Cada 1° de Mayo es uno más. Cada 1° de Mayo es único. Cada 1° de Mayo nos depara la tarea de siempre. Cada 1° de Mayo nos empuja a una expresión singular de esa tarea.
Este 1° de Mayo no será diferente. Aunque también será diferente.
Nos espera una tarea fácil y difícil. Algunas novedades de los últimos días resumen tanto la facilidad y como la dificultad. Luego recordaremos ciertos aspectos de la historia del 1° de Mayo, los que más contrastan con nuestro presente. Porque hoy, nuestro día de hoy, nos encuentra en medio de una situación muy distinta a la de esa historia.
No hablamos el mismo idioma
Lo que ha sucedido en estos días es lejano a toda la tradición socialista empeñada en el 1° de Mayo. Una encuesta, ¡una encuesta!, no un ciclo de luchas, no una sucesión de marchas, no una seguidilla de triunfos políticos, no la ocupación efectiva de espacios institucionales por representantes de los trabajadores, no. Nada de eso: una encuesta de imagen de una figura pública desató en la izquierda y el progresismo un debate sobre el poder, sobre las intenciones de acceder al poder, sobre el programa para hacerlo próximamente, sobre la unidad de la izquierda alrededor de lo que dictaría esa encuesta.
El entusiasmo puesto en este debate se originó en la suposición y el convencimiento de que la clase obrera es una masa (bastante) homogénea y (muy) equivocada. Una masa que necesitaría una figura detrás de la cual encolumnarse.
Esa perspectiva es exactamente lo opuesto a la construcción socialista. Porque si la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, entonces la figura emblemática será, en caso de ser necesaria, la frutilla del postre, el decorado final e, incluso, el resultado anecdótico.
Los datos de «nuestra» encuesta
Para peor, esa encuesta no puede esconder ciertos datos que la rodean y la tiñen. Mejor dicho: que la caracterizan con nitidez. Datos o, mejor dicho, problemas que el lustre de las consultoras, la paleta de los diagramas de barras y el teatro de los operadores periodísticos no dejan ver ni permiten pensar. Enumeramos sin un orden jerárquico:
Primero, la franela de Myriam Bregman (la figura ponderada por la encuesta) con Cristina Fernández. Franela cuya mayor expresión ha sido ir a tomar mate con ella cuando fue condenada por robar (como deberían serlo Manuel Adorni y muchos otros). Una visita que es lícito considerar como una de las razones fundamentales de la mejora en las encuestas y en la consideración que tienen de Myriam… los peronistas.
Segundo, el continuo y mutuo ataque que se prodigan todos los grupos de izquierda en el plano sindical. Mencionamos anteriormente esa capacidad de matarse con acusaciones, insultos y algunos trompis en todo espacio gremial, y luego proponerles a los trabajadores que los apoyen en su coyuntural unidad electoral. A esta fórmula trotskista de la impotencia estratégica le llamamos Divergencia gremial con unidad política. Esto no ha cesado. Y el conocimiento de la encuesta lo ha profundizado. Ahora son esperables ataques peores en la interna pre-electoral, la de los cargos legislativos: ¿permitirá el PTS que los votos que pudiera arrastrar Bregman exhibiendo moderación extrema («no estamos para gobernar») e inmoderado peronismo (contra la «proscripción» de Cristina, porque hay choreos y «choreos», como hay represiones y «represiones») sea aprovechado por sus primos, también trotskistas (y algunos votantes de Sergio Massa, como IS), para sumar cargos en el Congreso y las legislaturas?
Tercero, el retroceso en las elecciones universitarias no es un dato menor. Construir «comunidades» ha sido la estrategia privilegiada del FITU, marchas por intereses amplios, tan amplios que oscurecen los de los trabajadores, sueldos reclamados junto a subsidios o presupuesto para los que pagan precisamente esos malos sueldos, reclamados bajo el auspicio de estos mismos patrones. Las comunidades incluyen rectores universitarios, productores cinematográficos, gestores culturales, es decir: administradores de fondos y recortadores de salarios, reclamando una tajada al Estado. Esta falta de perfilamiento independiente de la clase explotadora se expresa en que –a la hora de votar– los estudiantes, anticipando hacia adónde se dirige esta perspectiva en las elecciones nacionales, vota la versión burguesa (radicales y peronistas) de esa comunidad. Los radicales y peronistas son la conducción de la comunidad artística, universitaria y de todas las comunidades. Porque la comunidad es otro nombre para el campo popular.
Cuarto, la fractura que impide siquiera un acto unitario en este 1 ° de mayo. Es significativo que en el mismo año se haya unificado la marcha del 24 de marzo, acogiendo el matrimonio con el peronismo, y se haya dividido la marcha del 1° de Mayo, imprimiéndole un carácter puramente electoral dentro de la interna del FITU y alejando toda posibilidad de agrupar ampliamente el malestar de los trabajadores.
Quinto, la derrota y el triunfo en la CICOP. La encuesta coincide con un resultado interesante y contradictorio de las elecciones en los hospitales de la provincia de Buenos Aires. Ratificando la afirmación que dice que entre la fotocopia y el original hay que elegir el original, en el voto para la comisión directiva provincial y luego de 20 años, la lista pluricolor perdió la minoría al no llegar al 30%; pero en el plano estrictamente gremial donde se desdibujan bastante las adscripciones generales y se vota a personas de carne y hueso por la acción que despliegan en la defensa de los intereses inmediatos, se ganaron más hospitales que en las elecciones anteriores. Esto ratifica nuestra idea de que la acción gremial requiere amplitud. Requiere el aprovechamiento del respeto que muchos militantes de izquierda tienen entre los compañeros. Requiere también del respeto que muchos militantes de izquierda deben tener hacia otros compañeros, igualmente honestos y luchadores aunque no socialistas. En cambio, el plano político es el de la propaganda socialista, si no se diferencia plenamente de la política patronal (y en la provincia de Buenos Aires es donde más duele la simpatía del FITU por el peronismo) lleva a un retroceso como el que se ha consumado.
Finalmente, la algarabía de la izquierda se sostiene en otra negación. Superando a Bregman en intención de voto hay dos candidatos burgueses, que son los que muy probablemente llegarán al ballotage de acuerdo con esos mismos datos (si es que eliminan las PASO, en caso contrario habrá un filtro más para acomodar los melones burgueses en el carro del balotaje). Y la campaña de Bregman enfocada en Milei como prioridad (no en la propaganda socialista) es, objetivamente, la campaña de una colectora del peronismo por izquierda, que junto a la movida de Olmos y Tolosa Paz por el lado del «peronismo racional» aportaría otra franja de votantes al centro peronista de Axel Kicillof (u otro).
Párrafo aparte merece la superficialidad de los análisis. Una mínima encuesta transforma el fascismo, el gabinete cívico-militar, el consenso liberal en un amplio consenso izquierdista latente. Tan amplio y tan respetado, que permitiría la llegada al gobierno de una alternativa trotskista. La izquierda parece remedar a Arquímedes: ¡Dadme una encuesta de apoyo y moveré el mundo de mis análisis!
Así llegamos a este 1° de mayo, con una izquierda ciclotímica, con exacerbadas ínfulas tras meses de depresión, del gobierno fascista al socialismo inminente, por una encuesta. Teorizando perspectivas imaginarias, oníricas.
Bajemos a la tierra de los trabajadores en nuestro día. Recordemos de dónde viene esto del 1° de Mayo.
Un poco de la historia del 1° de Mayo
¿Por qué conmemorábamos los 1° de Mayo? ¿Por qué se celebraba el día internacional de lucha de la clase trabajadora? ¿Qué alegorizaban los Mártires de Chicago con su muerte?
Cambiemos la pregunta.
Indaguemos los comienzos.
¿Por qué aquellos iniciales 1° de Mayo se organizaron alrededor de las 8 horas y no, por ejemplo, de la conquista del voto?
Porque la consigna de las 8 horas apuntaba directamente a recortar el grado de explotación que la burguesía ejecuta sobre los trabajadores. Señalaba el núcleo indiscutido del sistema capitalista: el plusvalor. Y expresaba a la vez el programa mínimo y el máximo, la lucha por una conquista inmediata y la necesidad de «agruparnos en la lucha final». Atenuar la explotación y acabar con la explotación (o incrementar el salario y abolir el salario) son objetivos inmediatos y mediatos, cercanos y lejanos, directos y diferidos, contradictorios y conectados por el tiempo (la permanencia, el compromiso, la organización, el programa, la estrategia).
Recordemos o, mejor, conozcamos algo de esta historia. El historiador socialista Maurice Dommanget (especialista en Babeuf, Blanqui y Jean Jaures), publicó en 1953 una magnífica Historia del 1° de Mayo. Allí nos cuenta sus motivaciones…
Me propuse escribir como si se tratara de una vida, la biografía de esta «persona» que es el 1° de Mayo. Y ya que está íntimamente ligada a los «3 ochos», a la huelga general, al internacionalismo proletario y a la fiesta del Trabajo, no convenía extraviarse, teniendo cada una de estas nociones su historia particular, que precede a veces muy de lejos, a la historia del 1° de Mayo propiamente dicho.
Subraya las demandas que estuvieron en el origen de la manifestación y la importancia del tiempo en la constitución de la consciencia de clase, la «prehistoria del 1° de Mayo»…
La limitación del tiempo de trabajo, más concretamente la jornada de 8 horas y el principio de los «3 ochos» –8 horas de trabajo, 8 de descanso, 8 de sueño– están en el origen de la manifestación del 1° de Mayo, primero bajo su forma nacional, luego en su forma internacional. Buscar las fuentes lejanas y primitivas, hacer en cierto modo las génesis o, si se quiere, la prehistoria del 1° de Mayo, es pues recoger el nacimiento y seguir el lento camino de realización de la reivindicación de las 8 horas por la clase obrera.
Una prehistoria que, como no podía ser de otro modo, se remonta a Inglaterra y se extiende junto con el modo de producción capitalista…
La Internacional dio un gran paso en su Congreso en Ginebra (del 3 al 8 de septiembre de 1866) reanudando la tradición inglesa de las 8 horas como objetivo inmediato. Era la primera vez que el principio de la jornada de 8 horas se planteaba en un congreso obrero internacional.
Una extensión inseparable de las luchas y huelgas…
Hemos visto que en Inglaterra el movimiento por las 8 horas está ligado a la huelga general, pero no a la fecha del 1° de Mayo. En los Estados Unidos, país de emigración inglesa, lo encontraremos ligado a huelgas generalizadas y esta vez a la fecha del 1° de Mayo. Así se efectuará una progresión nueva y muy seria en la génesis de la gran manifestación internacional del proletariado.
Luchas y huelgas que comienzan a obtener la preciada conquista…
La Ley Federal que instituye las 8 horas (1868). Los esfuerzos obreros terminaron por la institución de la jornada de 8 horas en todos los establecimientos del gobierno de la República americana y para todos los trabajos directamente ejecutados o licitados por el Estado.
Así, la jornada de 8 horas llegaba a ser legal en los Estados Unidos para los trabajos públicos, como era ya legal en Australia para los trabajos privados. Pero, en lo que respecta a estos últimos, la jornada de trabajo en general seguía siendo efectivamente, en los Estados Unidos, de 11 y 12 horas.
Las 8 horas no sólo unían a los obreros. Esta unidad era a su vez un límite: los patrones no estaban incluidos. De manera que la unidad de los trabajadores implicaba el rechazo de la burguesía y la desconfianza generalizada hacia la clase explotadora y sus representantes…
[Frank] Foster traduce tal estado de espíritu en el congreso cuando observa que es inútil contar con la legislación para obtener la jornada de 8 horas y las reivindicaciones formuladas: «Una demanda concertada y sostenida por una organización completa produciría más efecto que el voto de millares de leyes cuya vigencia dependerá siempre del humor de los políticos… El espíritu de organización está en el aire, pero el bajo importe de las cuotas pagadas, el parti-pris [prejuicio] y la falta de espíritu práctico representan grandes obstáculos.»
Se creería oír a Adhémar Schwitzguebel [anarquista y sindicalista suizo] sosteniendo en la Federación del Jura, en 1875, que la limitación de las horas de trabajo debe obtenerse por iniciativa directa de los obreros y no por una «ley federal que no adelanta en nada la cuestión» porque queda «en estado de letra muerta». Esta opinión se explica mejor cuando se sabe que los únicos resultados realmente serios en el plano de las 8 horas se habían logrado en Estados Unidos, fuera de toda legislación.
La idea prevalente era clara: ampliar, unir, luchar, construir.
En el curso de su intervención en el congreso de Chicago, Foster había sugerido que todos los sindicatos manifestaran su voluntad unánime, apoyados por la organización entera, haciendo una huelga general por la jornada de 8 o 9 horas. Gabriel Edmonston, que compartía estos puntos de vista, sometió entonces al congreso una resolución por la cual, a partir de 1° de Mayo de 1886 la jornada normal de trabajo se fijaría en 8 horas por todas las organizaciones obreras, que se prepararían a este efecto.
Tal resolución se votó. Desdichadamente, no se tiene el texto exacto. Si se comprende bien su exposición, Edmonston no quería ni sorprender a nadie ni precipitar las cosas. Pedía que la resolución fuera sometida al Comité ejecutivo permanente y que los delegados pudieran discutirla a fin de que fuera presentada al próximo congreso para su adopción definitiva.
No debe llamar la atención que, siendo intransigentes, fueran también realistas: la primera virtud sólo puede desplegarse en posesión de la segunda.
Falta dilucidar un punto. ¿Por qué ha sido elegida, con preferencia a cualquier otra, la fecha del 1° de Mayo para generalizar un sistema de condiciones de trabajo que era aún excepcional? […]
Por esta dilación y por el término mismo de esta dilación –partiendo de los compromisos del 1º de Mayo, con modificaciones en los precios convenidos hasta esa fecha, llegado el caso– se evitaba toda sorpresa a los capitalistas. Así no podían éstos argumentar, contra la modificación reclamada por los trabajadores, que ellos habían firmado contrato sobre la base de sus antiguas condiciones de trabajo, puesto que tenían la posibilidad de organizar sus planes de acuerdo con las nuevas condiciones para los contratos a cumplir.
Políticamente decididos, pero ideológicamente amplios y resueltos a luchar, porque todo estaba por hacerse.
La tendencia de una buena parte le valió al congreso el epíteto de «marxista». Había allí, como también en la calle de Lancry, conforme lo ha hecho notar Víctor Adler, «hombres que salían de prisión y otros que eran esperados allí»; algunos habían sido condenados a muerte y muchos proscriptos. Son los elementos «indispensables» que hablan en nombre de la clase obrera mundial, y esta simple anotación indica con fuerza dónde estaba entonces el movimiento socialista con relación a los gobiernos capitalistas.
El congreso decide sumarse a lo ya dispuesto por la American Federation of Labor (AFL), porque así se construye cuando lo importante es el objetivo para la clase en general y no los fines particulares de cada aparato:
En el curso de esta sesión fue votada por unanimidad, «en medio de un murmullo», una decisión «llamada a conocer la fortuna más prodigiosa». […] He aquí el texto de esta resolución capital:
«Se organizará una gran manifestación internacional con fecha fija de manera que, en todos los países y ciudades a la vez, intimen a los poderes el mismo día convenido a reducir legalmente a 8 horas la jornada de trabajo […] Visto que una manifestación semejante ya ha sido decidida por la American Federation of Labor para el 1° de Mayo de 1890, en su congreso de diciembre de 1888 en Saint Louis, se adopta esta fecha para la manifestación internacional. Los trabajadores de las distintas naciones llevarán a cabo esta manifestación en las condiciones impuestas por la especial situación de su país».
Esta historia es instructiva. Nos revela que, para constituir a los trabajadores como movimiento, el punto de partida fue algo que unía a los trabajadores de todo el mundo, aun con sus diferencias nacionales. Algo que, al crear esa unidad, los separaba de los burgueses de todas las naciones. Sobre todo, de los burgueses de la propia nación.
Muy interesante es, además, que las 8 horas constituyeran el tipo de demanda que, pudiendo agrupar a una mayoría inmensa, expulsa indefectiblemente a una minoría indeseable: la de los patrones.
Al sujeto hay que hacerlo, no brota espontáneamente
El 1° de mayo es una acción para agrupar a una clase obrera que es necesario constituir. Ya había muchos obreros, sí. Pero no un movimiento obrero independiente de la burguesía. La lucha económica no alcanza para lograrlo. Y es una condición imprescindible.
La constitución de un movimiento obrero se realiza en el fragor de la lucha, no de manera exterior a ella. Las luchas económicas y la constitución de un potente movimiento socialista no son dos elementos ajenos, azarosamente coincidentes, sino todo lo contrario. No hay crecimiento socialista sin fuertes combates obreros. Así lo intuían los que propusieron las acciones del 1° de Mayo. Así lo vemos hoy. Sobre todo hoy.
Emular estos rasgos no hubiera sido muy difícil. Fundamentalmente, teniendo en cuenta la situación actual del movimiento socialista. Si lo importante fuera la unidad para constituir un movimiento que hoy no está presente en la arena política, entonces el recurso a la historia nos hubiera permitido imaginar un camino factible: una gran convocatoria que alejara a los burgueses por lo inmediato (aumento de trabajo y salario) y por lo estratégico (un acto obrero y socialista).
Incluso, remedando la experiencia de los 20 años de rechazo a la injerencia burguesa en la lucha por los DDHH, podría haberse concretado una gran marcha, en lugar de un acto con oradores.
Eso hubiera sido posible. Pero se prefirió debatir la respuesta a una encuesta.




