadores que participar de su interna.
Milei y la burguesía, agradecidos.
Foto principal: Marcela B.
[1] Alejandro nos brindó hace poco una charla sobre las corrientes sindicales en Argentina, que puede escucharse aquí.
[2] Desarrollamos esa idea en varias notas. Por ejemplo, en “Éxito y fracaso de los votantes libertarios” y “En sentido contrario a la burguesía…”.
[3] Véase, por ejemplo: “Divergencia gremial con unidad política: la fórmula trotskista de la impotencia estratégica”. También “Proscripciones para todes: el FITU, el PSTU, el PTS y la melancólica parodia de un gag de los Monty Python”.
[4] Sobre el recurso inútil de la enumeración reiterada de conflictos, recordemos “¡Decí algo de izquierda! Sobre el debate en TN entre un trotskista y un libertario”.
[5] Para una crítica de esta actitud, “Guardianes del entusiasmo, cultores de la plegaria”.
[6] Hemos escrito bastante sobre la crítica al programa transicional del trotskismo. Rolando Astarita nos dio una charla al respecto, que puede escucharse aquí. Algunas de nuestras notas al respecto: a) “Rey Lear: el drama del trotskismo y la esperada herencia peronista”; b) “Régimen y programa en la política trotskista”; c) “CFK condenada: Sus tropas menguantes soñando con un 17 de octubre y el trotskismo con participar en él”; d) “Zurda, de Myriam Bregman: la estrategia del ocaso”.




