ANTIVACUNAS: REFORMISTAS INGENUOS (Pero todos los reformistas lo son)

Esta semana se conoció el caso de una mujer que recurrió a la justicia reclamando una indemnización por los graves efectos adversos en su salud que, en la demanda, le adjudica a la vacuna contra el COVID1. Muchos medios informaron el caso y desinformaron, a la vez, al asociar este evento con otro ocurrido hace pocas semanas: el retiro del mercado, en la Unión Europea, de la vacuna Vaxzevria: tal es el nombre de la vacuna contra el Covid que Astra Zeneca (AZ) desarrolló en 10 meses en los momentos más crueles de la pandemia. Según la información disponible no hay ninguna relación entre el retiro del mercado de esa vacuna, y aquella y otras demandas por efectos adversos, incluida una demanda colectiva de 51 personas en el Reino Unido2.

La publicidad de las demandas contribuye, al escandalizar, a la búsqueda de audiencias y al retroceso cultural. El retiro de la vacuna fue solicitado por la misma empresa. El motivo de la medida sería que el tipo de vacuna que produjo AZ tuvo ventajas y desventajas. Las ventajas eran su precio, la facilidad de almacenamiento y logística, y su eficacia. La desventaja fue que no pudo acompañar las mutaciones del virus por el tipo de vector elegido para crearla. Sus ventas declinaron y, con ventas menguadas, no es rentable correr el riesgo de posibles nuevas demandas.

Entonces podríamos preguntarnos: ¿es riesgoso aplicarse la vacuna? Los datos disponibles permiten, en principio, afirmar lo contrario. Es decir: aplicarse la vacuna ha sido menos riesgoso que no hacerlo.

A casi tres años desde el inicio de la vacunación contra el Covid-19 en la Argentina, el Ministerio de Salud publicó, por primera vez, un informe detallando los efectos adversos asociados a la inmunización y su correspondencia con los diferentes laboratorios.

El informe nacional identifica 33 enfermedades que fueron reportadas en un periodo de tiempo posterior a la administración de las dosis. Aunque este dato podría sugerir una posible vinculación entre la afección y la vacuna, el informe subraya que no existe evidencia definitiva de tal relación.

El primer dato revela que, de los 64.010 efectos adversos registrados, solo 3.149 fueron considerados graves, lo que equivale a una tasa de 2,7 por cada 100.000 dosis administradas. De acuerdo con el informe, la vacuna con la mayor diversidad de efectos adversos graves fue la AstraZeneca, que estuvo asociada a 19 de las 33 enfermedades identificadas. Le siguieron en orden la Sputnik V (15), Sinopharm (10), Pfizer (7) y Moderna (5).

Efectos secundarios de la vacuna AstraZeneca

El trastorno con la mayor incidencia entre todas las categorías fue el síndrome de trombosis, específicamente relacionado con la vacuna AstraZeneca, con una tasa de 0,05 por cada 100.000 aplicaciones. Aunque el síndrome de trombosis fue ampliamente descrito a nivel mundial para las vacunas AstraZeneca y Sputnik V, la tasa fue más baja en este último caso, registrando 0,09 por cada 100.000 aplicaciones.

Los otros dos efectos secundarios más frecuentes con la vacuna AstraZeneca fueron el síndrome de trombocitopenia autoinmunitaria y el síndrome de Guillain-Barré, ambos con una incidencia de 0,03 por cada 100.000 personas vacunadas.

Covid-19: cuáles son los efectos secundarios de la vacuna Pfizer

La vacuna Pfizer mostró una menor incidencia del síndrome de Guillain-Barré, con 0,01 por cada 100.000, mientras que, con la Sputnik V, la incidencia fue mayor con 0,053 para este síndrome y 0,029 para la trombocitopenia; esta última también se asoció con Sinopharm, marcando 0,01.

La trombocitopenia inmunitaria provoca moretones y sangrado debido a bajos niveles de plaquetas. En cuanto al síndrome de Guillain-Barré, este ocurre cuando el sistema inmunitario daña las neuronas, resultando en debilidad muscular y, a veces, parálisis.

¿Cuáles son los efectos secundarios de las vacunas Moderna y Sputnik?

La vacuna Moderna presentó efectos secundarios de baja relevancia, excepto en el caso de la miocarditis, con una tasa de 0,018 por cada 100.000 personas vacunadas. Pfizer mostró una proporción similar de 0,015 para la miocarditis.

Entre los vacunados con la Sputnik, también se registró el síndrome de mielopatía transversa, con una incidencia de 0,014 por cada 100.000 personas. Este síndrome se caracteriza por la inflamación de la médula espinal, interrumpiendo las señales entre los nervios y el resto del cuerpo.

Efectos secundarios de la vacuna contra Covid-19: desde cuándo y a quiénes afectó

Según el informe del Boletín Epidemiológico Nacional publicado el domingo, la mitad de los efectos secundarios registrados ocurrieron en los tres primeros meses de la campaña de vacunación. Además, el 68,8% de los eventos se atribuyen al género femenino, y la franja de edad más afectada fue entre 40 y 49 años.3

Para graficarlo: en la vacuna AZ, la cantidad de personas con el síndrome de Guillain-Barré (el que padece la denunciante citada al comienzo) es de 0,03 cada 100 mil personas vacunadas. O sea, 1 persona por cada población completa de la ciudad de Buenos Aires. En la vacuna de Pfizer, el mismo síndrome tiene una incidencia de 0,01 cada 100 mil, es decir, más o menos 1 por cada población completa de los 24 partidos del conurbano bonaerense.

Página/12 describe cómo la confusión entre demandas individuales, la tasa real de los eventos adversos y la publicidad noticiosa se conjugan para producir un mismo efecto: erosionar la confianza de la población en las vacunas.

AstraZeneca realizó un pedido para retirar de comercialización su fórmula vacunal contra el coronavirus. Inicialmente no podrá emplearse en los países de la Unión Europea y luego, paulatinamente, ya no estará disponible en el resto del mundo. Ello constituye un precedente muy importante que podría erosionar la confianza de la población en las fórmulas vacunales, tecnologías que durante la pandemia salvaron millones de vidas. Días atrás, la compañía anglo-sueca había estado en el ojo de la tormenta al enfrentar una demanda colectiva realizada por ciudadanos británicos que habían afrontado efectos secundarios tras la aplicación.

Según informó The Telegraph, el 5 de mayo AstraZeneca retiró su autorización de comercialización de manera voluntaria y la gestión se volvió efectiva a partir del martes. La noticia que se comunica y que recorre el mundo es el desencadenante de un proceso legal que AstraZenca enfrenta en el presente.4

A pesar de que, como es coherente con la lógica del capital, la motivación está ligada al cálculo de rentabilidades:

AstraZeneca comenzó a retirar su vacuna contra la COVID-19 de los mercados mundiales debido a la escasa demanda, según comunicó el gigante farmacéutico. La decisión cierra el capítulo de una vacuna que se utilizó ampliamente en las primeras fases de las campañas de vacunación en muchas partes del mundo antes de ser sustituida por otras más adecuadas para hacer frente a un virus en evolución.

Según la empresa, la decisión no está relacionada con ninguna preocupación por los efectos secundarios de la vacuna.

Desde que la vacuna se aprobó en el Reino Unido en diciembre de 2020, se han suministrado más de 3000 millones de dosis en todo el mundo. Pero en los últimos años, la demanda se ha desplomado a medida que otros fabricantes han lanzado vacunas adaptadas a variantes más nuevas y los países han optado por usarlas. La vacuna de AstraZeneca, desarrollada con la Universidad de Oxford, ya no se fabrica ni se suministra.5

La ignorancia en primer lugar

Estas aclaraciones nos parecen necesarias porque pensamos que la humanidad necesita más investigación, más democrática, más comprometida con las necesidades de la población. No menos.

Pero los movimientos antivacunas, al igual que las enfermedades, tienen que contar con un contexto que permita y favorezca su expansión. En primer lugar, ese contexto es el de la existencia en el mundo real de problemas graves que surgen en el marco del desarrollo científico. O, mejor dicho, del desarrollo científico parcializado y vectorizado por la acumulación del capital.

Los problemas que derivan de esas características propias del capitalismo fueron expuestos en 1996 por los científicos yanquis Richard Levins y Richard Lewontin, en un artículo titulado «El retorno de las enfermedades viejas y la aparición de las enfermedades nuevas»:

la ciencia a menudo se equivoca porque estudiamos lo desconocido haciéndonos creer que se parece a lo que conocemos. Habitualmente es esto lo que vuelve posible a la ciencia, pero otras veces no lo es, lo que hace la ciencia incluso más necesaria y a la sorpresa inevitable. Los físicos, al concluir los años 30, se lamentaban del final de física. Ya se conocían todas las partículas fundamentales, el electrón, el neutrón y el protón ya habían sido medidos. ¿Qué más quedaba? Entonces llegaron los neutrinos, positrones, mesones, la antimateria, los quarks, strings. Y cada vez se dijo que se había llegado al fin.

[…] El problema estaba en que a pesar de que parecen ser razonamientos históricos no tenían ningún conocimiento de la contingencia histórica, o de la manera en que los cambios históricos alteran las condiciones, o del cambio futuro. En primer lugar, los profesionales de la salud pública contemplan un horizonte de tiempo muy corto. Si en lugar de haberse fijado en los último dos siglos se hubieran fijado en un período de tiempo más largo, hubiesen visto un cuadro diferente.

[…] La doctrina de la salud pública fue estrecha en miras en otro sentido, sólo vio a la gente. Pero si hubiesen consultado a los veterinarios y a los estudiosos de las patologías de las plantas, hubiesen podido ver las nuevas enfermedades en otros organismos.

[…] El tercer aspecto en que la doctrina de la salud pública fue estrecha de miras fue en su propia teoría, no prestando ninguna atención a la evolución o a la ecología de las interacciones entre especies.

[…] Un problema importante ha sido el fracaso en apreciar la evolución que sufren los organismos patógenos como consecuencia directa de lo que se hace para enfrentarlos. Los teóricos de la salud pública no consideraron suficientemente la reacción al tratamiento médico, aunque la resistencia al medicamento había sido un hecho conocido desde los años 40. Y los expertos en plagas y conocían diversos casos de resistencia a los pesticidas. Pero la fe en la «bala mágica» para controlar las enfermedades y el uso extendido de metáforas militares («armas en la guerra contra», «ataque», «defensa», «vamos al exterminio») dificultó reconocer que la naturaleza es muy activa y que nuestros tratamientos provocarían algunas respuestas.

Finalmente, la idea que el desarrollo llevaría a una mayor prosperidad mundial y a un incremento de los recursos para el mejoramiento de la salud, es un mito de la teoría clásica del desarrollo.

[…] Por lo tanto, en un primer nivel de explicación, el fracaso de la teoría de la salud pública se debe a ideas erróneas y a una visión cerrada, pero esto a su vez necesita una interpretación. Los médicos que únicamente habían investigado los últimos 150 años eran gente educada. Y muchos de ellos habían estudiado los clásicos, ellos sabían que la historia no empezaba en el siglo XIX y en Europa, pero esas épocas no les preocupaban. El rápido desarrollo del capitalismo exageró las características únicas de nuestro tiempo, inmortalizadas por Henry Ford con su frase «la historia es una tontería». Compartían el pragmatismo norteamericano y, aunque menos, también el europeo. Experimentaban impaciencia con las teorías de la evolución y la ecología. Por tanto, no podían ver lo que tienen en común las plantas y las personas como especies entre otras especies.

[…] Un nivel más de explicación ayuda a entender las barreras intelectuales que llevan la sorpresa epidemiológica. La visión reducida y el pragmatismo son características de la corriente científica dominante bajo el capitalismo, donde el individualismo del «hombre económico» se constituye en un modelo para la autonomía y el aislamiento de cualquier fenómeno. Y donde el conocimiento industrial convierte las ideas científicas en bienes comerciales. Precisamente las balas mágicas que la industria farmacéutica le vende la gente. La historia del capitalismo ensalza estas ideas reforzadas por la estructura organizativa y económica de la industria del conocimiento, que crea las pautas de sabiduría e ignorancia que caracterizan a cada área y que hacen que sean inevitables las sorpresas en ellas.

Las contradicciones prevaleciendo

O sea que la cuestión no es tomar partido o no por una solución, sino integrar en el pensamiento la complejidad, el movimiento y la jerarquía de los problemas y las soluciones. Eso es la ciencia. Y la tecnología es la plasmación de esa elaboración en cosas concretas.

Las mismas vacunas revisten aristas a contemplar. Algunas han sido muy bien presentadas por Juan Gervás en el artículo «Obligatoriedad de la vacunación: el discurso científico», del que reproducimos un fragmento crucial:

Todas las vacunas buscan producir inmunidad personal, en el sentido de facilitar una respuesta que evite los daños que provocan los microbios, bien por sí mismo bien por sus toxinas. Por ejemplo, las vacunas del tétanos y de la difteria producen protección personal contra la toxina que generan los microbios respectivos. Es decir, no evitan la infección, sino que evitan las consecuencias de la infección en cada persona pues evitan el daño por las toxinas. Con mecanismos variados, también es vacunación personal la de la gripe, la rabia y la fiebre amarilla. Todas estas vacunas no producen inmunidad de grupo, sólo personal.

Hay vacunas que buscan producir inmunidad personal y grupal. Es decir, facilitan una respuesta inmunitaria personal que evita los daños de los microbios y además evitan la difusión de estos. Es el caso de la vacuna del sarampión, que produce inmunidad de grupo/rebaño. Decimos que las vacunas que crean inmunidad de grupo tienen una «externalidad positiva», en el sentido de producir un bien a quienes no se vacunan.

Existen vacunas como las de la tosferina y la neumonía que «permiten» que los individuos vacunados se conviertan en portadores de microbios más agresivos que pueden infectar y matar a los no vacunados. Es decir, son vacunas que tienen una «externalidad negativa» en el sentido de producir un daño a quienes no se vacunan. Por ejemplo, el niño de Olot (España) muerto por difteria en 2015 no se había vacunado contra la misma y la enfermedad se la contagió algún compañero protegido por haberse vacunado (adicionalmente, la muerte se debió a la carencia en España en aquel momento de suero antidifteria).

También tiene externalidad negativa la vacuna de la varicela, que puesta en la infancia traslada el problema, y más grave, a jóvenes, adultos y viejos; además, la inmunidad que provoca no es de por vida, como la infección natural, y son posibles los brotes epidémicos en vacunados. Respecto a la vacuna de la gripe, los pacientes con gripe vacunados producen seis veces más virus gripales en aerosol cuando respiran y tosen que los pacientes con gripe no vacunados, lo que convierte en «agentes contaminantes» a los pacientes vacunados que tienen gripe.

Y, un poco más adelante, observa:

La inmunidad personal se refuerza cuando no se vacuna a la población por el contacto persistente con el germen por medio de los pacientes afectados pero la vacuna elimina dicha circulación de gérmenes haciendo que la inmunidad sea sólo «vacuna-dependiente», con sus ventajas e inconvenientes.

Es muy débil el fundamento de la «protección de rebaño» para justificar la vacunación obligatoria, y menos en un país como España en que, con un programa gratuito y voluntario, las tasas de vacunación superan el 95%. Las razones de salud pública que llevan a la vacunación coercitiva deberían ser más fuertes, y ante riesgos más claros y graves.

Las vacunas son medicamentos y como tales tienen efectos adversos

Las vacunas son medicamentos que buscan modificar el sistema inmunológico de forma que responda rápida y eficazmente contra las infecciones. La vacunación ha sido y es una actividad sanitaria con beneficios inconmensurables. No existe en salud pública ninguna medida tan eficaz, barata y segura como las vacunaciones sistemáticas, ni actividad cuya relación beneficio/coste y beneficio/riesgo se incline tan favorablemente al numerador.

Las vacunas deberían verse y analizarse según sus propias características, una a una, pues las hay muy diferentes: con gérmenes atenuados como la vacuna de la varicela, con gérmenes muertos (rabia), con fragmentos de gérmenes (meningitis), contra la toxina (tétanos) y con muy diferentes componentes y adyuvantes.

Contra el reformismo ramplón

No hay ninguna seriedad en afirmar que todas las vacunas, siempre, deben ser defendidas. Sí, en cambio, la hay en afirmar que el recurso a las vacunas ha sido un avance inmenso para la humanidad.

Al tomar los problemas parciales, puntuales, como lo determinante, se arroja el niño con el agua sucia. De manera que los movimientos antivacunas, al tomar la parte por el todo, encuentran una base real (sesgada y caprichosa, pero real) para prosperar. Y mucho más prosperan en un mundo en el que lo individual, lo minoritario y lo fragmentario se encuentran en la cúspide de su prestigio, mientras que lo mayoritario está hoy en el piso de su popularidad. No hay nada más mayoritario que la aspiración a la universalidad de la ciencia. No hay nada menos fragmentario que su aspiración a la coherencia y la unicidad. Esto es lo que nos empuja a abocarnos a la tarea de enfrentar con argumentos las respuestas parciales.

En el campo de la salud hay demasiados problemas que atender. Pero hay uno que debe anteceder a todos los demás: enfrentar la falsa solución de la inmediatez y la parcialidad.

Hay problemas producidos por errores médicos6, por desperdicios de información7, pérdidas o búsquedas irrelevantes, por variaciones insignificantes en las producciones farmacéuticas8 que encarecen los precios y no mejoran los resultados, y por muchos otros aspectos deficientes. Pero hay que tener un delirio cientificista infatuado para pensar que la ciencia se autorregula.

La ciencia y la tecnología son herramientas que hay que defender para poder exponer la causa de los problemas, el sistema social que las sesga hacia la ganancia y aleja del bienestar humano. Si la ciencia y la salud se mercantilizan es porque hay relaciones sociales que tienden necesariamente a eso. No porque esta porción de la realidad social elija hacerlo (como si pudiera elegir voluntariamente hacer otra cosa).

Los movimientos antivacunas son una expresión reformista más, sólo que caricaturesca. Canalizan el malestar hacia la ignorancia, mientras que otros (los reformistas «serios») lo hacen hacia evidencias parciales. Pero si hay muchos errores médicos9, por tomar un caso, eso no podrá mejorarse sustantivamente con protocolos y recursos administrativos, sin resolver la creciente pauperización, cansancio y decadencia de las profesiones sanitarias cuya causa no se encuentra en el terreno de la gestión administrativa sino en el de la propiedad privada de los medios de producción, la anarquía económica y la explotación capitalista.

Para tener en cuenta la complejidad de los factores involucrados en los problemas sanitarios no alcanza con tomar en cuenta los que funcionan en su interior, sino también esta poderosa determinación general: el capitalismo. Y hace falta también superar el reformismo, que enarbola la misma lógica que el movimiento antivacunas, trabajando por una respuesta sistémica y dinámica a problemas sistémicos y dinámicos: el socialismo.

NOTAS:

1 «Una cordobesa entabló la primera demanda contra AstraZeneca en Argentina por la vacuna contra la covid-19», publicado en Página/12 el 15 de mayo de 2024.

2 Daniela Blanco, «Las verdaderas razones por las que se dejó de comercializar la vacuna COVID de AstraZeneca en Europa», publicado en Infobae el 6 de mayo de 2024.

3«Alerta Covid-19: por primera vez comparten los efectos secundarios de la vacunación», publicada en Ámbito el 16 de enero de 2024.

4Pablo Esteban, «AstraZeneca retiró de la venta su vacuna contra coronavirus», publicado en Página/12 el 9 de mayo de 2024.

5 Rebecca Robbins, «AstraZeneca retira su vacuna contra la covid en todo el mundo por baja demanda, afirma la farmacéutica», publicada en The New York Times el 9 de mayo de 2024.

6 E. Roel, M. García-Díez, B. Borrás Bermejo, «Errores médicos, ¿la tercera causa de muerte en Estados Unidos?», publicado en Journal of Healthcare Quality Research en noviembre-diciembre de 2019.

7 Iain Chalmers y Paul Glasziou, «Desperdicio evitable en la producción y presentación de informes de evidencia de investigación», publicado en The Lancet el 4 de julio de 2009.

8 «La evaluación de Prescrire de los medicamentos nuevos en 2022: una breve reseña», publicado en el Boletín Fármacos: Prescripción, Farmacia y Utilización 2023.

9 Rachel Ann Elliot, Elizabeth Camacho, Dina Jankovic, Mark J. Sculpher, Rita Faria, «Análisis económico de la prevalencia y la carga clínica y económica del error de medicación en Inglaterra», publicado en BMJ Journals en febrero de 2021.

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