Uno de los más desconcertantes ataques a la universidad pública es la prosperidad de una agrupación tan lejana al discernimiento y la razón como el Nuevo MAS. Que la Universidad de Buenos Aires sea uno de los pocos espacios institucionales en los que perdure como referencia «marxista» un grupo de intelección tan rudimentaria, tan menesteroso en recursos simbólicos, tan desprovisto de consistencia y tan indiferente a los conceptos, es un índice revelador del estado actual de la educación superior en Argentina.
El NMAS es una agrupación que no ve en la palabra «capitalismo» el sustantivo que designa un sistema social regido por leyes y tendencias que lo caracterizan, sino un adjetivo aplicable a cualquier cosa que le desagrade a una persona. Así, toda actividad lúdica o placentera se vuelve, de inmediato, «anticapitalista».

En este reel de Instagram se enuncian cosas anticapitalistas.
Y es que para el NMAS el capitalismo no es un sistema que organiza la producción, la circulación y la apropiación de la riqueza de acuerdo con la propiedad privada, la competencia y la acumulación. No. Para el NMAS el capitalismo es «algo malo», una fuerza, una energía, una «vibra», que «nos quiere» separados, que «nos quiere» tristes, que «nos quiere» aislados y deprimidos.
Semejante concepción, según la cual el capitalismo sería una voluntad oscura y maligna guiada por el propósito de aniquilar todos los «valores» buenos, bellos y verdaderos, tanto les obstaculiza pensar y estudiar el sistema con seriedad a los militantes del NMAS, como aleja de las ideas socialistas a los trabajadores con inteligencia media y mirada pícara sobre el mundo. Es decir, a la abrumadora mayoría de los seres humanos.
Esta interpretación del sistema capitalista –que calificaríamos de «candorosa» o «pueril» si no se tratara de una organización política cuyo antecedente inmediato es el MAS de Nahuel Moreno, es decir, de una tradición organizativa y estratégica con medio siglo de existencia en Argentina–, no es exclusiva del NMAS. Es propia del trotskismo en general. Hemos visto cómo Myriam Bregman (principal dirigente del PTS, principal partido del FITU y otro desprendimiento del MAS) expone en su libro, Zurda, la misma perspectiva:
El capitalismo, en nuestra época, ha socavado –como nunca antes– los valores de lo colectivo, la cooperación, la solidaridad, para definirnos apenas como consumidores, librados a la propia suerte, el mercado. […]
Porque… solos, indefensos, en inferioridad de condiciones, es lógico que nos inunden las pasiones tristes de las que hablaba Spinoza. (p. 23)
Analizamos, capítulo por capítulo, el libro de Bregman en «La estrategia del ocaso». Ahora queremos ver otra cosa. Queremos ver cómo funciona esa objetividad que el trotskismo elude con incansable pertinacia: el mundo real.
Reunidos para la producción; separados de los medios y productos
Nunca en la historia de la humanidad se han llevado a cabo, con tanta frecuencia, actividades colectivas ni se ha logrado reunir a tamañas multitudes para un fin común (sea la destrucción o la felicidad) como en la historia del capitalismo.
La cara competitiva e individualista de la acumulación privada siempre ofrece una contracara integradora y social para la ampliación del mercado. Comparada con el archipiélago de espacios de intercambio, la Babel de lenguas y dialectos, el distanciamiento rural y las dificultades para el transporte, comparada con todo eso, la sociedad capitalista plasmó una tarea de reunión de seres humanos tan categórica como titánica. No corremos riesgo de ser originales. El Manifiesto comunista decía, en 1848:
La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad.1
Creer que el capitalismo «nos quiere» separados es una alucinación o una impostura. En el último siglo y medio en que el capitalismo abarcó todo el planeta, la población mundial pasó de mil millones de seres humanos a ocho veces esa cantidad. El Imperio Mongol, el mayor imperio terrestre de la historia, alcanzó en el siglo XIII una población menor que la actual de 15 países, menor que Filipinas o el Congo. El Imperio Español, en su plenitud, se extendía sobre unos 60 millones de habitantes: menos que la población actual de Tanzania. En todo el mundo, hoy, existen alrededor de 170 estadios deportivos con capacidad mayor a los 60 mil espectadores. Acompañando la expansión de las relaciones capitalistas, hay teatros que, si no compiten en capacidad con los grandes templos antiguos, los superan ampliamente en número de edificaciones. Desde el Neolítico, la mayoría de los seres humanos había vivido de la tierra, los animales domésticos y la pesca hasta mediados del siglo XX, en que la mayoría se convirtió en población urbana.
En suma: el capitalismo, por razones productivas y de escala, es un sistema que agrupa a las personas. No las separa. Separa otras cosas, como al productor de su producto y de los medios para producirlo, pero no necesariamente a los cuerpos humanos entre sí. Expusimos las implicancias políticas y estratégicas de comprender cómo se organiza el capitalismo en «El Rubicón de la mercancía».
La competencia no es lo contrario absoluto de la colaboración
Al expandir la variedad de actividades que la misma especialización productiva conlleva, el capitalismo multiplica de manera constante las actividades comunes. Otro invento burgués, el deporte, ofrece la posibilidad de actividades comunes en clubes o centros recreativos, en una gama de variantes muy amplia, todas de práctica colectiva. El deporte tal como lo conocemos, más que una creación olímpica griega, es una creación de la sociedad británica en su apogeo imperial2.
En 1650 ninguna de las mayores ciudades del mundo (Estambul, Potosí, Edo, Pekín, Londres, París…) llegaba al millón de habitantes. Hoy, 500 ciudades superan esa cifra y existen 35 megalópolis, en cada una de las cuales conviven más de 10 millones de almas.
Incluso a la hora de contar cadáveres el capitalismo ha sabido reunir seres humanos a una escala sin precedentes: las batallas más numerosas de la historia son las de la Segunda Guerra (Moscú, Berlin, Kursk, Stalingrado), seguidas por las de la Primera (Somme).
Ya sea para vivir (estados nacionales), para residir (ciudades), para divertirse (estadios), para extasiarse (teatros) o para matarse (batallas), el capitalismo ha juntado seres humanos en una proporción que ningún sistema anterior ha siquiera fantaseado. Esto es así porque la competencia no se opone absolutamente a la colaboración (basta ver cómo funciona el interior de una empresa) y porque ambos tipos de vínculo necesitan de la cercanía y la interacción.
Todo lo cual no significa que la totalidad de los sectores burgueses, de los negocios que hacen los capitalistas, promueva encuentros y actividades en espacios comunes. De hecho, las plataformas promueven lo contrario: el aislamiento domiciliario, el delivery, la menor interacción posible con otros seres humanos3.
Pero confundir los intereses de un sector de la burguesía con los intereses del sistema capitalista en su conjunto es la trampa ideológica perfecta: al confundir una parte con el todo, la mayoría de los sectores se sustrae del análisis y parece no tener correspondencia con los intereses generales del capital.
FARMEAR AURA
Dado que el capitalismo se la pasa juntando gente como nunca en la historia, nos parece ridículo afirmar que cada reunión de personas funda un acto de resistencia4. Al menos, no un acto de resistencia al capitalismo. Decimos esto porque en su nota titulada «“Farmear aura”: ¿Qué es y por qué molesta tanto a la extrema derecha?», el NMAS intenta describir esta nueva práctica subversiva:
Aura deviene de una energía que rodea a una persona u objeto; ya «farmear aura» responde a una evaluación simbólica sobre un contenido, frase, gesto o movimiento, que una persona realiza. Por ejemplo, «+1.000 o +10.000 de aura» cuando alguien realiza algo «cool» o impresionante sin esfuerzo aparente, por su parte, «-1.000 o -10.000 de aura» es el castigo simbólico a alguien que realiza algo torpe o vergonzoso.
La nota nos deja poco margen para el humor, ya que el NMAS parece estar describiendo una inusitada fuerza cosmopolita:
…la expresión superó la pantalla, se replicó y llegó a concretarse en «batallas de “farmear aura”», fenómeno que, en países de Latinoamérica como Brasil, Perú, Chile y en Argentina, reunió presencialmente a decenas y hasta centenares de adolescentes y jóvenes en espacios públicos como plazas y escuelas.
«Decenas y hasta centenares» de personas… Una agrupación política seria no le daría importancia a una actividad tan marginal en un país como Argentina, que tiene casi 50 millones de habitantes. Sin embargo, hay que admitir que se trata de una escala similar a la de otras actividades que el trotskismo recibe con previo fervor y misteriosa lealtad. ¿Desde qué superioridad estratégica se le puede exigir a una banda de púberes la conquista de una masividad que corrientes políticas sexagenarias no logran?
Por otro lado, la nota del NMAS ejemplifica cómo el programa trotskista se determina por los comentarios de «la ultraderecha», no por los problemas objetivos de los trabajadores. De ahí que defiendan a la burguesa y ladrona de Cristina Fernández: no porque algún derecho de la clase obrera haya sido vulnerado, sino porque la dirigente del partido de la Triple A es atacada por «la derecha». Lo vimos en «CFK Condenada: sus tropas menguantes soñando con un 17 de octubre y el trotskismo con participar en él». Admiremos la lógica del NMAS:
La viralización de algunos videos de batallas de farmear aura presenciales dio lugar a un debate público de alcance intergeneracional. […] Un impacto similar ocurrió en febrero de este año: la viralización de videos de entrevistas a «therians» en el Barrio Chino en CABA suscitó un debate público en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas, en los que figuras de la extrema derecha y sus seguidores reprodujeron estigmas y violencia digital sobre lxs adolescentes; además, trataron de instrumentalizar el fenómeno para atacar a las diversidades sexogenéricas.
No resulta una sorpresa que la extrema derecha ataque a encuentros públicos, gratuitos y colectivos entre adolescentes, ya que estas batallas de farmear aura van a contramano de los «valores» del ultracapitalismo que fomentan, como la apología del individualismo, la instauración de que la persona enemiga y culpable de la situación de explotación son las mujeres y diversidades LGTB, las personas migrantes, las personas en situación de calle, es decir, la persona que está al lado. De esta forma, tratan de «distraer» la atención de la verdadera causa del malestar: la explotación y opresión propia del sistema capitalista, y las condiciones de vida y de trabajo que impone a las grandes mayorías, entre las que se encuentran la precarización laboral y la ruptura de los lazos sociales, contra lo colectivo y lo social. Por este motivo, los referentes de la extrema derecha se posicionan contra todo fenómeno cultural que tenga como objetivo desarrollar espacios de socialización y fomente la ocupación del espacio público, pues son dinámicas que posibilitan lo colectivo como respuesta. Es la misma lógica que opera en el ataque de las extremas derechas a la universidad pública, pues ven en esta conquista un espacio de socialización y de intercambio cultural que, además de ser público y gratuito, posibilita construir sentido de pertenencia colectiva.
Está demostrado científicamente que el sentimiento de deseo de pertenencia, el proceso de individualización y la construcción de la identidad, son algunas características nodales de la adolescencia y de su desenvoltura en la sociedad. Entonces, los rituales y encuentros son esperables y parte del desarrollo humano, aunque sus expresiones varían con las particularidades propias de cada época y cultura.
No nos detendremos aquí en un fenómeno que tratamos minuciosamente bajo el título «La deriva queer del trotskismo». Tampoco en la metafísica que comparten el fenómeno therian y la ideología de género, que vimos al reseñar el nuevo libro del Chipi Castillo en «La incoherencia metódica». Digamos simplmente que si Trotsky supiera que su nombre es invocado para legitimar grupos capaces de describir un problema político en 360 palabras, sin mencionar a las clases antagónicas y su lucha, sin mencionar la acumulación del capital ni la competencia entre capitalistas… admitiría otro destino para el piolet. El planteo del NMAS no termina allí.
Todo esto adquiere todavía más relevancia frente al ultracapitalismo de la extrema derecha que pregona el individualismo, fomenta el «sálvese quien pueda», enuncia discursos de odio de clase, de género, de capacidades, etc. Además, estos encuentros se realizan para compartir y divertirse, corriendo del foco la lógica mercantilista y productiva propia del sistema capitalista. Saludamos los espacios de socialización y el ocupar el espacio público, pues entendemos que da lugar a posibilitar lo colectivo como respuesta.
La organización es fundamental para dar pelea contra las condiciones de vida y de trabajo que nos impone el capitalismo voraz del siglo XXI. El anticapitalismo crece en Argentina y en todo el mundo, cada vez somos más quienes entendemos que este sistema no se aguanta más y queremos transformar la sociedad.
Pero la realidad es muy diferente a la que ve el NMAS. Algunos datos que lo prueban están a disposición en Internet. Eso que el NMAS considera rebelde y anti sistema es, en el mundo real, la más prosaica cotidianeidad capitalista:
* El 80 % de los niños, niñas y adolescentes hace algún deporte o actividad física de manera regular por fuera de las clases de educación física escolar. Los y las de edad de escuela primaria (6 a 12 años) exhiben mayor tendencia a practicar que los y las de edad de escuela secundaria (13 a 17 años).
* La frecuencia de práctica semanal es sostenida entre quienes realizan deporte y actividad física: dos (30,7 %) y tres (35,4 %) veces por semana son las frecuencias más habituales, y además hay muchos y muchas más que practican cuatro o más veces semanales (24,7 %) que los y las que practican sólo una vez a la semana. […]
* Los clubes son el lugar más elegido como sitio principal para la práctica de deporte y actividad física entre las personas de 6 a 17 años en Argentina. El 48,9 % lo elige como primera opción, y si se suma a los que lo eligen como opción secundaria resulta que el 61 % de los niños, niñas y adolescentes concurre a los clubes. Además, el 45,7 % está actualmente asociado a un club deportivo.
* Los espacios públicos (plazas, parques, calles, playas, potreros, etc. El tercer sitio de preferencia son las instalaciones deportivas privadas (16,6 %). […]
* El 55,7 % paga para realizar deporte y actividad física, mientras que el 42 % lo hace de forma gratuita. El restante 2,3 % lo hace de ambas formas.
* La motivación principal que lleva a los chicos y chicas a hacer deporte y actividad física es el placer: tres de cada cuatro (74 %) practican «porque le gusta».5
El desprecio por la vida cotidiana
Reconocemos que en la elaboración del NMAS hay un triunfo de orden lógico: la conclusión es mucho peor que sus premisas. Dado que, según el NMAS, casi cualquier acción humana que no haya sido organizada de manera directa por la ultraderecha ultracapitalista ultraindividualista es «anticapitalista», consecuentemente los trotskistas de esta agrupación se permiten concluir que «el anticapitalismo crece en Argentina y todo el mundo». Esta es la razón de que el NMAS haya abandonado la palabra socialismo para sustituirla por la indeterminada nominación de anticapitalismo: para poder adjudicársela a casi todo.
Poco importa que, mientras una decena de adolescentes «farmea aura», millones de trabajadores en Latinoamérica voten, en números que superan el 90%, a una de las dos variantes burguesas en sucesivas elecciones. Poco importa que se pase del ajuste con retórica progresista al ajuste con retórica autoritaria. En este desprecio ya no por la ciencia, sino por la vida cotidiana circundante, el NMAS expresa, en virtud de su estrafalaria existencia, el reflejo más lamentable de la degradación educativa.
En su impostura adolescente y su despliegue irracional, el NMAS es uno de los incentivos más eficaces para el cambio de percepción social con respecto a la institución universitaria: de la reticencia generalizada al desprecio con fundamento.
NOTAS:
1 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista, digitalizado para el Marx-Engels Internet Archive por José F. Polanco en 1998. Retranscrito para el Marxists Internet Archive por Juan R. Fajardo en 1999.
2 Véase «¿Pensar como Norman Bates o como Sarah Connor? Presentación del libro Historia de los trabajadores del fútbol», desde donde se puede descargar el libro en PDF.
3 Los títulos de algunas de nuestras notas al respectos son elocuentes: «Redes sociales de la soledad: Salud mental, conectividad y aislamiento»; «Plataformas de la depresión: Instagram, Facebook, Tik Tok y salud mental en niñas y adolescentes».
4 Analizamos esta banalización de «la resistencia» en «Resistiendo con aguante (El ocaso de la inteligencia)».
5 «Encuesta sobre Deporte y Actividad Física en Niños, Niñas y Adolescentes», Observatorio Social del Deporte, Jefatura de Gabinete, 23 de mayo de 2023.




