El lunes 6 de octubre Myriam Bregman publicó en su cuenta de X esta promoción de un documental sobre la segunda desaparición de Julio López:
Anoche fui invitada a la presentación de “López, el hombre que desapareció dos veces” en @CineGaumont.
No es fácil para quienes estábamos esperando a Julio López y nunca llegó, pero esta película es un aliciente para seguir luchando. Las imágenes, los relatos, las escenas del juicio, todo merece ser recordado para continuar peleando.
Jorge Julio López estuvo desaparecido y sobrevivió a la dictadura. Cuando, luego de anuladas las leyes de impunidad, se reiniciaron los juicios de lesa humanidad, Julio se presentó como querellante y testigo en el primer juicio que se realizó. Fue en la ciudad de La Plata en el año 2006, contra el genocida Miguel Etchecolatz. Allí lo representamos con otras abogadas, nos podrán ver en la película alegando como así también acompañando a Julio y a las sobrevivientes en cada procedimiento, en cada inspección ocular.
El día de los alegatos, 18 de septiembre del 2006, estábamos esperando a López para alegar en su nombre y no llegó. Estaba desaparecido por segunda vez.
Continúa desaparecido por segunda vez. Fuimos a la presentación con mi compañera Alejandrina Barry, hija de desparecidos y compañera del @ceprodh. La sala se llenó y el público estalló en aplausos.
“Una historia de impunidad y resistencia que todavía nos atraviesa” dicen los realizadores y así es.
Vayan a verla, es parte de nuestra historia reciente. La lucha continúa con Julio siempre ¡Presente!
En 228 palabras, la principal dirigente del FITU describió una desaparición en democracia y, a juzgar por el texto, no gobernaba nadie. No hay responsables políticos. “Fue en la ciudad de La Plata”, capital de la provincia de Buenos Aires, pero no había gobernador. Fue en 2006, en Argentina, pero nadie gobernaba el país. “Una historia de impunidad” sin fuerzas políticas impunes. “La lucha continúa”… ¿la lucha de quiénes contra qué?
Se invocan personajes pueriles: “el genocida Miguel Etchecolatz” y “mi compañera Alejandrina Barry”, el torturador y asesino frente a la abogada de DDHH, encarnaciones del puro mal y el puro bien, un villano y una heroína de literatura infantil: un cuentito de terror en lugar de una denuncia política.

Myriam podía haber dicho que Néstor Kirchner llamó a Felipe Solá para prohibirle usar la palabra “desaparecido”. Que el por entonces Ministro del Interior Aníbal Fernández (quien ocupó el mismo cargo durante el gobierno de Alberto y Cristina) declaró: “Nosotros trabajamos todas las hipótesis que están flotando, desde que López esté en la casa de su tía hasta la peor de las circunstancias”[1].
Podía haber mencionado, Bregman, que Hebe de Bonafini aseguró, tras reunirse con Néstor Kirchner, que se trataba de “una maniobra muy bien organizada porque sabemos que los tipos todavía están organizados para destruir toda la política de derechos humanos que está haciendo el Gobierno”[2]. Incluso podía haber recordado, porque lo publicó su propia prensa trotskista, que once años después Hebe de Bonafini diferenció de esta manera a Julio López de Santiago Maldonado: “¿No sabían? López trabajaba de guardiacárcel. Igualmente no tiene que estar desaparecido pero no es lo mismo que un militante comprometido como este pibe”[3].
En virtud del parlamentarismo que la caracteriza, Myriam podía haber recordado que en 2007 la diputada Nora Ginzburg impulsó un proyecto en el Congreso Nacional para crear una comisión bicameral con el fin de investigar los secuestros de Luis Ángel Gerez y Jorge Julio López. Y a que la iniciativa fue vetada por el kirchnerismo: 106 votos contra 57.
Myriam Bregman podía haber denunciado que, de los 19 años que López lleva desaparecido, el peronismo gobernó 14 años el país y 15 años la provincia de Buenos Aires sin que se haya alcanzado alguna verdad sobre el caso. Entonces podía haber aprovechado la oportunidad para educar a los trabajadores en la idea de que también en democracia desaparecen trabajadores, porque se trata de una democracia burguesa (es decir, el régimen más conveniente para una dictadura de clase)[4], que la principal fuerza política responsable es el peronismo (por eso es el principal enemigo de la clase obrera) y que la última dictadura amplió y profundizó una represión que ya estaba en marcha:
Como es sabido, el avance más significativo de la violencia paraestatal surgió de la propia interna del peronismo. Incluso antes de Ezeiza ya actuaban “patotas” sindicales vinculadas a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y a otros grupos peronistas de extrema derecha como el Comando de Organización (C de O), la Concentración Nacional Universitaria (CNU), la Juventud Sindical Peronista (JSP) y la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA).
A ellos se sumaron los grupos parapoliciales que integraron la Triple A, ligada orgánicamente al poder político peronista; la antigua Alianza Libertadora Nacionalista, grupo peronista de extrema derecha fundado en la década del cuarenta, y otros de alcance local como el Comando Libertadores de América, vinculado al III Cuerpo del Ejército con asiento en Córdoba; el Comando Nacionalista del Norte en Tucumán bajo el control del Comando de la Brigada V de Infantería o el Comando Moralizador Pío XII y el Comando Anticomunista de Mendoza conectados con el jefe de la policía provincial.
Estos grupos comenzaron a actuar contra otros vinculados a la Tendencia del peronismo; pero también, de manera más amplia, contra funcionarios del gobierno, militantes sindicales y obreros, políticos y militantes de las diversas izquierdas, parlamentarios de la oposición, abogados de presos políticos, intelectuales, periodistas y otros sectores no necesariamente contestatarios ni ligados a las organizaciones armadas.[5]
Myriam Bregman, abogada militante por los DDHH, podía haber recordado que entre el 25 de mayo de 1973 y el 23 de marzo de 1976 hubo 1.500 militantes muertos y 1.000 desaparecidos. Que eso no fue obra de La Libertad Avanza. Que ni Milei ni Victoria Villarruel firmaron los decretos de ascenso de los líderes de la Triple A (Osinde, Almirón, Villar, Morales…): los firmó Perón. Que se acaban de cumplir 50 redondos años del Rodrigazo y el Plan Cóndor pero los militantes de la memoria con mayúsculas y sus comisiones de la solemnidad prefirieron el olvido[6].
Myriam Bregman, principal dirigente del Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad (FITU), principal dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS, escisión del viejo MAS que en los 70 se llamó PST), podía haber recordado a sus compañeros militantes asesinados por el peronismo:
«El 29 de mayo de 1974 un comando de la Triple A asesinó a Mario Zidda, Antonio Moses y Oscar Meza, tres militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST)» (Ideas de Izquierda).
«El 13 de diciembre de 1974, a plena luz y a la vista de numerosos testigos, un comando terrorista parapolicial secuestró a los compañeros Jorge Fischer y Miguel Angel Bufano, cerca de la fábrica Miluz, donde ambos trabajaban. Dos días después, aparecieron acribillados en un basural del sur del Gran Buenos Aires» (Prensa Obrera).
En la Masacre de La Plata (4 y 5 de septiembre de 1975), la Triple A asesinó a Adriana Zaldúa, Hugo Frigerio, Roberto Loscertales, Lidia Agostini y Ana María Guzner Lorenzo, Patricia Claverie, Oscar Lucatti y Carlos Povedano. (IzquierdaWeb).
Y, por supuesto, a Mariano Ferreyra, asesinado en 2010 por una patota sindical de la burocracia peronista. Suman 13 los militantes trotskistas que murieron a manos de la fuerza política en cuya sede los dirigentes del FITU fueron a «ponerse a disposición»[7].
Nada de esto dijo Myriam Bregman. Y las omisiones no se debieron a los límites y alcances de la red X, pues tampoco lo dijo en todas las páginas que le dedicó al caso Julio López en el libro que publicó este año[8].
¿Por qué Myriam Bregman no dijo nada de esto? Porque el trotskismo es un programa y una estrategia indistinguibles del peronismo.
NOTAS:
[1] Aníbal Fernández repitió a Kirchner: no hay que hablar de “desaparecido”, nota publicada en Perfil el 27 de septiembre de 2006.
[2] Lluvia de críticas para Hebe, nota publicada en Página/12 el 30 de septiembre de 2006.
[3] Desaparición Forzada. El hijo de Julio López desmintió a Hebe: “Siempre fue albañil, nunca policía”, nota publicada en La Izquierda Diario el 28 de agosto de 2017.
[4] Desarrollamos los conceptos de democracia burguesa y dictadura de clase en nuestro nuevo editorial: ANTE LA URGENCIA Y EL FRENESÍ: Pensar, reagruparnos, debatir.
[5] Marina Franco, Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976, Buenos Aires, FCE, 2021, pp. 59-60.
[6] Acabamos de publicar MEMORIA COMPLETA: Rodrigazo, Triple A y Plan Cóndor (50 años recordando al peronismo en el gobierno).
[7] Véase nuestra nota «CFK CONDENADA: Sus tropas menguantes soñando con un 17 de octubre y el trotskismo con participar en él».
[8] Reseñamos el libro bajo el título “La estrategia del ocaso”.





Certera la crítica! Muy bien! Gracias por la memoria! (Hay un pequeño error, los compañeros nombrados son de La masacre de La Plata no de Pacheco) Nuevamente Gracias! Abrazo!
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Abrazo, compañero.